Un Bocata con smoking.

Un bocata con smoking es un bocata que se va de fiesta, una fiesta elegante, claro.

De esas en las que hay que ir de punta en blanco, o sea, con lo mejor que tienes.

La cuestión es que me vi en una comida con dieciséis mujeres, que por cierto, disfrutaron tanto como yo.

Esto comenzó en el taller del viajero, donde nuestra querida Alejandra se mueve como pez en el agua llevando a sus chicas hacia lugares llenos de regocijo y encanto.

En la presente ocasión se trataba de disfrutar de un suculento bocata de calamares  en el restaurante Ultramar, en la sexta planta de El Corte Inglés.

Seguramente os preguntaréis como sobrevive un varón en medio de dieciséis mujeres. Muy sencillo, con una sonrisa y buen humor.

La verdad es que me tratan tan bien, que da gusto.

Después de encargar las bebidas, la mayoría cervezas, como buenos celtas, el menú quedó fijado en una ensalada y luego el famoso bocata.

Primeró llegó la ensalada, con su aspecto primaveral, con variados matices verdes, el brillo rojo del tomate y los tonos suaves de los frutos secos.

Toda esta delicia descansaba sobre una base de torta, untada de queso, de la que se hacían comentarios en tono alto.

Si cerraba los ojos podría pensar que se referían a mi humilde persona: Imponente, delicioso, delicado, suave, exquisito, maravilloso, exuberante, espléndido,… etc.

Naturalmente, todos los piropos eran para la ensalada y su base.

Luego llegó el bocata de calamares, sobre tabla de madera, envuelto discretamente en faja blanca, con un coqueto lacito de cuerda.

No me cabe duda que cuando se disfruta de un  manjar como este, se rejuvenece.

Y no es para menos, porque las exclamaciones, los ojos en blanco, los jugos gástricos, los labios retorciéndose en contorciones casi eróticas, los carrillos más que hinchados de satisfacción, son la imagen de una pandilla de adolescentes satisfaciendo su inmenso apetito.

¿Es posible que se trate de personas adultas, sesudas y racionales, reunidas en torno a la mesa?

Claro que de una jefa tan juguetona y divertida como Alejandra que se puede esperar sino convertir en jolgorio cualquier encuentro.

Sin duda el bocata de calamares, era un bocata de smoking, un bocata de gala, un sencillo bocata vestido de príncipe, admirado y engullido por toda la corte de comensales.

Al final tuve que irme pronto, pues tenía que asistir a una conferencia en el hotel Ciudad de Vigo de la Fundación de Vigueses Distinguidos… aunque esa es otra pequeña historia que si ha lugar, os contaré en otra ocasión.

En resumen: disfruté como un chaval con el bocata de calamares en compañía de esa parte del género humano que Dios ha creado con exquisito mimo.

Que la vida es bella y con bocatas de smoking muy sabrosa.

El bocata de calamares fue el rey de nuestros estómagos y las dieciséis súbditas y un servidor nos declaramos sus fieles vasallos.

Texto: Jesús Muñiz González

2 comentarios sobre “Un Bocata con smoking.

  • el 28 de marzo, 2019 a las 12:11
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    Bendito tu entre tanta mujeres y dios bendiga bonita palabra que llenan un mundo de aventura

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  • el 28 de marzo, 2019 a las 20:29
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    ¡El bocata tiene una pinta estupenda y con tu relato dan ganas de probarlo ya!

    Respuesta

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