Lucha contra los incendios forestales.

Monted-quemados

 

 

 

 

 

 

 

Los incendios forestales son uno de los problemas que afectan a todo el mundo y sus efectos sobre los animales, clima, vegetación y otros muchos son notables. Y lo que es  más importante, la vidas humanas que todos los años se pierden, bien brigadistas, pilotos de avionetas y helicópteros, voluntarios o vecinos que, sin darse cuenta, se ven envueltos en un incendio. No solo es el impacto que nos puede ocasionar ver un monte quemado, que es desolador, también menor fertilidad del suelo, la ceniza hace que el agua de la lluvia resbale y no moje el suelo, desertización del mismo, contaminación de los ríos, cambio climático y muchos más efectos secundarios.

Tala-arboles

Hace años, del monte se aprovechaba todo, la madera, las piñas, arbustos, el tojo, el helecho, estos últimos principalmente para echar en las cuadras y que sirven de “cama”, para el ganado que a su vez es un buen abono. Ahora, a Galicia me refiero, muchas casas en el rural solo queda gente mayor y cuidar un par de vacas se les hace muy difícil y la juventud prefiere un trabajo en la industria que trabajar el campo, así tienen el fin de semana libre, por lo que el monte no está limpio.

Los municipios se dividen en parroquias, las cuales son las propietarias de los montes, los vecinos empadronados son comuneros, estos elijen su Presidente, Secretario, Tesorero y Vocales, que son los encargados de su buen funcionamiento. Algunas tienen terrenos de mucho valor como es el caso reciente de la empresa Eurofund, que les ofrece a los comuneros de Cabral, (Vigo) 18 millones de €. En el caso de tener mucha madera, como una parroquia que conozco un poco, tienen durante todo el año una brigada, con un todoterreno y su misión es mantener limpio el monte, considero que una brigada para tanto monte no es suficiente y no será por falta de dinero. Cuando venden un monte de madera, el maderero solo lleva el tronco que es lo que le vale, las ramas gruesas se las reparten entre los comuneros,  las hojas y ramas pequeñas no las quiere nadie, por lo que quedan allí. El deber de la Directiva es mandar hacer con estos restos, una quema controlada para mantener el monte limpio, esto raramente se hace. El pertenecer a la directiva de una comunidad de montes es como un caramelo para un niño, lo mismo digo de los montes privados. Ahora, sí cuando se produce un incendio su extinción la pagamos todos, no me parece justo y menos que la Xunta no vigile que cumplan con la limpieza de los montes.
Sabemos que la mayoría los producen incendiarios que raramente pagan su delito, muchos de ellos son exbrigadistas y, menos por negligencias, rayos, cristales abandonados (que como si fueran una lupa provocan el fuego) y,  creo que muchos son a causa de las colillas que se tiran desde los vehículos, de hecho muchos incendios se empiezan al borde de las carreteras, irresponsables conductores que parece que no tienen ceniceros.
Las Autonomías deben tener previstos cuantos medios sea posible para atajarlos, lo cual no considero que sea tarea fácil, sobre todo, cuando un monte empieza a arder por cuatro o cinco puntos al mismo tiempo. Este año la Xunta tiene previsto utilizar por primera vez, helicópteros con visión de infrarrojos así como globos aerostáticos. También se pondrán nuevas cámaras que detectan el calor y el humo, estas pierden parte de su eficacia en zonas de niebla. Se contrataran alrededor de 275 brigadas, además de las 125 que hay durante todo el año. Por su parte la empresa Natuctenia se encargará de llevar sus propios brigadistas a los lugares que lo requieran.
Esperemos, que ya que es imposible que los haya, que causen el menor daño posible a esta magnífica naturaleza que tenemos en toda España y especialmente en nuestra bonita Galicia. Recuerdo aquel eslogan que decía: “Cuando un monte se quema, algo tuyo se quema”.
En caso de que veamos un incendio que no estén actuando los brigadistas, debemos llamar inmediatamente a los teléfonos: Emergencias 112 o Guardia Civil 062.

Lo que a su inicio podemos apagar con una manguera casera, no podemos imaginar la magnitud que puede llegar a tener en poco tiempo.

Texto: Félix Antón


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