Morirse sale caro

Imagen2En general se considera una buena idea haber contratado un seguro de decesos, para que llegado el momento todo resulte menos complicado.

En España, a diferencia de otros países, es muy común disponer de un seguro de este tipo, una póliza contratada previamente por la persona fallecida, que viene a cubrir el valor total de los gastos funerarios (o al menos de una parte de los mismos que puede llegar al 70 %, o de una cantidad fija cuya media está alrededor de los 2.000 euros, todo va a depender de la modalidad contratada…).

Se trata de una opción muy cómoda para los familiares, si bien, el valor acumulado de las primas pagadas suele superar, y bastante, los gastos reales. Es decir, que se considera un servicio cómodo pero caro. Esto es porque los servicios que proporciona dicho seguro, pueden obtenerse igualmente contactando con una empresa de servicios funerarios.

Por ejemplo: una persona de 60 años que invierta bien lo mismo que paga cada año en su seguro de decesos , podría dejar pagado su entierro y además unos cuantos miles de euros a sus herederos. En España la esperanza de vida de una persona de 60 años es de 20/25 años más; las primas anuales de un seguro de decesos para una persona de esa edad oscilan alrededor de los 250/300 euros y se actualizan según el coste de los servicios funerarios. Si se invierte anualmente la misma cantidad en productos financieros adecuados (de bajo riesgo), podrían acumular al cabo de 20 años, más de 15.000 euros

Un servicio funerario normal cuesta en España entre 3000/3500 euros, bajo el efecto de la inflación, en veinte años llegaría a costar unos 7.670 euros. O sea que con el capital acumulado en eses años sobra para pagar el funeral y dejar unos miles de herencia a sus familiares.

El seguro sería rentable si la persona se muere a los setenta años o antes (lo cual es poco probable según las estadísticas de esperanza de vida de los españoles)

Si lleva mucho tiempo pagando un seguro de ese tipo, valore si le compensa cancelarlo y perder lo pagado. Desde luego nunca lo haga para contratar un seguro de los que cobran cada año según la edad del asegurado. Otra opción más económica sería contratar un seguro de los llamados “de vida entera” y que duran hasta el fallecimiento del asegurado. (Maphre asegura un capital de 6000 euros crecientes anualmente al 3%, a cambio de una prima constante de 100 euros al año para los hombres y 39 euros para las mujeres).

Otra opción para hacer frente a estos gastos sería el seguro de vida de la persona fallecida, aunque con el inconveniente de que su percepción no es inmediata.

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Es importante tener en cuenta que los seguros de decesos no siempre permiten elegir libremente la funeraria que es en realidad la empresa encargada de gestionar y de realizar todos los servicios

Si no se ha contratado un seguro de este tipo, llegado el momento, habrá que buscar una funeraria. La oferta es amplia (Santa Lucía, El Ocaso, Maphre y otras), pero no tanto la información pues con frecuencia se niegan a ofrecer un presupuesto detallado e incluso una estimación.

El precio aproximado de los servicios funerarios oscila entre los 3.000 y los 3.500 euros, aunque varía en función de varios parámetros (tumba en propiedad, incineración o enterramiento, ataúd más o menos lujoso, etc.) y gestionan desde el fallecimiento hasta la sepultura incluyendo desde el traslado del cuerpo al tanatorio, hasta el entierro (o sea,  preparación del fallecido, ataúd, flores,  transporte, incineración, urna, trámites administrativos, lápida, esquelas, tanatorio, cementerio y ceremonia religiosa).

Si se opta por la incineración, el precio se reduce en unos 400 euros aproximadamente (el ataúd es más elemental y los costes de la lápida no existen, al mismo tiempo que los costes del transporte también se reducen, además de que las cenizas suelen depositarse en un columbario o esparcirse y ello es más barato que una tumba.).Respecto a la opción de la incineración es importante dejar bien aclaradas nuestras preferencias a los familiares, evitando así un motivo de discusión entre los mismos. La tendencia a elegir la incineración es menor en gente muy mayor.

Solamente una mínima parte de los fallecidos son velados en su propio hogar, a diferencia de antaño lo habitual es recurrir a un tanatorio (público o privado) en donde el cuerpo descansará una o dos noches. Las instalaciones suelen ser limpias y cómodas, y el personal eficaz y discreto, aunque hay ciertas críticas hacia la escasa disponibilidad de comidas y bebidas.

Aquellas familias que carecen de una tumba o un nicho en propiedad (que suele ser una concesión de hasta 99 años) optan por contratar una sepultura por unos pocos años.

El problema entonces puede surgir porque no siempre es posible elegir el cementerio, para lo cual se tienen en cuenta aspectos que se refieren a la conservación, los horarios de visita, el nivel de protección contra actos vandálicos, la señalización etc.

Algunos consejos:

  • Deje testamento (puede costar en torno a 60 euros) ya que de ese modo facilitará los trámites a los herederos e informe a sus familiares.
  • Guarde en un sitio fácil de localizar los documentos que acrediten bienes (escrituras, testamentos, pólizas, contratos…), siendo además conveniente la fácil localización del DNI ya que los familiares lo necesitarán para numerosos trámites.
  • Si hay seguros con beneficiarios, conviene que figuren con el nombre y los apellidos pues esto aceleraría el cobro de las indemnizaciones.
  • Averiguar si el fallecido tenía algún seguro de vida o de deceso que se haga cargo de los gastos del entierro o de la incineración.
  • No olvidar la fiscalidad y en las comunidades autónomas en las que sea posible, solicite a Hacienda que haga la liquidación del Impuesto de Sucesiones y si no es posible, al menos solicitar un aplazamiento.

Matuca

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