Rios de vida

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Más temprano que de costumbre, para esquivar el calor de este verano abrasador, caminaba junto al Miño una mañana de entre semana, da igual cualquier día, es lo que tiene esto de estar jubilado. Decía que, aunque familiar, el paisaje no pierde su encanto. El paseo junto al ‘pai dos ríos galegos’, casi en completa soledad –por el día y la hora– no deja de ser un apreciado privilegio. Las aguas bajaban especialmente rápido ese día; como la vida misma –pensé- la corriente nos empuja incansable y lo único que podemos hacer es tratar de mantenernos a flote lo más dignamente posible.

paseo-por-el-rio- Mño

Una cosa lleva a la otra y sin ilación razonable, me entretuve comparando este Miño al que me unen los afectos de estos tiempos de vida sosegada, a otros cauces de tiempos más revoltosos. Dicho y hecho. De entre los escondrijos más recónditos, surgió, como quien revisa viejas fotografías decoloradas, la imagen de aquellas mañanas de pesca en el Río de la Plata, en mi querida Buenos Aires, hace ya más de cincuenta años.

EL PASEO

El inmenso río de color de león, no por la contaminación, que también, sino porque recoge las aguas de los poderosos cauces del Paraná y el Uruguay, portadores de las arcillas que van acumulando en su largo recorrido desde más allá de las cataratas del Iguazú. La sonrisa brotó espontánea, hoy me parece grande este río fronterizo y aquél otro mide 50 kilómetros de ancho en su parte más estrecha.
La vida, como estos ríos, sigue siempre adelante. Nunca vuelve sobre sus pasos. Me crucé con Roque, que regresaba con sus perros, y continuamos cada uno a lo nuestro después de aventurar sobre los grados que alcanzaría el termómetro esa tarde: “É o que ten esta terra do Condado, cando pejha, pejha”; me dijo antes de perderse rápidamente en busca del refugio hogareño.

EL CAMINO DE LA VIDACómo cambiamos tanto sin darnos cuenta. Nací, crecí y me hice adulto en una ciudad de más de trece millones de habitantes. Lo más normal del mundo. Cuando las circunstancias lo permitieron, eso de dibujar letras sobre papel me llevó a salir a caminar un poco. Primero Nueva York; más de lo mismo; porque ya puesto en eso de esquivar gente no encontré mayor dificultad que la de comunicarme como lo habría hecho Tarzán en sus primeros diálogos selváticos.
Después otro salto hacia la vieja Europa, Barcelona y Madrid. Colaboraciones en medios de una y otra ciudad. Obviamente, menos dificultades con el lenguaje, salvo giros idiomáticos y algunas construcciones sintácticas, aunque, en aquellos tiempos, se abrió un abismo tecnológico. El tremendo salto que significó pasar del mundo de la Olivetti al universo del Macintosh (aquel pequeño modelo Classic que me dio tantos dolores de cabeza). Hoy no podría vivir sin ellos.

LA VIDA Y EL AGUALuego los afectos, los personales, los familiares y los colectivos me trajeron a Galicia. Tantas cosas han pasado en estos treinta años que aquí me quedaré hasta que mis etéreos restos se depositen quién sabe dónde…
La temperatura seguía aumentando y decidí volver. No sin antes visitar uno de mis sitios predilectos, un pequeño recodo donde un añoso sauce presenta sus respetos al río. Alguien colocó allí un banco estratégicamente ubicado desde el que se obtiene una magnífica impresión. Nada más sentarme recordé que este mismo río encauzado y ágil que tenía frente a mí, durante su desenfreno invernal extendió su abrazo de agua hasta cubrirlo todo. Ciclos, altibajos, alteraciones…, como la vida misma –pensé de camino a casa–.

Fotos y texto: Daniel Soto. Periodista jubilado

5 comentarios en “Rios de vida

  • el 13/10/2016 a las 10:33 am
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    Bienvenido a nuestro blog, Daniel. Es muy interesante saber cómo transcurre la vida de un jubilado que se pateó una buena parte del mundo.
    Saludos. Gloria.

    • el 16/10/2016 a las 9:55 am
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      Gracias Gloria. Estaremos en contacto.

  • el 13/10/2016 a las 8:20 pm
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    Al final conseguimos que te unas a la revista. Es todo un honor darte la bienvenida Daniel. Sé que tienes muchas cosas y temas interesantes de los que hablarnos. Esperamos y deseamos más crónicas tuyas. Un abrazo. Alex

    • el 16/10/2016 a las 9:56 am
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      Muchas gracias Alex, eres muy amable.

  • el 16/10/2016 a las 3:46 pm
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    Gracias mestre.quédame moito que apewnder

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