Los gemelos

Los gemelos es el cuento que le correspondió a Enrique.

Es el mayor de todos nosotros. Le tiembla un poco la voz cuando habla, pero tiene un timbre muy agradable, suena amable, como un arrullo, así que nos quedamos embelesados escuchándolo.

Érase una vez un pescador llamado Martín que se iba a pescar en una barca muy pequeña, todos los días.

Su pesca era el sustento de la familia, así que hiciera el tiempo que hiciera Martín se hacía a la mar.

Los gemelosUn día, después de varias horas, solo consiguió un pez muy pequeño que echó al fondo de la barca.

Se quedó muy sorprendido cuando el pez le habló.

─¡Hola, hola! Señor pescador tenga piedad de mí que soy muy pequeño. De poco le voy a servir. Si me deja un año más de vida estaré muy gordo dentro de un año.

Martín pensando que tenía que tomar menos aguardiente por las mañanas, tiró el pez al mar.

Un año después Martín pescaba son su barca. Y resulta que pescó al pez del año anterior. Que ya es casualidad.

Era grande como atún, daba gusto verlo.Los gemelos

Y el pez volvió a hablar a Martín.

—Cómo has sido bueno conmigo, pues me has dado un año más de vida, te voy a dar un buen consejo. Cuando llegues a casa, me troceas en ocho pedazos.

Los dos de la cabeza se los das a tu mujer. Dos se los das a tu perra, otros dos para la yegua y los últimos, que serán de la cola, los entierras en la huerta.

El bueno de Martín así lo hizo.

Paso el tiempo y la perra parió dos perritos iguales, la yegua dos potrillos iguales, en la huerta aparecieron dos espadas iguales y su esposa digo a luz a los gemelos Jose y Sejo, tan iguales que uno parecía el espejo del otro.

Cuando los gemelos crecieron decidieron salir de casa a conocer mundo.

Con gran pena de sus padres allá se fueron los gemelos, cada uno con su perro, su caballo y su espada.

Su padre les había dicho que si alguna se separaban, si uno veía su espada teñida en sangre, significaría que el otro estaba en peligro.

Los gemelos Jose y Sejo iban siempre juntos porque se querían tanto que no podían estar el uno sin el otro.

Anduvieron de un sitio a otro, corriendo aventuras, siempre juntos.

Un día en que una niebla espesa apenas les dejaba ver las orejas de sus caballos se perdieron en un bosque, hasta tal punto que sin darse cuenta se separaron el uno del otro.

Cuando amaneció ya no pudieron encontrarse y cada uno siguió el camino por su cuenta.

Ya cerca del mediodía Jose se encontró ante un hermoso palacio. Como estaba muy cansado decidió llamar y pedir posada.

Nadie acudió a sus llamadas y ya se iba a marchar cuando una mujer lo llamo.

─Seño, no entre en este palacio encantado, pues nadie que ha entrado vuelve a salir.

Jose no se asustaba fácilmente y las palabras de la mujer despertaron su curiosidad.

Así pues, forzó la puerta con su espada y entró con su perro.

Enseguida vio a una princesa que le gritó horrorizada:

─¡Oh! Márchate hermoso muchacho. Aquí vive la serpiente de las siete cabezas que te matará.

Los gemelosNo bien dijo esto la princesa apareció la serpiente y Jose azuzó al perro contra ella. Mientras el monstruo peleaba con el perro, Jose con su espada le cortó la siete cabezas.

Después le cortó la lengua a cada cabeza y las guardó.

La princesa se enamoró al momento de Jose y le dijo que quería ser su esposa.

Pero Jose añoraba a su hermano y le dijo a la princesa que aplazara la boda hasta su vuelta.

Y la princesa se fue con sus padres a esperarlo.

Entretanto, se corrió la voz de que la serpiente había muerto.

Un príncipe se atrevió a llegar hasta el palacio encantado y recogió las siete cabezas en un saco.

Luego se presentó a pedir la mano de la princesa por haber matado al monstruo.

El rey, que había hecho esa promesa a quien matara a la serpiente, aceptó.

La princesa porfiaba en ese no era el que la había liberado.

El padre obligó a la princesa y prepararon un banquete para anunciar los esponsales.

Cuando el novio cogió un pedazo de carne para comer apareció un perro que se lo arrebató en las narices y salió corriendo.

La princesa reconoció al perro y grutó:

─¡Que sigan a ese perro y traigan al dueño!

Poco después trajeron a Jose y la princesa lo reconoció enseguida.

El rey habló a Jose:

─La princesa quiere que asistas al banquete que damos en honor del que mató a la serpiente de siete cabezas.

Jose miró al novio y dijo:

─¿Es ese? ¿Y cómo lo prueba?

─¿Qué más prueba quieres ─dijo el rey─ que las siete cabezas que ha traído consigo?

Y replicó Jose:

─Eso no es prueba. ¿Dónde se han visto cabezas sin lengua?

Entonces todos vieron que, en efecto, las siete cabezas carecían de lengua.

─¿Dónde están las lenguas? —dijo el rey.

Jose las sacó de su bolsillo y dijo:

─Aquí están.

En ese momento habló la princesa:

─Éste es el hombre que mató a la serpiente y me desencantó y con él es con quien me quiero casar.

Detuvieron al novio impostor y Jose y la princesa se prometieron en matrimonio y se casaron sin más dilación.

A la mañana siguiente a la boda, mientras recorrían el palacio, Jose miró por una ventana y dijo a la princesa:

─Princesa, ¿qué castillo es aquel tan hermoso que se ve a lo lejos?

Ella contestó:

─¡Amor mío, ése es el castillo de Irás y No Volverás!

─Pues yo mañana voy al castillo y volveré ─dijo Jose.

La princesa trató de impedir que fuera, pero no pudo impedir que fuera.

El muchacho se puso en camino y en esto se encontró con una vieja. La vieja era bruja.

─¿Adónde vas buen mozo? ─Preguntó la bruja con voz engañosa.

─Voy al castillo de Irás y No Volverás.

La vieja le dijo:

─Pues toma este bálsamo y, antes de entrar en el castillo, tu perro, tu caballo y debéis tomar unas gotas.

Jose, cuando llegó al castillo hizo lo que la bruja le dijo, y en cuanto traspuso la entrada, el caballo, el perro y el, se convirtieron en piedra.

Se hizo muy tarde y quedamos en escuchar el resto mañana.

 

Jesús Muñiz G.

Los gemelos

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