No pierdas la ocasión de hacer el bien

No pierdas la ocasión de hacer el bien, es algo que nunca olvidaré.

Ocurrió que tuve que hacer un cursillo de técnicas de venta en un monasterio franciscano. Los jefes consideraban que aquel lugar era idóneo para meditar y aprender. Tuve que compartir habitación con un hindú.

Como teníamos bastante tiempo antes de la primera charla decidimos dar un paseo y así, paso a pasó me contó una historia.

Un padre tenía dos hijos: Juan Mayor y Juan Menor.

Era un hombre enamorado del nombre de Juan.

Para distinguirlos mejor diré Juanma para el mayor y Juanmy para el menor.

Juanma era bueno y trabajador y se fue pronto de casa para hacerse a la mar. A Juanmy lo que más le gustaba era la sopa boba y no hacía nada.

Juanma regresó después de varios años.

Cuando llegó se vio huérfano y a su hermano Juanmy dueño de todo.

Juanma, al ver que su hermano no lo reconocía, sonriendo le dijo:

— ¿Es que no me conoces?

Juanmy le contesto desabrido.

— Ni te conozco ni me importa.

regresó a sus quehaceres, o sea, a no hacer nada. .

Juanma no se inmutó y se dio a conocer muy afable. Juanmy le habló como si fuera un perro.

—Pues vete al granero; allí hay un arcón que es todo lo que nuestro padre te ha dejado —y dándose media vuelta regresó a sus quehaceres, o sea, a no hacer nada.

Juanma fue al granero y halló un arcón muy viejo. Y se dijo:

— ¿Para qué quiero yo este arcón tan viejo? —Decidió convertirlo en leña para calentarse. Se lo echó al hombro, fue al lugar donde se hospedaba y empezó a hacerlo pedazos con un hacha.

Pero en esta faena, saltó un cajón secreto y allí había un recibo de un dinero que se le adeudaba a su padre. De inmediato se fue a cobrar. Y ¡Oh, sorpresa! Cobró.

Poco después Juanma se encontró a una mujer en la calle que lloraba como una fuente. Al preguntarle ella le explicó que su marido estaba muy enfermo, no tenía dinero para curarle y un acreedor se lo iba a llevar a la cárcel.

Juanma fue generoso.

—Pues no se apure, que yo me hago cargo de la deuda y también de la curación de su marido; si se muere, también me hago cargo del entierro.

Y así lo hizo. Claro que cuando terminó de pagar todo, incluido el entierro, ya no le quedaba ni un céntimo.

Entonces pensó: «Ahora tengo que ver cómo puedo ganarme la vida».

Así que se fue a servir al rey en su palacio, y entró de mozo.

Pronto se ganó la confianza del rey y fue ascendiendo hasta ser hombre de confianza.

Entretanto, su hermano se arruinó y le escribió una carta pidiéndole ayuda

Juanma lo recomendó al rey y le encontró un empleo en palacio.

Juanmy, se llenó de envidia al ver cómo el rey distinguía a su hermano. Y decidió buscarle la ruina. Como él era ruin.

Siempre tenía la oreja recogiendo los chismes de palacio, así se enteró que el rey estaba enamorado de una princesa llamada Florinda.

Pero el monarca estaba ya caduco y a Florinda no le gustaba nada como marido, por lo que se había escondite y nadie sabía dónde.

Juanmy fue a ver al rey y le contó que su hermano sabía dónde se ocultaba Florinda y que se trataba con ella. El rey se encabritó y mandó llamar a Juanma y le mandó que trajera a Florinda en una semana o le estiraría el cuello colgado de una cuerda.

Juanmy, pensando cómo podría encontrar a Florinda, se fue a la cuadra, triste y pensativo, entonces reparó en un caballo blanco, flaco y viejo, que al verle entrar le dijo:

—Monta en mí y no te preocupes de más.

Se sorprendió al oír hablar al animal sin embargo montó en el penco y echaron camino adelante. Al cabo de un buen rato, dijo el flaco:

— ¿No traes pan en tu bolsa? Pues échaselo a esas hormigas que se afanan en el hormiguero, que falta les hace.

Las hormigas iban como locas buscando algo de comer y no encontraban.

El joven protestó:

— ¿Y qué voy a comer yo?

El caballo le exhortó:

—Tú dáselo, no pierdas la ocasión de hacer el bien.

—Anda, apéate y libera de las redes a ese pobre animal.

El muchacho  rezongó:

—No tenemos tiempo para entretenernos en eso.

Insistió el animal:

—Tú libérala, no pierdas la ocasión de hacer el bien.

Eso hizo y siguieron camino. Ahora encontraron un pez varado en la orilla que no conseguía volver al agua.

—Anda —le habló el caballo—, devuelve ese pez al río.

Juanma empezó a perder la paciencia:

— ¿Pero es que vamos a estar deteniéndonos todo el rato? Mira que tengo el tiempo contado para volver con la princesa a palacio.

El viejo cuadrúpedo no cejó en su empeño:

—Tú échalo al agua, no pierdas la ocasión de hacer el bien.

Naturalmente el bueno de Juanma no se resistió ante el repetido argumento.

Continuaron hasta un bosque umbrío y espeso donde el penco se internó sin vacilar; enseguida dieron con una hermosa casa donde estaba Florinda dando de comer a los animales de granja que tenía por allí. Entonces volvió a hablar la montura:

—Ahora yo empezaré a dar saltos y le gustará tanto a Florinda que querrá montarme. Cuando lo haga, daré coces y relinchos, ella se asustará; entonces apareces tú y le dices que tu caballo sólo quiere que lo monte su amo y que así se amansará; cuando ella consienta que montes, te subes y echaré a correr hasta llegar al palacio del rey.

De ese modo sucedió y Florinda comprendió que la llevaban robada; entonces dejó caer de su delantal al suelo el maíz que estaba dando a sus aves de corral y le pidió al joven que parasen para recogerlo.

Más el contestó:

—Pierde cuidado, que allí donde vamos sobran maíces.

Más adelante, al pasar bajo un árbol, tiró al aire su pañuelo, que se quedó trabado en las ramas más altas y le rogó al joven que se apease un momento para recogerlo.

Él no se inmutó:

—Pierde cuidado, que allí donde vamos sobran pañuelos.

Luego cruzaron un río y Florinda dejó caer una sortija y le suplicó al joven que se echara al agua para cogerla.

Y el imperturbable:

—Pierde cuidado, que allí donde vamos sobran sortijas.

Por fin llegaron a palacio rey justo cuando se cumplía el plazo para volver con Florinda; el rey se puso muy contento y decidió celebrar una gran fiesta de bienvenida.

Pero Florinda, en cuanto pisó el palacio, corrió a la alcoba que le habían destinado y se encerró allí sin querer ver a nadie, ni siquiera al rey, que le imploraba que abriera la puerta. Entonces declaró que abriría la puerta cuando le trajesen las tres cosas que había perdido por el camino.

El rey llamó a Juanma y le ordenó que fuera a buscar las tres cosas o mandaría que le separasen la cabeza del cuerpo con un hacha mellada.

Juanma, al que le gustaba tener la cabeza sobre los hombros, fue a ver al caballo blanco, más flaco y viejo después del viaje, y le contó sus penas; el flaco le tranquilizó:

—No te preocupes, monta en mí y vamos a buscarlas.

Pronto llegaron al hormiguero. Entonces le preguntó el penco:

— ¿Quieres tener el maíz?

El joven no estaba de buen humor.

—Oye caballo, bromitas ahora, como que no.

—Pues llama a las hormigas y diles que te lo traigan.

Así fue como las hormigas, agradecidas, le trajeron el maíz.

Luego fueron al árbol en cuyas ramas altas había quedado el pañuelo. El penco volvió a preguntar:

— ¿Quieres llegar al pañuelo?

Juanma se estaba cansando.

—Caballo, para ya. ¿A que venimos?

—Pues llama al águila que liberaste y pídele que te lo traiga.

Así lo hizo pensando en que este caballo se repetía mucho. Por fin llegaron al río donde Florinda dejó caer su sortija y Juanma pensaba afligido:

— ¿Cómo podría sacar la sortija del fondo con esa corriente tan fuerte, si ni siquiera recuerdo dónde la perdió?

—Pues llama al pez que salvaste de morir y pídele que te la saque del fondo del río.

Tenía razón el caballo y así lo hizo. El pececillo, al oír lo que el hombre quería, se zambulló al fondo y volvió a aparecer con la sortija en la boca.

Volvió Juanma al palacio lleno de alegría. El resultado de sus buenas acciones le había permitido recuperar las tres cosas.

¡Ay! Cuando se las llevaron a Florinda dijo que no saldría de su habitación mientras no friesen en aceite al atrevido que la había robado de su casa en el bosque. El rey le prometió que se haría así y mandó preparar la caldera de aceite.

En cuanto se enteró, Juanma fue a ver al caballo para despedirse de él y le refirió lo que el rey había ordenado. El penco relinchó:

—No te preocupes. Monta sobre mí y correré hasta empaparme de sudor; cuando esto suceda, unta tu cuerpo con mi sudor y échate confiado en la caldera.

Así lo hizo y, ante el asombro de todos, salió de la caldera tal y como había entrado en ella. Al verlo tan arrogante, que se diría que el aceite le había embellecido, Florinda se enamoró de él.

Entonces el rey, al ver lo que le había sucedido al Juanma, pensó que a él le sucedería otro tanto y se echó a la caldera, donde murió abrasado. Como el rey no tenía descendencia, el pueblo nombró rey a Juanma.

Una vez coronado Juanma habló muy serio con su hermano Juanmy y le mandó que se casara con la princesa como castigo. Le recomendó aquello de “no pierdas la ocasión de hacer el bien” y le asignó una renta para que levantara la hacienda de sus padres. Le instó a que se portara bien o acabaría en un calabozo trabajando en la limpieza de las cuadras.

Al fin se fue a ver al viejo penco para darle las gracias por la ayuda que le había prestado; y éste le sorprendió con su discurso:

—No me agradezcas nada. Has de saber que yo soy el alma de aquel desgraciado en quien te gastaste lo que tenías por salvarle y a quien luego enterraste; al verte tan apurado, pedí a Dios permiso para acudir en tu ayuda y devolverte el bien que me habías hecho.

Y Juanma nunca olvidó lo que decía el viejo caballo “no pierdas la ocasión de hacer el bien”.

En esto que sonó la campanilla del convento y nos fuimos a la sala de charlas.

 

Texto: Jesús Muñiz

No pierdas la ocasión de hacer el bien

3 comentarios en “No pierdas la ocasión de hacer el bien

  • el 30/06/2020 a las 5:26 pm
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    El camino de hacer el bien es un objetivo que debería ser universal, desde luego en este cuento se nos lleva hacia el de forma sutil y certera. Enhorabuena!

  • el 30/06/2020 a las 7:17 pm
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    Hola buenas noches Jesús muy bonito cuento hacer el bien da buenos beneficio. A nuestro corazón no llena de satisfacción y alegría sin esperar nada a cambio

  • el 04/07/2020 a las 1:01 pm
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    Muy bonito cuentoo!!

Los comentarios están cerrados.

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