Un domingo especial

Un Domingo especial

Se despertó, su organismo ya se había acostumbrado al nuevo horario, era un día más dentro del confinamiento, sin embargo, algo  ocurría que le parecía que la animaba a levantarse, cayó en la cuenta de que era domingo, pero no era eso. En otras circunstancias si le importaba el que fuera domingo; era el día en que se arreglaba y salía para cumplir con sus deberes religiosos yendo a Misa, y saludaba a las personas que a lo mejor, no había visto en la semana.

Era otra cosa la que le daba energía para levantarse; recordó que había escuchado en la tele, que se permitía salir a los niños del confinamiento durante una hora; cayó en la cuenta de que los niños ya estaban en la calle, y que eran sus voces las que le daban esa energía. Se puso una bata y salió al balcón, su casa daba a una gran avenida. En efecto, comprobó que ¡Había niños en la calle! Había niños y la vida parecía que resurgía. Se emocionó de tal manera, que hasta las lágrimas aparecieron en sus ojos. Siguió en el balcón queriéndose empapar de aquel sano bullicio, y comenzó a fijarse en más detalles:

Los niños, siguiendo las recomendaciones para su salida, iban acompañados por adultos; niños de todas las edades, vio mamás con sus cochecitos de capota, otras los llevaban en sillitas de ruedas. Contempló todo tipo de cacharros, patinetes, patines, monopatines, otros modernos que no sabía pronunciar su nombre, y muchas bicicletas… Bicis de todas las tallas. Los papás aprovechando que tenían que vigilar a los niños, también iban en bici, los niños a su lado. Tampoco faltaban balones que se veían correr seguidos de niños queriendo alcanzarlos, y niños que preferían el “estirar las piernas” al ritmo de marcha dándose un paseo. En medio de toda esta algarabía, se fijó en el suelo normalmente cubierto de césped ¡pero no! casi no había césped, estaba cubierto de flores, de simples y preciosas flores salvajes, y una niña muy pequeñita intentaba coger una, bajo la mirada atenta de su madre. Se dio cuenta de que la Primavera, pese a todo, había llegado.

Todavía seguía en el balcón, miró al cielo y estaba nublado, parecía que iba a llover, pero entre las nubes un rayito de sol luchaba por asomarse.

Recordó los días  que llevaba confinada, ya eran muchos. La culpa la tenía un mal virus, que  apareciendo a nivel mundial, obligó a las autoridades a tomar medidas muy drásticas, entre ellas el confinamiento de muchos ciudadanos. A algunos se les consideraba de “Alto Riesgo” y ella estaba en este grupo. Así que consciente del riesgo de contagio que corría, decidió seguir las normas y quedarse en casa. Era una persona a la que le gustaba la casa, pero se consideraba activa y le gustaba acudir al Centro Sociocomunitario de Coia, donde realizaba diversas actividades; de hecho el día 12 de marzo jueves, había acudido por la mañana, a una reunión de una revista digital del centro en la cual colaboraba. Por la tarde tenía otra llamada “Viajeros”, en la que se hacían viajes virtuales dirigidos por una monitora, a la que ya no acudió por cierre del Centro. También, para ese mismo día, tenía previsto asistir a un espectáculo de ópera que se había suspendido. El día 13 de marzo se decretó el “Estado de Alarma”.

Ahora tenía que haberse acostumbrado a otro plan de vida. Al principio parecía no importarle mucho, era una persona a la que no le costaba adaptarse a nuevas situaciones; pero los días pasaban y la pandemia no remitía. Se propuso no hundirse, llenarse de paciencia y esperar que las circunstancias cambiasen. Buscó formas de estar en casa de la manera más amena posible,  y hasta ahora lo iba consiguiendo. Tuvo tiempo para limpiar, rezar, preparar aquel plato que hacía años que no cocinaba (y, que rico le supo), revisó aquellos cajones llenos de papeles, ya sólo valían para recuerdos queridos que la hacían llorar, y se deshizo de la mayoría. En toda esta faena la pilló “La Semana Santa”, dándose cuenta de que este año iba a ser completamente distinta a las anteriores. Las cadenas de Televisión con sus programas especiales y sus películas sobre el tema, la ayudaron a pasar esta semana de una forma distinta.

Se puso a pensar de como las circunstancias influyen en el comportamiento de las personas; ella que era contraria a ciertos programas de Tv (sólo veía telediarios y concursos), resulta que ahora, estaba siguiendo uno de los que siempre decía que detestaba.

Reflexionando sobre la situación que tocaba vivir, se puso a pensar en la parte positiva de la misma, tenía que dar gracias de muchas cosas. La verdad es que no se había sentido sola; el teléfono no dejaba de sonar, amigas de la infancia de las cuales hacía años que no tenía noticias, querían saber de ella, las de siempre ahora llamaban a diario; los WhatsApp no  cesaban con su continuo soniquete… Las vecinas por ( Whats) se ofrecían a traerle compra cuando salían. Y como no recordar los lunes a las doce la reunión con sus compañeros y compañeras de la Revista, que seguían reuniéndose de forma virtual, para que pudiera salir aun con el Centro cerrado.

Y nunca podría  olvidarse del servicio del tlf. 010 del  Ayuntamiento, siempre recordaría la voz de Mery preguntándole si necesitaba que le fueran a la compra o la farmacia… o de Ana, Elizabeth, Silvia, que le trajeron el recado…

Sabía que del confinamiento aún quedaban muchos días, pero había aprendido a valorar muchas cosas que antes le pasaban inadvertidas. Miró nuevamente al cielo y aquel rayito de sol se hizo paso entre las nubes dándole calor por unos momentos, dio gracias a Dios por la vida, los niños seguían correteando…

 

 

Esther

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