Menú anticrisis

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El viernes, el equipo de redacción, animado por Ale, nos fuimos a comer a una cafetería situado en pleno centro de la ciudad. Ale, nuestra periodista inquieta y avispada, había dado con un local donde se ofrecía un menú anticrisis a 2 euros. Habéis leido bien: DOS EUROS.
La cafetería es Moka y está situada en Policarpo Sanz, a pocos metros de Colón. Tenemos mesa reservada para comida-1las tres. Los dueños del local, Jordi y Gabriela, nos reciben sonrientes. Jordi, muy campechano, nos pide permiso para sentarse con nosotros, mientras tomamos un vino, antes de ir al comedor y se somete alegre a nuestra tanda de preguntas.
comida8“Yo soy catalán, de Hospitalet”, nos asegura, contundente. Le preguntamos como ha surgido la idea y nos explica que desde que la crisis está ahí, devorando la alegría e ilusión de los vigueses, el número de comensales descendió de 40 a 10 y algo había que hacer. Y se decidieron por este tipo de publicidad, ofrecer una vez a la semana, por 2 euros, lo mismo que por un menú de 9,50. La misma calidad, aunque no la misma cantidad. De ese modo, esperan recuperar la clientela, cuando vean la calidad del producto que consumen, confiando siempre en una buena materia prima y en su chef. Hoy fue un viernes, otro día será un sábado, para que todo el mundo pueda venir.
comida11La iniciativa ha sido un exito porque enseguida agotan las existencias. Como no le gusta que la gente espere, admite la reserva por teléfono para una hora concreta. “Es una manera de publicitar con el producto”, continua aseverando que es trabajo muy duro, “yo empecé yendo al mercado con ocho años” nos comunica en referencia a su dilatada carrera en el ramo de la hostelería. En cuanto a su experiencia en nuestra tierra en estos menesteres nos manifiesta que “Galicia es más que dificil”, “comer no es masticar”, aunque el es persona que no tiene comida4inconveniente en lidiar en plazas exigentes. “Yo se que el burro ha de ir delante del carro. A mi no me importa ser el burro que tire, siempre que alguien se suba al carro”.
Le preguntamos que opinan sus “colegas” ante su iniciativa y nos cuenta con pícara sonrisa que algunos le acusan de competencia desleal pero que se trata de una publicidad tan legal como atractiva para el cliente.
Nos adelante algo sobre proyectos futuros de cenas con música a la carta y nos añade que su gran apoyo es el chef, oriundo de Soria, que conquista los estómagos con su buen hacer en el fogón, además de un esmerado servicio. La charla es muy agradable, pero hay que comer, que para eso hemos venido.
comida3La mesa preparada y en ella nos acomodamos, Raquel, Germán, Tucho, Carlos, Angeles (nuestra fotógrafa hoy), Herminia, Ale y un servidor. Nos atiende una guapa chica de cabellos rubios y mirada dulce, con acento argentino, muy porteño, como que es bonaerense y comida2atiende por Rosana. La otra, igual de bonita, atenta y sonriente, premia mi sonrisa con beso afectuoso. Se llama Teresa Alvarez, de Vigo, justamente de Coia, así que le decimos de inmediato que de allí venimos nosotros, precisamente.
comida-4De primero nos sirven lentejas con setas. En la mesa, pan, vino y agua. El vino luce una etiqueta muy apropiada para una comida entre amigos: Faladoiro. Para mi gusto y algunos mas, las lentejas muy bien. Alguna voz comenta que necesitarían comida5comida6mas reposo o más sustancia. De segundo unos elegimos pescado y otros costilla asada. El sargo a la plancha exquisito y lo mismo parece que el asado. De postre macedonia de frutas. Los cafés e comida-7infusiones, son aparte.
El comedor de forma triangular, pequeño y acogedor, donde se puede conversar sin necesidad de quedarse afónico, completa el ambiente confortable que hemos percibido desde el primer momento. Nos ha convencido el local, la comida, los dueños y el servicio. Un aplauso para quien tiene ingenio y planta cara a la crisis con tan buen semblante y originalidad, cuidando además esa parte tan sensible de nuestro cuerpo que tantas satisfacciones nos da en la vida.
comida10Va finalizando nuestra salida gastronómica y estamos a punto de irnos, con algo de desilusión por mi parte pues Ale no nos ha sorprendido con alguno de sus originales atuendos. De pronto toma el bolso, un bolso indescriptible, mágico, infantil, fantástico, de donde extrae las más exotica funda de gafas que uno pueda imaginarse, digno diseño de un cuento infantil del año 3000. Lo sorprendente es que en lugar de las gafas, lo que hay dentro de la funda es un cepillo para el pelo. Esta si es mi Ale, sorprendente, graciosa, capaz de fabricar sonrisas bajo la lluvia.
Deseo y espero que no tardemos tanto tiempo en volver a ofreceros una salida tan interesante y alimenticia como esta, y no menos divertida, gracias a las sorpresas con que nuestra querida Ale nos regala.
Jesús

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