Mi huésped cumplió su palabra

Mi huésped cumplió su palabra, porque cuando le avisé para cenar me dijo que tenía bastante para leer de su odisea.

Lo cierto es que me sentía muy bien acompañado con este muchacho y estaba deseoso de leer lo que había escrito.

Mi huésped cumplió su palabraHabía preparado para cenar unos huevos rotos con jamón.

Anand era un comensal muy agradecido pues comía con el entusiasmo propio de sus pocos años y lo encontraba todo exquisito.

Yo me sonría, pensando que no hay mejor condimento que un buen apetito.

Así que mientras cenamos charlamos animadamente y me preguntó sobre el lugar donde vivía, los vecinos.

Naturalmente también hablamos del tema de su presencia. Él me dijo que quería contribuir a los gastos, pues no quería resultar una carga.

Aun disfrutamos de una agradable sobremesa. Luego me dijo que todavía no tenía todavía su reloj corporal habituado a los horarios del país y que se iba a acostar.

Nos dimos las buenas noches y me dispuse a leer lo que había escrito.

Su relato comenzaba repitiendo lo que ya me había contado acerca de su nacimiento hasta su viaje de Burhanpur a Mumbai. Así que todo eso lo leí deprisa para seguir donde lo había dejado…

“El viaje a Mumbai se me hizo breve en tan amena compañía. El se llamaba Tathagata.

Me preguntó si conocía algo sobre el budismo y al comunicarle mi ignorancia sobre el tema y al mostrar yo interés por saber, me estuvo explicando largo y tendido sobre ello.

Quiso saber qué opinaba acerca de cuanto me había dicho y naturalmente le expliqué que yo era católico, una especie rara en su país.

Apreciaba todo cuanto me había explicado pero que no compartía especialmente su doctrina acerca del sufrimiento.

Yo entendía que no se debe sufrir por sufrir, pero que aceptarlo cuando es necesario forma parte de la vida y no nos hace infelices, al contrario.

Yo no podía darle grandes razones acerca de mi fe pues tenía poco conocimiento aún. Sin embargo la fortaleza de mi creencia se basaba en el encuentro personal con Jesús y esa experiencia me fortalecía de una manera especial.

Con mis pocos años había sufrido bastante y creía que me quedaba mucho todavía, pero no tenía miedo al sufrimiento. El amor de Jesús lo supera todo.

Tathagata quedó admirado cuando expuse con toda sinceridad como el amor al Dios de Jesús era un amor filial, pues Él nos había constituido en hermanos y Dios es Padre nuestro.

El conocía la letra del Padrenuestro, pero cuando yo le expliqué mi sentimiento en cada una de las peticiones, se sorprendió, pues nunca lo había entendido de aquel modo.

Durante el viaje tuvimos que pararnos varias veces, pues como es costumbre en el país, pasamos varios controles de la policía.

No tuve ningún problema. Y de este modo, 9 horas desde que salimos de Burhanpur llegamos a nuestro destino.

Allí me despedí de mi Tahtagata, suponiendo que no volveríamos a vernos. Pero no sería así, como se verá más adelante.

En cuanto quedé solo me dirigí al puerto, pues allí tenía que encontrarme con una familia.

Llevaba la dirección en mi cabeza. En la estación me hice con un plano de la ciudad.

No es fácil orientarse en una ciudad con más de catorce millones de habitantes.

Cuando me adentré en una larga callejuela estrecha y solitaria, de pronto escuché pasos apresurados a mi espalda y antes de que pudiera volverme, sentí un fuerte golpe en la cabeza y perdí el conocimiento.

 

Jesús Muñiz González

Mi huésped cumplió su palabra

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