Los partos chungos de la reina

Los partos chungos de la reina es como nos dijo Aurora que continuaba el cuento del agua amarilla.

La verdad es que nos intrigó mucho con ese título: los partos chungos de la reina.

¿De qué se trataría?

Desde luego todos nos pusimos a escucharla con mucha atención.

Y de esta manera continuó el cuento.

Tal y como dijo el rey hubo tres bodas.

Las dos hermanas de Pak se casaron muy contentas y felices. Pak no tanto.

Efectivamente el panadero surtió de buen pan la mesa de Melarte y el cocinero de buena comida la de Masatore.

A Pak no le faltaba de nada. El rey cumplía todos sus deseos. Y ella no era feliz.

Ocurrió que muy pronto Melarte empezó cansarse del buen pan que le proporcionaba su marido, y lo mismo ocurrió con Masatore respecto a los manjares que le proporcionaba el suyo.

Sobre todo viendo la vida regalada que llevaba su hermana pequeña.

Ella era una reina y ellas solo esposas de los servidores del rey.

La envidia empezó a roer sus corazones.

No hacía más que pensar en cómo fastidiar a aquella engreída.

Al cabo de un año Pak dio a luz a un hermoso niño.

Antes de que lo pudiera ver el rey, las dos hermanas mayores, lo robaron.

Metieron al bebé en un cesto y lo echaron al río como si fuera Moises. Claro que este caso la corriente lo alejaba de palacio.

Los partos chungos de la reinaLuego presentaron al rey una canastilla con un cachorro de perro recién nacido y le dijeron que lo había parido la reina.

¿Dónde consiguieron un cachorro de perro que nadie echase en falta? Este es un misterio que ni Colombo podría resolver.

El rey, que amaba a la reina, se llevó un chasco morrocotudo y decidió echarla de palacio.

Sus consejos, que tenían un par de centímetros cúbicos más de cerebro que el soberano, le convencieron que no lo hiciera.

Estaban bastante mosqueados con aquello y decidieron investigar a fondo.

El rey aceptó las recomendaciones y se reconcilió con la reina.

¿Qué había pasado con el cesto en el río?

La corriente lo arrastró río abajo hasta un remanso donde quedó enredado en unas cañas.

Habían pasado varias horas y el bebé tenía hambre, así que se puso a berrear de lo lindo.

Orientado por el escandaloso llanto un guarda del rey encontró al bebé. Y como el buen hombre estaba loco por tener un hijo, lo recogió y lo llevó a casa.

Allí su esposa lo recibió encantada y acordaron no decir a nadie como lo encontraron.

¿Y qué pasó con la reconciliación del rey con la reina? Qué esta quedó embarazada.

Las hermanas estaban rabiosas, porque su plan no había resultado.

Así volvieron a repetir el engaño cuando llegó el momento del parto. Dejaron al bebé en el río y en su lugar pusieron un gatito recién nacido.

Hay que ver que facilidad tenían estas dos malvadas para encontrar cachorrillos de cualquier animal.

Esta vez sí que se puso furioso de verdad el rey. Quería matar a la reina.

Los consejeros volvieron a la carga, diciendo que a veces la naturaleza se manifiesta de manera extraña.

Aún no habían desentrañado el misterio anterior y ahora tenían que investigar este. Necesitaban un año más.

El rey, que como se puede ver, tenía menos cerebro que un mosquito y la voluntad de una cigarra aceptó no matarla.

Las hermanas también esta vez pusieron al bebé en el río, pues confiaban que como la otra vez esa parte del plan funcionaba.

Por lo tanto, el mismo guarda encontró al segundo bebé. Pensó que era un regalo del cielo y lo llevó a casa.

La reina era tan fértil que no tardó en quedar embarazada de nuevo.

Nueve meses más tarde dio a luz a una niña.

Las hermanas estaban desesperadas, porque esta vez no había cachorro que poner en la canastilla.

No se les ocurrió otra solución que poner un pedazo de corcho untado en sangre.

La recién nacida al río, y ¡Cómo no! El guarda la encontró y se la llevó para casa tan feliz.

El rey al ver el pedazo de corcho ya no quiso escuchar más a los consejeros. Se fue directamente al herrero y le mandó hacer una jaula de hierro.

Allí encerró a la pobre reina y ordenó que la colgasen durante el día a la puerta de palacio.

De este modo, cuantos entraban o salían se burlaban de ella y le tiraban de todo. Por la noche la guardaban en las caballerizas.

Pasaron siete largos años y el guarda que vivía tan feliz con sus tres hijos recogidos del río, se murió.

Su pobre viuda tuvo que trasladarse a una casita más pequeña en la linde del bosque.

Cuando la niña cumplió quince años también murió la viuda.

Entonces la muchachita se hizo cargo de la casa y los hermanos mayores se organizaban para traer dinero.

Unas veces cazaban y otras hacían algún trabajo, así se mantenían los tres.

Un hermoso día de otoño, una vieja se acercó a la casa pidiendo comida. La niña estaba sola y le dio de comer.

Antes de marcharse la anciana le dijo:

—No seréis felices mientras no tengáis estas tres cosas: al agua amarilla, el pájaro que habla y el árbol que canta.

En este punto del relato, Aurora se detuvo y nos anunció que continuaría al día siguiente porque ya no aguantaba ni un minuto más despierta.

Y sin más se fue a la cama y los demás también

La verdad es que los partos chungos de la reina, no es que fueran chungos, lo chungo de verdad era el comportamiento de las hermanitas de la reina. ¡Qué familia!

Texto: Jesús Muñiz

Los partos chungos de la reina

2 comentarios en “Los partos chungos de la reina

  • el 30/10/2020 a las 3:26 am
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    Hola, buenos días Jesús. Las hermanas eran dos egoistas. ¿Y qué pasó con la reina?

  • el 30/10/2020 a las 5:07 pm
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    Tienes mucha imaginación..felicidades

Los comentarios están cerrados.

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