“Un cuento para Sabela”

Hace unos meses Sabela, mi sobrina de diez años, me pidió un regalo de cumpleaños, fue una satisfacción porque me pedía un regalo de “hacer” como los que me gustan a mí, un fotolibro resumen de sus últimos cinco años de vida.

Me puse manos a la obra, recopilé cientos de fotos, buscando aquellas que me diesen ideas para plasmar en el libro, aquellas que me diesen juego, aquellas en las que estuviese más guapa (que siempre lo está), retoqué todas en las que los diferentes fotógrafos no habían hecho su trabajo óptimamente, esto último, claro está, según mi criterio y me decidí a hacerlo en una de las empresas que prestan este servicio por Internet: Fotoprix.
Día a día el libro iba tomando forma, sobre la marcha y con el visionado de las fotos iban surgiendo las ideas. Yo, satisfecha de como iba quedando mi obra me imaginaba su carita de asombro al ver el bonito libro lleno de múltiples recuerdos de sus últimos cinco años… esas vacaciones divertidas que iban con los años cambiando de intereses, esas caminatas sendereando, esos lugares visitados por primera vez, esas fiestas con los amigos y la familia, todas las Feiras Francas y Carnavales en los que participó…

Al mismo tiempo buscaba información de los acontecimientos que habían sucedido en esos años, para insertarla también en su libro; así me enteré que su quinto cumpleaños había coincidido con elecciones municipales (que en Pontevedra ganó el PP pero que no pudo gobernar ya que se lo impidió el PSOE y BNG), que Piratas del Caribe se estrenó el 24 de mayo de ese año y muchas otras cosas más, en la página de su viaje a la Costa da Morte le contaba la historia de Man, un alemán que murió de pena al ver su mar destrozado por el la marea negra.

Alguien me dijo que si el número de horas empleado tuviesen un costo en euros podría hacerle un buen regalo, yo orgullosa pensé que yo no podría pagar en euros un regalo tan creativo y bonito como el que estaba haciendo.

Ya casi estaba terminado, sólo quedaban unos retoques y mandarlo vía Internet, en pocos días tendría en mis manos mi pequeña obra de artesanía, podría además de regalársela a Sabela en su cumpleaños, lucir entre mis amistades sobrina y fotolibro. Me fui a dormir con la satisfacción de la tarea concluida… Bueno casi concluida.

Al día siguiente retomo con entusiasmo mi trabajo, abro el programa y ¡horror aparece en la pantalla un error! un mensaje y además en inglés, no podría ser de otra forma, abro de nuevo …recargo…reinicio…. Y el puñetero mensaje no deja de aparecer en pantalla.

Empiezo a renegar de las tecnologías, pienso que si le hubiese hecho un bonito cuadro a punto de cruz con su carita lo más que podía suceder es que se bloquease la cerradura del costurero donde guardo las labores y eso tendría fácil arreglo, aunque fuese reventándolo. Busco la ayuda de entendidos, mando mensajes a Fotoprix que por ahora dicen “Leído, pendiente de respuesta” copio en otra memoria con la intención de engañar al programa y abrirlo en otro ordenador, nada, el puñetero no se deja engañar, repetitivamente, cansinamente sigue repitiendo el mismo mensaje.

A estas alturas sólo me quedaban dos opciones enfadarme mucho, entristecerme y sentir mucha pena por mí misma … “con todo el trabajo que pasé, qué mala suerte la mía…”o bien no dejar que una herramienta, que por mucho que tenga un nombre en inglés que asuste, Software, no deja de ser una herramienta; me amargue el día.

Recordé un mensaje escuchado a personas con sabiduría, que dice más o menos que “debo aceptar las cosas que no puedo cambiar, cambiar las que sí puedo y ser capaz de ver la diferencia entre ambas” la última parte de este sabio mensaje es siempre el más difícil, porque lo difícil en ocasiones es saber lo que nos corresponde a nosotros y lo que no.

“debo aceptar las cosas que no puedo cambiar, cambiar las que sí puedo y ser capaz de ver la diferencia entre ambas”


Una vez que lo tuve claro pensé que yo no podía lograr que la “herramienta” funcionase bien, porque no depende de mí, sino de otros que viven en ese mundo que se llama Internet, que tiene sus formas y sus tiempos, luego pensé “Cambiar las cosas que puedo” y que podía cambiar yo ¿iniciar de nuevo el montaje de otro fotolibro? ¡no disponía de tiempo material!
Cambiar las cosas que puedo, podía buscar alternativas para hacer a Sabela el regalo que se merecía. Con la mente más calmada recordé un programa sencillo que me permitiría hacer en poco tiempo algunas fotos divertidas, decidí hacer casi artesanalmente un libro alternativo y he aquí mi regalo: una serie de fotos que espero que le gusten encuadernadas con amor y un cuento con moraleja.
Al final el libro alternativo puede ser tan bonito como el imaginado en un primer momento.
Si algo no nos sale bien no pierdas el tiempo enfadándote, deprimiéndote, entristeciéndote, piensa que siempre puede haber otra alternativa y las alternativas pueden ser incluso mejores que los originales.

Dice Jorge Bucai, psiquiatra que se dedica a escribir y recopilar cuentos:
“Los cuentos duermen a los niños y despiertan a los mayores”

Tu, mi querida Sabela, a tus 10 años creo que ya estás en esa edad en que los cuentos despiertan nuestra mente. Ese es mi deseo junto con este pequeño cuento.

Tu tía Carmen

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