Sardinas rellenas de cebolla con salsa de mostaza

Uno de los pescados que menos se suelen cocinar en casa es la sardina. Debido a su olor fuerte solemos reservarla para barbacoas al aire libre o para muy contadas ocasiones. Sin embargo tenemos muy buenas razones para consumirlo más a menudo.

 

La sardina es un pescado azul; es decir, graso, ya que posee casi 10 gramos de grasa por cada 100 gramos de carne y es muy buena fuente de omega-3, lo que nos ayuda a disminuir los niveles de colesterol y de triglicéridos; además aumenta la fluidez de la sangre, lo que hace que disminuy el riesgo de aterosclerosis y trombosis. Otro aspecto a destacar en su composición es el alto contenido en proteínas.

Respecto a las vitaminas que podemos encontrar en este alimento, debemos destacar su contenido en las vitaminas del grupo B, como la B12 o la B1 o Niacina, además de vitaminas liposulubles como son la A, la D y la E.

Las sardinas también son ricas en minerales como fósforo, ma
gnesio, potasio, hierro, zinc y yodo. Además las sardinas de lata presentan un contenido de calcio muy importante porque se consumen junto con la espina. En concreto, aportan unos 314 miligramos de calcio por 100 gramos.

Pese a todas estas ventajas, este pescado también presenta un inconveniente para la salud en el caso de quienes padecen hiperuricemia o gota debido a su contenido en purinas, que en el organismo se transforman en ácido úrico.

 

 

 

  • Ingredientes (4 p.):

 

  • 24 sardinas (dependiendo del tamaño)
  • – 3 cebollas
  • – 1/2 barra de pan vie
  • – 2 yemas de huevo
  • – 1 cucharada de mostaza
  • – 3 cucharadas de mantequilla
  • – 1/2 vaso de nata líquida
  • – zumo de 1/2 limón
  • – aceite de oliva
  • – sal
  • – perejil (para decorar)

 

Elaboración

Corta las cebollas en juliana y póchalas en una sartén con un chorro de aceite y una pizca de sal.

Para hacer la salsa, introduce las yemas de huevo y la mantequilla en un cuenco. Coloca el cuenco sobre una cazuela con agua hirviendo y cocina al baño maría. Agrega la mostaza y mezcla bien con la ayuda de una varilla. Vierte la nata líquida poco a poco y continúa mezclando. Cocina a fuego suave durante 5 minutos hasta que quede una salsa no muy espesa. Añade el zumo de limón, mezcla y reserva.

Abre las sardinas, sazona, coloca encima la cebolla pochada y cubre con otra sardina. Reserva.

Ralla el pan viejo y pasa las sardinas por el pan rallado. Fríelas en una sartén con abundante aceite y escurre sobre papel absorbente. Sirve 3 sardinas por ración, salsea y decora el plato con una hojita de perejil. Sirve el resto de la salsa en una salsera.

Raquel

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