Palabras de gratitud (II)

Un millón de palabras no pueden hacer que vuelvas. Lo sé, porque lo he intentado. Tampoco un millón de lágrimas. Lo sé porque he llorado hasta no poder más.

Tal vez lo único que duele más que decirte adiós es no haber tenido la ocasión de haberme despedido de ti.

Nuestros recuerdos de ayer durarán toda una vida. Guardar los mejores, olvidar los demás.

Soñar como si fueses a vivir para siempre y vivir como si fueses a morir hoy mismo.

Los recuerdos construyen un camino que llega hasta el corazón y logra que los amigos siempre se sientan muy cerca, aunque en realidad estén muy lejos el uno del otro.

Nunca digo adiós a nadie. Nunca dejo que las personas más cercanas a mí se vayan. Me las llevo conmigo adonde vaya.

H. Pérez

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