Mis impresiones de Rumania: un viaje intenso e interesante.

Hace unos dias volvímos  el grupo que nos fuimos de viaje a Rumania a finales de Junio, unas 40 personas. Cada cual ha visto y sentido este país a su manera. Yo, desde la mayor subjetividad, les cuento mis impresiones. El viaje fue intenso y un poco cansado porque hicimos muchos kilómetros en un viejo autobús. Recorrimos todas las regiones de Rumania, desde Transilvania, Moldavia y Valaquia. Aunque nos quejamos de esta cantidad de kilómetros, la parte positiva es que, gracias a este pequeño esfuerzo, pudimos ver cómo es este gran pais. Desde sus impresionantes bosques, belísimos, hasta la inmensa llanura donde donde hay una agricultura espléndida y ecológica.No es un pais pobre, sólo necesita unos años para industrializarse más.

Rumania cuenta con recursos naturales abundantes y excelentes, desde minerales a una  gran agricultura, donde la fruta es de un sabor como los de antes de los insecticidas.

Se come bien y en abundancia, y los hoteles son realmente cómodos , bonitos y límpios. Recuerdo con especial cariño el  Hotel “ALpin Hotel“, en pleno bosque de Transilvania y a pocos kilómetros del famoso castillo de “Drácula”. Habia niebla y lluvia. Lo cual le otorgaba otro encanto más: el del misterio. Y también el H. “Binder Bubi“, con una recepción toda de madera, sillones elegantes y habitaciones espaciosas. Indudablemente que la infraestructura hotelera en Rumania es de lo mejor. Y la relación calidad-precio excelente, no existe en otros paises.

Los bosques.

Pasamos con el bus entre bosques inmensos de abetos y árboles frutales. Paisajes de ensueño, a pesar de la lluvia. Y el Lago Rojo junto con las  Gargantas de Bicaz, fueron la gran sorpresa para mí: las montañas, el  agua y todo el entorno configuraban ese espacio único donde la naturaleza es la reina indiscutible. Por desgracia, yo considero que aquí paramos poco tiempo y no pudimos gozar al máximo de esta maravilla. Es un lugar para volver siempre, es eterno.

Los pueblos.

Obervo que los pueblos de la zona de Transilvania, en pleno medio rural, son de casitas, aparentemente, más pobres que en la zona de Moldavia. Son casas de madera donde viven los campesinos. En la región de Moldavia, estas casas son más grandes y todas tienen su huerta y una espléndida parra que cubre parte del patio donde se sale a tomar el sol o, simplemente, a jugar los niños  y charlar los mayores.

Las ciudades, Transilvania y Drácula.

Visitamos ciudades con un pasado esplendoroso y un gran patrimonio histórico, aunque aún necesitan una buena inversión para restauraciones. Visitamos Sinaia, en plena montaña de los Cárpatos y donde veraneaban los nobles de la época, con un impresionante castillo (el de Peles), también Braçov, con un interesantisimo casco antiguo falto aún de una buena inversión para restaurarlo, Poiana Braçov , donde se encuentra el pueblo de Bran y su famoso castillo de “Drácula“, aunque aqui hay mucho que matizar. El famoso vampiro, más es una creación literaria y  cinematográfica que real. En Transilvania saben muy bien la historia  del personaje, Vlad Tepes, ” el empalador”, cuya existencia sí fue un hecho real. Y lo del sobrenombre de Drácula, “hijo del diablo”, se debe al apelativo que los campesinos le pusieron a Vlad por llevar la insignia del dragón, heredada de su padre.

Sin embargo, el castillo que es muy sencillo por dentro, alberga  las historias de dos reinas, dos mujeres muy avanzadas para su época: la reina Iliana y su hija.

Continuamos hasta Sibiu, uno de los pueblos o ciudades pionero en el tema del turismo rural. Un pueblo con todo el encanto y lleno de nidos de cigüeñas. Aqui les recomiendo que vayan a visitar el Museo de los Iconos, pintados por los campesinos de la zona. Es  algo especial.

Y seguimos ruta a Sghisoara, con su torre del reloj, la vieja muralla, etc.

Los monasterios ortodoxos.

Otra buena y contundente razón para visitar Rumania. Siete de estos fabulosos monasterios están declarados, por la Unesco, Patrimonio de la Humanidad. Nosotros vimos cuatro. Para alguna gente del grupo les pareció mucho pero a mi, que soy una enamorada de la pintura y lo único, me pareció una experiencia irrepetible. Los monasterios albergan todo el arte, la mísitca y la belleza que se puedan imaginar, además de paisajes realmente espectaculares.

En el primero de ellos,  vivimos un  momento mágico. Las monjas ortodoxas nos invitaron a cantar una canción a la Virgen Maria, logicamente. Y el grupo, donde había excelentes voces de la coral, entonaron una hermosa canción que también fue seguida por estas monjas. Había silencio, voces armoniosas, y un recinto lleno de iconos religiosos de vivos colores rojos dorados, azules, verdes… que nos miraban desde todos los ángulos de la estancia, incluido el techo.

Les aseguro que más de uno nos emocionamos, porque aquello era realmente hermoso, lleno de paz y superaba todas las barreras de idiomas o religiones. Recordamos a los seres queridos y los iconos estallaban en color y vida.

Atravesando la cadena montañosa de los Cárpatos.

Nuevamente el paisaje y las montañas de este gran país que es Rumania, me volvieron a emocionar. Aún quedaban restos de nieve en la cima de los Cárpatos, y los bosques cerraban  las montañas, mientras miles de pájaros saludaban a quién sabe escuchar. Son montañas con leyendas, con osos y caza mayor, lagos y árboles frutales de cerezas o frambuesas, entre otros.

También hay balnearios con aguas especiales para todo tipo de dolencias y un aire puro, lleno de ozono, y pueblos encantadores y, sobre todo, silencio y árboles majestuosos.

Comemos en uno de estos pueblos, en la casa de unos campesinos de la zona. La comida es rica y abundante. Nos tratan con verdadera hospitalidad y diligencia. El lugar en muy bonito, con la parra, el patio, las flores, los lugareños que toman el sol. Una forma de vida sin prisas, sostenible, en el consumo y en los ritmos.

Las gentes.

Como decía, las gentes son hospitalarias y educadas. Tal vez más serios que los españoles, que somos de risa fácil y una alegria a prueba de desgracias. Estas gentes  nos trataron con una sonrisa en los labios, con la máxima educacion y respeto. Se esforzaban por entendernos y  más de uno nos preguntó si nos gustaba Rumania. En todo momento me sentí a gusto en el país.

También vimos grupos de étnia gitana, con sus peculiares vestimentas, las mujeres con faldas llenas de color, sus niños y su costumbre de pedir a todo humano que se les acerca.  Pero son un grupo reducido que, podemos decir, viven a su manera. Y también nos dejaron hacer fotos en una boda gitana con la que coincidimos, por casualidad, en una cena. Fue algo único en cuanto a la puesta en escena, los trajes, las bellisimas gitanas, etc. Toda una experiencia inolvidable como la mariposa que llevaba la madrina en la tripa de señora embarazada. Gitanos que nos trataron con total cortesia y cariño al decirles el compañero Paco, el fotógrafo de la revista que no se le escapa ni una,  que éramos españoles y que si les podia hacer unas fotos. Hicimos fotos todos, cantamos a la novia y les plantamos un par de besos.  Pero todo esto y más , ya lo está preparando mi querido compañero Paco que hizo un excelente reportaje fotográfico para la revista.

Bucarest.

Todo en ella es grandioso, las avenidas entre árboles, los edificios que se salvaron de la época de la dictadura, el propio palacio del Parlamento que mandó construir Ceauşescu , el segundo más grande el mundo después del Pentágono.

Bucarest está llena de museos, árboles y calles con carril bici. Es una ciudad con elegantes edificios que aún esperan la mano del restaurador para volver a recuperar todo su esplendor. Pero, a pesar de las grietas, las heridas de muchos edificos,  la ciudad conserva su grandeza, esa dignidad del noble maltratado por el tiempo y sin fondos, pero con su orgullo y belleza intactos.

Me gustó Bucarest porque es una ciudad que invita al paseo sosegado, entre árboles y calles llanas, museos, terrazas y mercadillos.

Mi conclusión.

Rumania es un bello país que merece un viaje o muchos.  No  cabe duda que dentro de unos años alcanzará los nivles de desarrollo, en infraestructuras, sobre todo carreteras y autopistas, que ya tienen los paises de la CEE. Pero lo que deseo es que todo ese desarrollo que está llegando, no acabe con sus fabulosos bosques, su espléndida agricultura llena de frutas con sabores como los de antaño y, sobre todo, que se produzca un desarrollo sostenible que no arrase con todo lo bueno que ya tienen.

He de añadir que en todo el viaje nos acompañó una guia rumana, Cristina, que nos facilitó mucho nuestra estancia. Una buena profesional atenta a que se nos atendiese más que bien, sobre todo a la hora de las comidas, hoteles, conocimiento del país, etc. Nuestro agradecimiento a ella y a Lionel, el conductor rumano del viejo bus que demostró lo bien que sabe esquivar los baches de  las carreteras.

Mi consejo:

Hagan una escapada a Rumania cuando puedan porque descubrirán un pais precioso, con buena gente y maravillas como los bosques, los monasterios y, también, cremas especiales de la doctora Astlan contra el envejecimiento y las manchas de la piel. De esto último sabe bien el grupo que acabaron con todas las reservas de estas cremas que se venden en las farmacias  y, lo mejor, a buen precio.  Seremos el grupo que no envejeció ni les salió arrugas. Y el secreto está en este viaje a Rumania, además de las cremas, el aire puro que respiramos en todo momento, y el agua de las montañas.

A.Garrido

 

 

 

3 comentarios en “Mis impresiones de Rumania: un viaje intenso e interesante.

  • el 13/07/2011 a las 1:39 pm
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    Me alegro mucho por pasarlo bien en este viaje y felicitades por tu reportaje y tus buenas palabras sobre Rumania.

  • el 14/07/2011 a las 10:36 pm
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    ALEX ME ALEGRO MUCHO DE QUE OS LO HAYAIS PASADO MUY BIEN EN RUMANIA, ESPERO VERTE SIN UNA ARRUGA, UN REPORTAJE PRECIOSO. UN ABRAZO.
    ISABEL

  • el 12/08/2011 a las 1:05 pm
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    Ale, tu reportaje estupendo. Creo que no has dejado nada y que has recogido lo mejor del viaje. Bueno, lo mejor, siempre es lo que uno experimenta, vive y algunso pequeños detalles que se van a guardar entre los recuerdos entrañables, como aquella niña que pasó de colo en colo, la canción con las monjas en el monasterio y el cementerio en la casa del museo de los iconos rústicos. Conocer otras gentes, otras culturas, otros paisajes, hacen nuestro mundo más pequeño, familiar y entrañable.
    Un abrazo.

Los comentarios están cerrados.

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