"Sobre la pobreza, todos somos espejos de su imagen"

A continuación editamos una colaboración que nos envía Sergio Farras,  al cual le agradecemos siga nuestra Revista desde Barcelona. El Consejo de Redacción de esta Revista Digital, acuerdan publicar dicho escrito y, por supuesto, no necesariamente suscribimos todas aquellas  opiniones que en dichas colaboraciones nos envian para su publicación.

“En la misteriosa bruma que nadie se atreve a cruzar, Manuel descansa en aquel lugar donde todo son ensoñaciones, donde se desvanecen sin benevolencia. Allí, en ese espacio donde todo el dolor del alma puede caber entre mullidos cartones y un destartalado carrito, normalmente arriado y recogido a mano desnuda. La vida a cuestas, itinerante y ambulante, casi nómada. Rodando por las diáfanas avenidas, en la mayoría de las veces sin rosa de rumbos que señale un cierto camino aunque sea de artificio.

No hay que ir muy lejos para ver la desdicha y la desventura, pues triste espejo es donde se reflejan las vanidades. Sobre el trémulo cielo descubierto de cualquier ciudad, hay un ser humano entre luces y sombras, cuyos sueños no le acaban de dejar tranquilo, y que siente en las frías noches de invierno el roce del viento en su rostro curtido, con no poco dolor. Por las noches duerme como el mar, que es destino de cualquier lado. La gente pasa de largo, a veces no interesa que se le vea. Y aunque es fácil de fingir, la verdadera pobreza se encuentra en el rechazo y la falta de empáticos sentimientos.

De sueño carece la noche mientras los indigentes anhelan con alguien que pueda demostrar que no les tema, que no es necesario que se escondan en recovecos de apariencia pintoresca y engañosa. Que se les mire a los ojos con vistazo de una simple ternura. Manuel, cuenta las estrellas de la oscura noche aunque no le sirva de nada, porque desnudos los recuerdos le han despertado. Aunque al final de cada azar y hado destino, imagina que hay una estrella que le guía a puerto seguro cada noche. Y con su desdichado arribo, amarra en el dique seco con que le pago la vida. Cada vida una historia, cada historia una experiencia, cada experiencia una oportunidad de que nosotros, los ciudadanos de a pie, sigamos siendo también humanos. Mostrándonos sin miedos y dejando todo el resto al azar. Y, a Manuel, para mirarse en su desdicha que empuja su destino, cualquier espejo le vale en su reflejo.

A veces, las muchas, a Manuel un ardor le revuelve el estómago cuando tiene hambre. Porque comer cada día puede llegar a convertirse en una mala costumbre que no se puede evitar.

 – – ¿Tiene usted algo suelto?

– – ¡Usted lo que quiere es dinero para gastárselo en vino!

A Manuel, la ignorancia ajena es su peor olvido. Es el sueño que le espanta del propio miedo, sembrando nuestra verdad como ciudadanos cómplices y verdugos. Sentirse indiferente no es sinónimo de empatía y, a veces, hasta convirtiéndonos en cooperadores necesarios del daño. Quizás, la cuestión de todo esto es saber hallarla, porque el tejado del indigente es de frágil cristal.

Y no, no estoy loco por ayudarles y acompañarles en su camino. Pues también yo soy frágil. Frágil, como la hoja de papel en la que escribo. No lloréis ojos tristes, que siempre habrá alguien con quién la lágrima salada se pueda compartir sin necesidad de percibir nada a cambio. Porque a lo lejos, sobre el trémulo cielo descubierto, llega siempre la mañana. Y si un día me ven llorar, que sean mis lágrimas las que entren como una llave en la cerradura que abra la esperanza. Porque en mil batallas el poeta también fue herido.

Sergio Farras, escritor tremendista.”

Para aquellas personas que esten interesadas en profundizar en estas propuestas, les facilitamos su página web: www.escritortremendista.blogspot.com

Redacción

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