Teruel y Cuenca dos ciudades en las que hubo amores trágicos

20160514_125711Todos hemos oído o dicho aquello de: “Los amantes de Teruel, tonta ella y tonto él”. La historia de este amor imposible, es famosa en toda España, puede que también en parte del extranjero, aunque no tan conocida como la de Romeo y Julieta porque ésa, se encargó Shakespeare de divulgarla.
Durante este viaje que hicimos los del Centro Social de Coia, pudimos enterarnos de que, la historia de Isabel de Segura y Juan Martínez de la Marcilla, también conocido como Diego, no fue la única en la que el amor entre dos jóvenes, se veía truncado por las circunstancias.
bodas_isabelLos trágicos amores de Alvar y Sancha
Durante la Edad Media, vivían en Teruel dos jóvenes de unas importantes familias, los Muñoz y los Marcilla, enfrentadas entre sí por dominar la ciudad. Alvar, joven mujeriego y pendenciero, y Sancha, hija de la familia rival. Al verse correspondido, el joven decidió sentar la cabeza y casarse con su amada. Pero, como es de suponer, ambas familias se opusieron, motivo por el cual, los jóvenes decidieron huir a algún lugar donde poder casarse y vivir juntos. Para esto, Alvar y Sancha lograron  la colaboración de la dama-guardián, a quien previamente, el joven había comprado.  Emprendieron la huída de noche, pero, dándose cuenta el padre de la desaparición de su hija, interrogó a la encubridora, quien no tuvo más remedio que confesar todo.
Los hermanos de la muchacha, salieron en  persecución de la pareja, alcanzándolos a una legua de Teruel. Después de rescatar a su hermana, dieron muerte a Alvar y lo dejaron abandonado en el mismo lugar.
Enterado el Juez de Teruel de los hechos, ordenó detener y juzgar a los asesinos, quienes fueron condenados al destierro y a levantar una cruz al muerto en el lugar del crimen.
old-cemetery-1411995_960_720El amante despechado
También en la ciudad de Teruel vivía una joven llamada Elvira, que debido a su belleza y ser de una de las familias más ricas, tenía multitud de pretendientes, pero ella estaba enamorada de un joven turolense con quien se casó.
Pero entre los amantes que había rechazado, había uno muy resentido que juró vengarse de ella. Así, aprovechando que el marido, debía acudir a la ciudad para hacer negocios, lo asesinó una noche cuando atravesaba el puente camino de su casa.
Doña Elvira, guardó luto el resto de sus días, en recuerdo y respeto a su difunto marido. Teniendo que hacerse cargo de su hacienda, se veía obligada a realizar frecuentes viajes a Teruel, atravesando el mismo puente en que su marido perdió la vida. Por lo cual, mandó hacer construir otro puente, para no tener que atravesar aquel, que tan malos recuerdos le traía. Es por ello que a este puente se le conoce como el Puente de Doña Elvira.
Como dije antes, la ciudad de Cuenca también tiene diferentes leyendas de amores frustrados. Algunas de estas son:
pair-1362858_960_720La Ventana de la Mora en la Calle de San Pedro de Cuenca
Muchos de los moros que vivían en Cuenca, optaron por quedarse en la ciudad al ser reconquistada por los cristianos, ya que, la gran mayoría había nacido en ella y no conocían otras ciudades. Comenzó una época de convivencia durante la cual cada cultura habitaba diferentes barrios dentro de la urbe.
En uno de los barrios que pertenecía a los moros, vivía una mora muy bella, quien se enamoró de un joven soldado, quien pertenecía a las tropas cristianas encargadas de vigilar y asegurar la buena convivencia entre las diferentes culturas.
Los amantes se veían obligados a mantener sus encuentros en secreto, ya que, debido a que eran de diferentes culturas, su relación estaba vetada. Según la tradición, el padre de la muchacha, concertó su matrimonio con un joven de su misma religión. Ella se negó al casamiento, pero el joven moro no se dio por vencido e investigó qué razones tenía para rechazarse a ser su esposa.
Ante esta situación, los enamorados decidieron casarse aunque para ello, la joven debería convertirse al cristianismo. Su plan era escapar una noche y buscar un cura que bautizase a la muchacha y los casase.
Así cuando la torre Mangana, que era el reloj principal de la ciudad, dio la hora convenida, ambos muchachos salieron para reunirse y llevar adelante su plan. De nada les sirvió, el amante despechado que vigilaba sus pasos, había reunido una muchedumbre de moros quienes, atacaron y mataron al joven soldado, impidiendo que los amantes pudiesen encontrarse, según lo acordado.
La joven mora, que había sido acogida por el cura amigo, se enteró del suceso al cabo de varios meses. Rota de dolor, intentó suicidarse, pero fue disuadida por el sacerdote, quien, le advirtió que, si lo hacía no podría reunirse con su amado en el Cielo, ya que, el suicidio estaba prohibido para los cristianos.
Ante esta situación, la pérdida de su amado y no poder reunirse con su familia, la joven decidió convertirse al cristianismo e ingresar en el convento que está en la calle San Pedro, donde permaneció hasta el final de sus días.
El Cristo del Pasadizo
Había en Cuenca, un joven jornalero de nombre Julián, horado y trabajador, quien se enamoró de una bella joven, perteneciente a una familia de superior posición social. Los padres de ella, no veían con buenos ojos esta unión, ya que, si bien sabían de las buenas cualidades del muchacho, no querían que su hija descendiese de  categoría social. A pesar de eso, todas las tardes, los mozos se encontraban ante la reja de Inés.
Ocurrió que, pasó por Cuenca un emisario real para hacer leva de soldados con destino a las guerras de Italia. Viendo la ocasión de hacer fortuna para poder casarse con la joven, Julián se alistó en el ejército. La noche antes de partir, ambos jóvenes prometieron que, ninguno de los dos se casaría, mientras el otro estuviese vivo.
Pasaron los meses, y Julián manda noticias de tarde en tarde, pero Inés, aunque muy triste y apenada al principio, comenzó a cansarse de la espera. Así que, accedió a los requerimientos de otro pretendiente, llamado Lesmes. Su madre le recriminó su ligereza, pero ésta prefería tener un amante cercano que le hace vivir de ilusión, que un amante lejano y que podía fallecer en una cruenta guerra.
Pasaron dos años y Julián volvió triunfante a Cuenca, no dio aviso de su llegada, con la ilusión de que, Inés se viese gratamente sorprendida con sus logros.
Esa misma noche, acudió al pasadizo para encontrarse con su amada, pero, cuál no sería su desengaño, al ver que en su lugar estaba ocupado por Lesmes, el nuevo pretendiente de Inés. Ante esto, Julián se dejó llevar por la ira y se lanzó, espada en mano, contra Lesmes. Éste se defiende, y engaña a Julián llevándolo hacia un escalón de la calle, dónde logra que pierda pie y caiga, aprovechando su indefensión  para atacarlo a traición y atravesarlo con su espada.
Mientras, Inés, aterrorizada, pidió auxilio. Acudió la ronda en el momento  en Julián se desploma exánime. Lesmes intenta huir, pero al verse acorralado, sube a las almenas del Camino de la Ronda para así, saltar al camino inferior con tan mala fortuna que se desnuca.
Inés, culpable de perjurio, y sintiéndose responsable de la muerte de dos hombres, ingresó en el convento de las “Petras”, para hacer penitencia por sus pecados y rogar por la salvación de aquellos, cuyas muertes había causado.
¿Nunca habéis deseado otro final para estos relatos?
Mientras me contaban estas leyendas, me preguntaba, porque todas tienen que tener un final tan trágico. Nunca te cuentan la historia de una pareja que, se case, tenga muchos hijos, logren pagar la hipoteca y lleguen a la vejez rodeados de hijos y nietos, falleciendo pacíficamente en su cama.
Claro, que esta versión no interesaría a nadie porque, hay que reconocer, que, de romántico tiene poco.
Gloria.

Fotos: Turismoa Teruel, PIxabay, Carmen

2 comentarios en “Teruel y Cuenca dos ciudades en las que hubo amores trágicos

  • el 29/05/2016 a las 9:12 pm
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    Acabo de visitar la isla de San Simón, con todas sus terribles historias de muerte y prisioneros de guerra. Pero la guia nos comentaba que, a pesar de todo, aquellas valientes mujeres que se acercaban al barco vasco que estaba lleno de prisioneros, hasta 600, y que quedó amarrado, como cárcel, en la isla, surgieron bonitas historias de amor. En medio de todo ese dolor, muchas de esas mujeres de Redondela, etc, que llevaban comida a los prisioneros del barco, cuando acabó todo, acabaron casándose con algunos de esos presos . De ahí que haya mucho apellido vasco por la zona de Redondela y alrededores. Y es que el amor, aunque a veces viene rodeado de tragedias a, veces, pocas, puede tener un final feliz.

  • el 29/05/2016 a las 9:15 pm
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    Otro comentario que quería dejar aquí en este buen relato de mi compañera Gloria, es que en la isla de San Simón, curiosamente, había como una calle que hicieron los presos republicanos a la que llamaban, en secreto, “la Avenida de Teruel”. Todo ello en recuerdo de la batalla de Teruel donde salieron vencedores. También es una bella historia de cariño a la ciudad que tanto nos gustó en nuestro viaje.

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