¡Respetable público! Telebasura

Y lo decía alto claro con una, al menos, aparente convicción, pues para él los allí presentes eran “su” público, y ante ellos asumía la responsabilidad de no decepcionar ni engañar a “sus” espectadores, por modestos que fueran. En definitiva, por acudir y tomarles en serio, los elevaba sin más, a la categoría de respetables.

Mucho ha llovido desde entonces. Y mucho me temo que esa lluvia ha erosionado o al menos contaminado la carga de dignidad y consideración que se traduce en respeto hacia el público, léase ciudadanía o pueblo.
Me pregunto, y traslado la pregunta o duda al amigo lector, sobre si puede sentirse respetado el público que comparece ante determinados espectáculos de las cajas tontas, y siente como su persona es objeto, de lanzamientos inmisericordes, de detritus biológicos en forma de historias cargadas de las mas repelentes miserias humanas, la mayor parte de ellas falsas, y que, sobre todo, en buena lógica a nadie debería interesar.

¡Respetable público! TelebasuraQue alguno de estos programas, al parecer, figuren cono de “gran audiencia” puede dar una idea del grado de contaminación o toxicidad mental y moral, al están sometiendo al respetable.
Entiendo que la primera condición que es exigible por parte del respetable es reclamar de quienes están obligados a hacerlo, no sólo dignidad y consideración (o sea, respeto) sino además comparecer revestido de algo tan vital como es la credibilidad. La verdad de frente, sin mutilaciones y con especial énfasis en lo trascendente. Si se le priva de la verdad, la persona se convierte en un ser indefenso y sin posibilidad alguna de ser respetable

En aquellos tiempos de los “títeres”, y hasta no hace mucho, una información tenía muchas posibilidades de ser veraz, por el simple hecho de haberlo “escuchado en la radio”, “visto en la tele” o “salir en los periódicos”.

Ya no es así. Los medios de comunicación de masas ya no se mueven por criterios deontológicos y morales encaminados a buscar el bien a través de la verdad. O sea, a ganarse el respeto del público receptor. Su único y gran objetivo: la cuenta de resultados.
Esto nos ha llevado a la reflexión de dudar sobre la existencia de la verdad y pensar que tal vez ya no exista, y simplemente se fabrica en forma de “relato” encaminado a sumergirnos en los grandes dogmas o corrientes de opinión de la que ya casi es imposible evadirse. Sin olvidar que tal vez la peor de las mentiras sea aquella verdad que se oculta conscientemente.

Por que hoy ya no es respetable la persona culta, el maestro, el artesano, el artista, el filántropo y demás especies en franca extinción. El triunfador actual es aquel que más cosas posee y de las cuales hace alarde. Estamos ante la gran mentira y la carrera irrefrenable hacia un consumismo infinito. Es la globalización la que manda y marca el calendario de tu vida. Ya no es “El becerro de oro” y sí obviamente el oro del becerro.

Y si no te integras en la manada, tu libertad podrá ser muy dudosa, pero lo que si es seguro que lo que hoy se entiende como respetabilidad, habrá dejado de existir.

Una mínima reflexión sobre lo respetable y la verdad en la sociedad actual, no permite un optimismo excesivo, si bien tengo la convicción de que muchas conciencias comparten conmigo esta inquietud, y por ello permanecerá viva la esperanza (que dicen que es “lo último que queda, cuando ya no queda nada”), de que posible que algún día no lejano, muchos poderosos, tengan muy presente valores como dignidad, verdad, respeto, y, sin tener que soportar un sonrojo insoportable, antepongan a sus mensajes, con sinceridad, la frase de:

RESPETABLE PÚBLICO.

Isidro Martínez

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