Un rey con menos cerebro que un pájaro

Un rey con menos cerebro que un pájaro es la última entrega del agua amarilla.

Eso, al menos, es lo que nos asegura Aurora antes de proseguir con el cuento.

Es la quinta entrega. Un poco más y convierte este cuento en una serie-novela.

Aurora sí que es un verdadero cuento con encanto.

De este modo prosiguió nuestra simpática colega.

“Cómo decíamos ayer”…, emulando al ilustre fraile… una vez que el pájaro llevó a Nadira al agua amarilla y al árbol que canta…

La muchacha cortó una ramita del árbol y la humedeció con el agua amarilla antes de guardarla.

Después llenó un cántaro de agua amarilla

En el camino de regreso roció las estatuas de sus hermanos con el agua y los desencantó.

Los muy cándidos se desperezaron como si despertaran de un largo sueño.

Luego los tres se volvieron muy contentos para su casa.

Un rey con menos cerebro que un pájaroEn cuanto llegaron Nadira plantó la rama del árbol. Al momento prendió y de cada hoja nueva que brotaba salía un canto, como si el árbol estuviera lleno de avecillas.

Pasaron los días y seguían con su vida de antes.

Los hermanos salían de caza como siempre y un día, cuando iban a cobrarse una pieza se encontraron con un señor que venía a por lo mismo.

Los dos hermanos que eran de buen carácter cedieron la pieza al caballero y este al ver tan noble proceder los invitó a comer.

Ellos se lo agradecieron mucho, pero se excusaron de ir, pues no querían dejar a su hermana sola.

Aquel noble señor, que no era otro que el rey, les indicó que también podían llevar a su hermana.

Luego hizo sonar el cuerno de caza y al momento se presentaron criados para llevarse la pieza.

Entonces los dos hermanos se dieron cuenta de que era el rey. Corrieron a comunicarle la noticia a su hermana.

Nadira se puso muy nerviosa al saber que iban a comer con el rey. No sabía que ponerse.

Al fin encontró un vestido de su mamá precioso.

Sus hermanos silbaron de admiración al verla tan hermosa y elegante.

Iban tan felices para la comida cuando vieron a una mujer en una jaula que les dio mucha pena.

No preguntaron nada, pero se pusieron muy tristes recordando a aquella mujer encerrada en una jaula, a la puerta de palacio.

Después de comer, el rey les enseño el palacio y los jardines.

Cuando se despidieron suplicaron al monarca que accediese a ir a comer con ellos a su casa, pues querían agradecerle su amabilidad.

El rey aceptó de muy buena gana, pues le habían caído muy bien los tres hermanos.

Al salir de palacio vieron de nuevo a la mujer en la jaula y se les encogió el corazón.

A Nadira se le soltaron las lágrimas. Se prometió a si misma preguntarle al rey.

De regreso en su casa empezaron a pensar que le darían de comer al rey.

Entonces oyeron al pájaro que les decía:

—Ponedle pepinos rellenos de perlas.

—¿Qué dices? —replicaron ellos, sorprendidos.

—Ponedle pepinos rellenos de perlas. —Repitió el pájaro.

—¿Y dónde vamos a encontrar nosotros unas perlas? —Dijo Nadira.

Y así habló el pájaro:

—Al pie del árbol que canta hallaréis una arqueta llena de perlas.

Se fueron al árbol, y tal como dijera el pájaro allí estaba la arqueta.

Así pues, al día siguiente, llegó el rey, acompañado por alguno de sus consejeros como tenía por costumbre.

Se sentaron todos a la mesa que los hermanos habían preparado con gran esmero y la muchacha sirvió de primer plato los pepinos.Un rey con menos cerebro que un pájaro

El rey partió uno y, al ver las perlas, dijo en voz alta, mostrándolo a sus consejeros:

—¿Dónde se ha visto comer pepinos con perlas?

Y el pájaro que habla, habló diciendo:

—¿Y dónde se ha visto que una mujer pueda parir un perro, un gato y un corcho?

Los consejeros y el rey se quedaron de una pieza y habló el soberano:

—¿Pues qué parió entonces la reina?

El pájaro entonces con mucha claridad exclamó:

—A los tres muchachos que tienes delante, ¡Cernícalo!

Nadira al oír esto preguntó asombrada:

—¿Es que la guardesa no era nuestra madre?

el pájaro soltó el resto:

—Vuestra madre verdadera es la reina, que el súper tonto de vuestro, padre puso en una jaula.

Las hermanas de vuestra madre, por envidia, dieron el cambiazo y a vosotros os dejaron en el rio en un cestillo.

Y el cabestro de vuestro padre se lo creyó todo.

Al oír todo esto el rey no sabía qué hacer si abrazar a sus hijos o tirarse al río y le dio un infarto.

No murió, pero quedó muy tocado.

Inmediatamente liberaron a la reina de su jaula.

Sus hermanas fueron condenadas a cuidar de los establos por el resto de su vida.

El padre de los muchachos, un rey como menos cerebro que un pájaro, no era apto para seguir en el trono.

Los consejeros estuvieron de acuerdo en que fuera recluido en un monasterio.

La reina gobernaría en su lugar y sus hijos se prepararían para sucederla.

El agua amarilla se guardó como un tesoro para utilizar siempre en ayudar a la gente.

Al pájaro que habla se le dejó en libertad y el avecilla no se separaba de Nadira.

Y el árbol que canta llena de maravillosas canciones los jardines de palacio.

Los tres hermanos habían alcanzado la felicidad.

Y los súbditos también, desterrando a la envidia fuera de su hogar.

 

Jesús Muñiz.

Un rey con menos cerebro que un pájaro

2 comentarios en “Un rey con menos cerebro que un pájaro

  • el 19/11/2020 a las 1:46 am
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    Hola Jesús buenos días muy bonito cuento el bien siempre gana la mujer salió de la jaula y el pájaro quedó libre también gracias por tu cuento

    Respuesta
  • el 19/11/2020 a las 9:31 am
    Permalink

    Felicidades,muy bonito cuento!..el pájaro salvo la situación!!

    Respuesta

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