Permanecía con los ojos cerrados

Permanecía con los ojos cerrados, inmóvil, absorto, como en éxtasis. Con todo aquel bullicio de la gente acomodándose en los vagones, el buen Tathagata, concentrado, abstraído, en quietud total.

Me acerque muy despacio, para no perturbar su meditación.

Ni se había dado cuenta de mi presencia.

Sin hacer ruido, sonriendo me senté frente a él, esperando darle una gran sorpresa cuando abriera los ojos.

Por ello me sobresaltó oír su voz, sin cambiar su estado contemplativo.

─ Hola, Anand. ¿Cómo estás? ¿Es una alegría que nos volvamos a encontrar?

No sabía que decir.  De pronto abrió los ojos y se echó a reír con tanta gana, que me contagió al momento.

Entonces pensé en que ni sabía porque nos estábamos riendo.

Y Tathagata me volvió a sorprender.

─ Yo me río de la cara tan cómica que has puesto cuando te saludé.

─ Estabas con los ojos cerrados, meditando, ni me habías visto y de repente me saludas como si tus párpados fueran transparentes.

Volvió a reírse.

─ Anand tienes que aprender a ver no solo lo que parece que ves, sino lo que realmente sucede.

─ Entonces ¿solo fingías? ¿No estabas meditando?

─ Te vi cuando llegaste y subiste al tren. Entonces supuse que en cualquier momento me verías y esperé a que llegaras, meditando. Siempre es bueno meditar.

Entonces me di cuenta de lo sucedido y me reí también.

Tenía razón el budista. Hay que poner mucha atención y no dejarse llevar irreflexivamente por el primer golpe de vista.

Vi la escena. Yo había llegado a la estación, me había despedido de Indira y Madhur.

Me subí despreocupado al vagón, sin pensar en todos los peligros que me acechaban.

Igual que me había visto Tathagata, cualquier podía observarme sin que yo me diera cuenta.

Necesitaba un aprendizaje y llegué a la conclusión de que la compañía de Tathagata me resultaría beneficiosa.

El tren no era el mejor lugar para mantener una conversación tranquila, en la intimidad.

Cuando mire hacia mi compañero, me pareció como que el seguía el hilo de mis pensamientos.

¿podría confiarme? ¿Le podría decir que mi vida corría peligro?

Pero yo no sabía realmente quien me perseguía, ni porque.

Madhur me había explicado que mi viaje a Bangalore ya no sería directo, ni en autobús.

En Pune debería permanecer dos días al menos, como un turista.

En el móvil que me procuró habían instalado varios programas de redes sociales, de comunicaciones, con una vasta red de contactos, igual que cualquier joven de mi edad.

Me llegarían de mensajes, que respondería como si fueran amigos o conocidos con los que mantenía relación.

Me proporcionó un sistema de claves que cambiaban constantemente, dependiendo de unas variables, relacionadas con la fecha, hora y lugar.

Al ver un mensaje, no me sería difícil saber si se trataba de un texto en clave. Tendría que interpretarlo con los códigos de lectura que figuraban en un blog, que solo podía usar una vez, pues se destruía cada vez que lo usaba.

Ese era de momento mi medio de comunicación seguro.

De todos modos, para no dejar huellas, el cambio de dispositivo sería frecuente.

También podría utilizar el correo postal.

Todo esto lo repasaba en mi memoria, mientras miraba a Tathagata.

La conclusión es que no debía confiar en nadie que no estuviera en mi red de contactos.

Tathagata era un desconocido, aunque su presencia me daba confianza y seguridad, sin saber porque.

Mi vida se había vuelto muy complicada, sin embargo me sentía feliz.

Se formaban lazos de amistad, en mi apenas iniciado viaje. Y no podía mantener contacto con nadie, mientras durase mi viaje.

Un viaje hacia no sabía dónde. De momento a Pune.

A partir de ahora, ya no disponía de un itinerario planificado previamente.

Ignoraba no solo la meta de mi viaje, también las etapas. Cada uno de mis destinos, es como si fuera fruto del capricho, la improvisación, no de un plan previamente diseñado.

De momento sabía que tendría que llegar a Bangalore. Pero desconocía que camino seguir y el tiempo que tardaría en alcanzar esa meta.

Nadie debería sospechar que mi viaje estaba plagado de metas importantes. Era imprescindible que esas destinos no fueran detectadas como tales.

Cumpliendo pues, con mi papel de turista, despreocupado y feliz, mis temas de conversación, que podrían ser escuchados, no proporcionaran ni la más leve pista a mis perseguidores.

Si mi propio camino era desconcertante para mi, supongo que también lo sería para mis perseguidores.

Por eso, todo lo que pudiera aprender de Tathagata, debería ser el producto de la curiosidad de un muchacho, sin otro interés oculto.

Mi viaje debería estar plagado de pequeños senderos que no llevaban a ninguna parte.

Miré sonriendo a Tathagata como si pudiera comprender todo el galimatías que bullía en mi cerebro.

Se me ocurrió entonces ue podría llevar un diario. En lugar de ser un diario íntimo, sería algo destinado a ser leído.

Después de todo este batiburrillo de pensamientos, un destello alegre se expandía en mi cerebro: que la compañía de Tathagata sería muy agradable, un lazo más, que guardaría como un tesoro en mis recuerdos.

 

La aventura de la vacunaciónJesús Muñiz González

2 comentarios en “Permanecía con los ojos cerrados

  • el 10/06/2021 a las 9:27 am
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    Muy bonita historia !fantástica!!

    Respuesta
  • el 12/06/2021 a las 2:08 pm
    Permalink

    Hola jesus buenos días muy bonito cuento el tenía ojo biónico podía ver sin abrir los ojo

    Respuesta

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