Recuerdos de mi niñez

libreta-de-racionamiento-cuba-2007De los recuerdos de mi infancia, recuerdo uno que me dejó un regusto de aventura, con lo que creo que todos los niños soñamos. Yo era (y soy) bastante tímida, pero como todos los tímidos, me gustaba que me encargaran algo (para mi importante) para demostrar que era valiente y decidida.
Eran los tiempos de la posguerra y como tal el racionamiento en el que nos daban unas cantidades de provisiones previa la presentación de una cartilla, consistía en lo más esencial, aceite, harina, azúcar y algo más, como esto, la verdad, no nos llegaba, pues mi madre iba a comprar cosas de estraperlo.

estaciondeferrocarril04El foco principal de esta actividad estaba situado en el barrio de Casablanca (que aún sigue conociéndose por ese nombre), calle Brasil, Cuba, México, etc.. Cuando iba a comprar mi madre me llevaba con ella, y ahí empezaba mi aventura. Casi todas las estraperlistas (no sé por qué) vivían en los bajos y estaban muy vigiladas, de vez en cuando había una redada y cogían a alguna, le ponían una fuerte multa y hasta incluso alguna iba a la cárcel, por esa razón me llevaba mi madre, pues ella llamaba, decía quien era y le abrían, entonces yo me quedaba en el portal o salía a la calle, hacía que jugaba a la mariquitilla y vigilaba ¡qué emoción! cada vez que alguien pasaba por la calle mi adrenalina se disparaba, hasta que pasaba de largo y se iba. Entonces respiraba tranquila, salía mi madre con la bolsa, mientras no salíamos de la calle no estábamos tranquilas pues nos podían parar y ver lo que estaba dentro de la bolsa, casi siempre era lo mismo, aceite, azúcar, café (este no podía faltar pues mis padres eran muy cafeteros) y sobre todo harina. Como el pan también estaba racionado un bollito por persona ( a mi desde luego no me llegaba a nada) entonces mi madre hacía unas bollas de pan en el horno de la cocina de carbón que olían a gloria y mejor sabía, claro. Muchos años duró en mi mente el olor de aquel pan y creo que es el motivo por el cual me sigue gustando el olor del pan cuando paso por una panadería

De todo aquello me quedó grabado el precio del litro de aceite que lo pagaba mi madre a cien pesetas el litro, quizá fuera porque años más tarde pagó también cien pesetas por las primeras medias que me puse para estrenar los primeros zapatos de tacón. Era la novedad de las medias de cristal. Las traían en los barcos que atracaban en el puerto, algún que otro tripulante que traía cosas del extranjero y que aquí vendía también de “estraperlo”

Creo que muchos de ustedes recordarán también estas experiencias vividas en su niñez, a mi me gusta recordarlas pues pese a todo viví una infancia feliz.

ESTRELLA.

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