Mi suegra Elvira: Un entierro sin precedentes

Mi-suegra-El día que muera me gustaría que mi cadáver fuese trasladado a  Peinador; al palacio de congresos y exposiciones, para que el pueblo de Vigo pueda llorar recogido en su dolor, y despedirme durante varios días, como me merezco.
-Pero mamá ¿Qué estás contando? –Pregunta Charo.
-Los detalles que debe tener mi funeral.
-¿Tu funeral?
-Me gustaría que las miles de flores que enviarán, fuesen coronas de rosas blancas, porque son un símbolo de la pureza que ha rodeado mi vida. Todas muy frescas, y solo humedecidas por el rocío de la noche.
-Vamos a ver…
-Sobre el hermoso féretro de madera de cerezo –Interrumpe mi suegra Elvira- Deberá lucir una bandera de España, otra de Galicia, y por supuesto la de Vigo, sin olvidarnos de la de Corujo, situada discretamente en una esquina.
-¿No hablarás en serio? –Pregunta Charo sirviendo a su madre una taza de café con leche.
-La caja tendrá que ser muy grande, porque quiero que me pongan coronando mi hermosa cabeza, la mantilla española, luego deberán maquillarme y pintarme las uñas de un color fucsia discreto, situando sobre el vestido blanco de seda salvaje, la banda de Miss Corujo.
-Me quedo parva total –Responde Charo con la boca abierta.
-Son mis últimos deseos, para que vosotras mis hijas los cumpláis en el momento que abandone este mundo –Contesta Elvira cogiendo dos magdalenas– ¿No tienes sacarina? Ya sabes, por lo de mi diabetes.
-¿Como vamos a exponer tu cadáver en Peinador?
-Ya te lo dije, para que el pueblo de Vigo pueda despedirme, llorando y sufriendo mucho, por la gran pérdida para la ciudad.
-Pero si nadie te conoce.
Charo acerca la sacarina mientras Elvira mira a su hija con cara  de odio antes de responder:
-¿Ya te olvidaste que soy hija predilecta de Corujo? Hasta me concedieron la llave del pueblo, en una caja de terciopelo con preciosas incrustaciones chapadas en pan de oro de catorce kilates…
-Yo no recuerdo que te dieran esa llave.
-Una llave ¡¡Preciosa!! Todavía la conservo, aunque no se bien como usarla.
-Es algo simbólico, no te la entregan para que la uses.
-Pues lo que nadie podrá negar jamás es que además he sido, la esposa del director de una entidad bancaria, y por lo tanto primera dama de la citada sucursal con representación en la ciudad olívica viguesa.
-Eso fue hace años, y nadie le da importancia.
-Que equivocada estás… Durante mucho tiempo, solo con ver que llegaba al portal de casa, me abrían la puerta inclinando la cabeza, mientras me decían “Buenos días, Doña Elvira” al tiempo que sujetaban  la puerta para que entrase dignamente, haciendo honor a mi importante rango.
-Era el portero del edificio, que te llamaba Doña Elvira, como a cualquiera de las vecinas que allí vivían.
-¿Por qué dices a cualquiera? Acaso insinúas que soy una cualquiera.
-No mamá… ¿Cómo voy a insinuar que eres una cualquiera? Eran otros tiempos y a la gente con cierto estatus social tenía tratamiento de don o doña… pero esos tiempos han pasado.
-Tú acabas de decirlo, yo tenía estatus social, porque siempre he sido una persona muy de mi misma, en mi idiosincrasia personal, proyectada hacia los demás, como un espejo en que mirarse, dechado de virtudes y valores, rodeados todos ellos, dentro de una indiscutible elegancia, asumiendo el innegable reflejo de lo más noble que posee esta maravillosa ciudad gallega.
Charo  mira a su madre con asombro y desconcierto antes  de responder:
-Por favor… Sálvame.
-Pásame dos magdalenas más que están muy ricas, en la bolsa pone que son caseras y las hacen con huevos de gallinas camperas en una fábrica de Verín… ¡¡Ay Dios mío, esta vida no llega a viejos!!

Texto e Imagen:  Miguel A. Méndez González

9 comentarios sobre “Mi suegra Elvira: Un entierro sin precedentes

  • el 4 de octubre, 2015 a las 11:14
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    Un buen rato de humor para un día de lluvia.
    Como siempre un relato estupendo.

    Santiago.

  • el 4 de octubre, 2015 a las 21:00
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    Me ha gustado mucho leerlo, siempre me saca una sonrisa. Menuda imaginación tiene, es estupendo.
    Atentamente
    Guadalupe Aguilera..

  • el 5 de octubre, 2015 a las 3:52
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    Como bien dice Guadalupe, imaginativo y siempre nos saca una sonrisa cuando no una carcajada.

    Con afecto. Isabel.

  • el 5 de octubre, 2015 a las 10:18
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    Una primera dama viguesa, importante y carismática, escrita con gran sentido del humor. Todas las banderas para ella y la llave de Corujo, por supuesto.

    R.

  • el 5 de octubre, 2015 a las 10:55
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    Me hace reír y me sorprende esta suegra. Maravillosos relatos de humor, todos muy divertidos y con bastante ironía.

    Saludos.

  • el 5 de octubre, 2015 a las 12:10
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    Mi suegra Elvira se convertirá en un clásico. Tremendamente divertida.

    Enhorabuena.

  • el 5 de octubre, 2015 a las 13:58
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    ¡Pobre doña Elvira! La frase de moda de ahora: “Perdió el oremus”.
    Ella solita se aplica ascensos de categoría. Me reí un rato.

  • el 6 de octubre, 2015 a las 16:46
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    mucha gente deja comentarios. A mi tambien me gusta mucho la suegra Elvira. porque me río con ella.

    Estela.

  • el 8 de octubre, 2015 a las 12:17
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    No puedo dejar de agradecer todos los comentarios que dejáis perdiendo un tiempo en escribirlos. Muchas gracias a todos.

    Miguel.

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