¡Molestas tía!

Ocurrió mientras estaba esperando el autobús en una de las ’marquesinas’ de Vitrasa. Era un día frío y lluvioso. En el interior estábamos unas cuatro personas, una de ellas, una señora sentada envuelta en una bufanda y tosiendo de vez en cuando; en esto que llega otra señora: deja sus paquetes en el suelo, se acomoda en el banco, saca su cajetilla y mechero. A continuación se establece este diálogo entre las dos mujeres:

-Aquí no se puede fumar   (la otra señora sigue con su faena de prepararse a fumar)

-Le digo que aquí no se puede fumar (insiste la no fumadora tosiendo)

-¿Dónde hay un cartel que lo diga?

-A mí el humo me hace daño.

-Dígame ¿dónde hay un cartel que lo prohíba?, porque yo no lo veo. Decía la fumadora mientras manoteaba,  y señalaba el interior de la marquesina llena de anuncios, e, información de las distintas líneas que por allí circulan, e insistía:

-Yo no veo cartel que lo prohíba.

Y aquí terminó el intercambio de ideas, discusión, entre estas dos personas. Se sentaron dándose las espaldas la una a la otra, y la demás gente que estábamos cobijados nos fuimos a los extremos de la susodicha ‘marquesina`. Por supuesto que la señora se puso a fumar su cigarro, se levantó un momento a comprobar si llegaba su autobús, y volvió a sentarse. Por fortuna llegó mi autobús  y lo tomé.

Una vez acomodada, no dejé de dar vueltas a la desagradable situación vivida, pensando si el saberse comportar depende de un cartelito más. ¿Es qué la señora, no tenía toda la calle Policarpo Sanz para fumar?…  o, es que, no se daba cuenta donde terminaban sus derechos como ciudadana. En casos como éste me pregunto, dónde queda la educación y el respeto a los demás.

Recuerdo en alguna película antigua, ver a un arriero que llevando un carro tirado por un burro, para que el asno no se parase, llevaba delante estratégicamente colocada una zanahoria; así el animal no se paraba, pretendiendo comérsela sin alcanzarla. A lo mejor tendríamos llevar  un cartelito delante, con varios prohibidos  como: Prohibido empujar, prohibido gritar, prohibido colarse… prohibido, prohibido, prohibido…  llenaríamos la ciudad de prohibidos.

El gran dibujante Quino en una viñeta (hace años), presentaba a su personaje Mafalda en  un encerado donde había escritos varios prohibidos, ella escribía un gran: “prohibido prohibir”.

¡Que felices seríamos todos si no necesitáramos “cartelitos”. Sería una sociedad perfecta que habría aprendido a comportarse, y en la que no se había olvidado la palabra educación.!

Esther

Un comentario sobre “¡Molestas tía!

  • el 3 de diciembre, 2019 a las 8:23
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    Sería interesante reflexionar acerca de cuántas veces la actitud de los demás nos molesta y tomar nota de ello para no ser nosotros la causa de esa molestia.

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