Una mujer mora

Una mujer mora es la tercera parte de las tres naranjitas.

Llevaba un buen rato allí esperando la hermosa joven cuando llegó a la fuente una mujer mora, con un cántaro.

Al mirar al agua vio reflejado el rostro de la muchacha y creyó que era el suyo:

-¡Qué hermosa soy!

Al darse la vuelta vio a la muchacha y se dio cuenta de su propio engaño. Se puso tan rabiosa que se le envenenó el cerebro.

Con gran disimulo le dijo a la muchacha.

-Ven que te peine.

-Ya estoy peinada.

La mujer insistió y tanto porfió que la joven, por no oírla fue junto a ella.

La pérfida mujer, empezó a peinarla y cogiendo un alfiler de su bolso se lo clavó en la cabeza.

Al momento la muchacha se volvió paloma y echó a volar, pero se dejó el niño.

La mora cogió al niño y se sentó a esperar al hijo del rey.

Volvió por fin Abelardo y se extrañó de ver a aquella mujer tan fea.

-¿Cómo te has vuelto fea y arrugada? No he tardado tanto.

-Habrá sido el sol y el aire del lugar. Ya se me quitará y volveré a ser como antes.

El muchacho se la llevó a palacio. No estaba muy convencido y no le gustaba aquella mujer.

El tiempo de la boda se fue alargando con mil excusas que el príncipe se inventaba. La mujer, como vivía a cuerpo de rey, no se preocupaba.

Catón, el trovador, vivía feliz y contento con su trabajo. Le extrañó mucho que el príncipe volviera con aquella mujer, que no solo era fea, sino de mal carácter.

Un día que paseaba por el jardín, revoloteó por allí una paloma y el trovador se quedó de una pieza cuando le habló:

-¡Trovador! ¿Cómo le va al niño con la dueña mora?

Y Catón le siguió la rima:

-Unas veces canta, otras veces llora.

La paloma levantó el vuelo diciendo:

-¡Y su triste madre por los campos sola!

El trovador se quedó muy sorprendido y como no encontraba explicación, no dijo nada.

Pero como esto se repitió varias veces, al final no aguantó más y se lo dijo al príncipe.

Entonces Abelardo le dijo que la próxima vez, atrapara la paloma con un lazo.

Así lo hizo y llevó la paloma al príncipe.

El hijo del rey la tomó en sus manos y vio que tenía una mirada muy triste y le acariciaba la cabeza.

Llego la mora y al ver la paloma le dijo:

-Déjala volar, deja que se vaya.

Pero el príncipe le contestó:

-No, no, pobre paloma.

Le seguía acariciando la cabeza y la paloma temblaba de dolor.

Al pasar sus dedos muy suavemente por la cabecita de la paloma notó algo duro.

Entonces se dio cuenta que era una cabeza de alfiler. Con mucho cuidado, cogiendo el alfiler entre dos uñas, se lo quitó.

Al instante la paloma se transformó en la bella muchacha que había conocido junto a la fuente.

La mora quiso escabullir el bulto, pero Catón la cogió de un brazo y no la soltaba.

Llegó el rey y su hijo le contó el suceso.

Prendieron a la mora y la castigaron a traer agua de la fuente de por vida. Creo que todavía hoy sigue llevando agua de la fuente al palacio.

Abelardo se casó con la muchacha y se fueron de viaje de novios muy lejos.

Catón se quedó cuidando al niño y le enseñó a cantar y tocar varios instrumentos.

Y resultó un alumno tan aventajado que pronto se hizo famoso en todo el reino.

Desgraciadamente Abelardo y su esposa, tuvieron un accidente y nunca regresaron de su viaje.

El muchachito llegó a rey y en todo el mundo fue conocido como el rey trovador.

Catón permaneció siempre a su lado y nunca volvió a inventar historias como las tres naranjitas.

Y aquí termina la historia de las tres naranjitas y ya podemos hacer mermelada o jugo.

 

Texto; Jesús Muñz

Una mujer mora

2 comentarios en “Una mujer mora

  • el 30/09/2020 a las 9:50 pm
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    Que bonito finar el bien siempre triunfa por eso la buenas obra siempre tiene triunfo y el mal tiene su merecido

  • el 05/10/2020 a las 4:14 pm
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    Una vez más,has estado brillante,felicitaciones!!

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