Tenía muchas ganas de volver

Tenía muchas ganas de volver a ver a mis amigos del Albergue.

Quería comprar algunos regalos y Madhur me dijo que me llevaría Inder. Un auto nos seguiría con cuatro personas encargadas de protegerme.

No era muy consciente del peligro que corrí en las grutas de Elefanta. Me sentía tranquilo.

Hice una lista para no olvidarme de nadie. Incluso escribí algunos obsequios, junto a los nombres.

Me sentía contento por ir de compras pensando en todas las personas que tan bien me habían tratado.

Me ilusionaba pasar una tarde compras pensando en darles una alegría a la gente del Albergue.

Indira decidió acompañarnos porque le encantaba ir de compras y además esperaba poder ayudarme con las compras, porque además era una maestra del regateo, algo a lo que yo no estaba acostumbrado.

Dimos un sinfín de vueltas, por muchas callejuelas, entre bazares, tiendas, centros comerciales.

Indira entusiasmada, disfrutaba mirando todo, comparando precios. Yo utilizaba mi lista. Le daba un nombre, describía a quien iba a recibir el regalo y emprendíamos la búsqueda entre miles de artículos.

Inder y yo caminábamos cargados de paquetes. Con cada nueva conquista en la adquisición de un regalo mi corazón se alegraba pensando en el destinatario.

Ya deseaba que llegara mañana para ir al Albergue.

La tarde se me fue volando y fue toda una experiencia ir de compras en Bombai. Cómo además compramos golosinas para endulzarles el día a mis amigos, también picamos aquí y allá, terminamos exhautos y con la pancita llena.

Indíra se reía camino de la casa, pensando en cuanto ejercicio tendría que hacer para perder todo lo añadido.

Aun disfrutamos de una alegre velada, contándole a Madhur nuestras aventuras.

Me acosté temprano y me dormí soñando con el día feliz que me esperaba con mis amigos del Albergue.

Al día siguiente desperté muy temprano y enseguida me arreglé para bajar a desayunar.

Ya me esperaban Indira y Madhur. Los dos me acompañarían en mi visita al Albergue Don Bosco y yo encantado.

Iba contento, llevamos algunas ropas y calzados, pendientes y pulseras, sobre todo para las chicas, pañuelos, chales, mochilas para los chicos, y sobre todo sabrosos dulces para todos y refrescos.

Allí la costumbre no es abrir los regalos al momento de recibirlos, así que no podría ver su cara de sorpresa. Seguramente en otra visita me contaría si les habían gustado los regalos.

Si podríamos disfrutar de los dulces y tener una pequeña fiesta. Pronto supe que sería una fiesta de despedida.

En cuanto llegamos al Albergue salieron a recibirnos Arya y Dobrogost. Nos abrazamos con mucha alegría. Se les veía muy contentos de verme.

Cuando entramos en la sala, me encontré que todos los niños estaban allí esperando para darme una sorpresa, entonaron una hermosa canción mientras ejecutaban una hermosa danza en mi honor.

Fue muy emocionante. Tuve que limpiarme varias veces las lágrimas. Cuando terminaron, me rodearon, riendo y abrazándome, dando gritos de júbilo.

Me sentí tan querido. Nunca podré olvidar sus caritas felices al verme.

Les dimos los regalos y ellos a su vez me entregaron un un paquetito precioso, envuelto en papel de seda de brillante colorido, rematado con un hermoso lazo de seda, en azul y amarillo.

Tuvimos una fiesta maravillosa, con los dulces y refrescos. Hubo bailes, risas y canciones.

Entonces comprendí como era la alegría salesiana.

Ya era de noche cuando nos fuimos, después de muchos abrazos, besos y lágrimas.

Les repetía una y otra vez que volvería pronto.

En cuanto subimos al auto se puso en marcha, Madhur me comunicó que no volveríamos a la casa.

Nos dirigíamos a Dadar donde tomaría el tren de las 21 para Pune.

Madhur me explicó que no podía perder más tiempo, era necesario salir de inmediato de Mumbai, porque ya estaba localizado.

Ellos habían preparado mi mochila con todo lo necesario. Llegamos a la estación a las 20,30.

No había mucho tiempo para despedirnos. Ellos me despedirían de la gente del Albergue.

Tendría que cambiar continuamente de móvil para no dejar rastro. Nunca podría usar dos veces el mismo aparato. Siempre que me fuera posible utilizaría teléfonos públicos.

Era muy importante no dejar pistas. Lo más importante no sería el tiempo que tardara en viajar, sino la seguridad. Debería llegar a mi destino despistando a mis perseguidores.

Me abrazaron una vez más y subí al tren. Para pasar desapercibido iba en un vagón de segunda clase y ahí me llevé una gran sorpresa muy agradable.

No me lo podía creer, me encontré con Tathagata, mi compañero de viaje a Mumbai.

 

Tenía muchas ganas de volverJesús Muñiz González

3 comentarios en “Tenía muchas ganas de volver

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