Leba sin erre y Nica sin ele

Leba sin erre y Nica sin ele, es la historia de dos hermanos y un padre sucedida cuando no había billetes de banco y se usaban monedas de cobre, de plata y a veces de oro para pagar las compras. .

Sucedió que un hombre tenía dos hijos: Leba, el mayor de veinte años y Nica, el pequeño, de dieciocho.

Leba no dormía tranquilo. Daba vueltas en el lecho, hablaba en sueños y despertaba malhumorado.

Las quejas salían continuamente de su boca, como los resoplidos de un caballo a todo galope.

Claro que siempre bajaba la voz para que el padre no lo oyera.

Temeroso siempre y acobardado, no osaba discutir la autoridad paterna.

Fantaseaba un día y otro, imaginando la escena donde le decía al padre que deseaba buscar la felicidad lejos de su hogar.

Ansiaba recorrer mundo, probar otra forma de vivir, ganar dinero, obtener fama.

Trataba de animarse a si mismo, repitiendo en voz alta el discurso que le soltaría a su padre.

Logró incluso, con denodado esfuerzo escribir un largo discurso, con razones de peso, convincentes, o a él se lo parecían.

Al fin logró llenar tres cuartillas con su letra torpe y grande.

Miraba, releía una y otra vez su escrito.

Hasta se lo aprendió de memoria.

Y un día se decidió.

Después del desayuno, concentró todo el valor que guardaba en su almacén de ánimos, se plantó delante de su padre y dijo:

─Me voy.

El gran discurso de tres cuartillas quedó reducido a dos palabras.

Su padre lo miró fijamente, sin parpadear, en silencio, durante treinta aterradores segundos, y dijo:

─Ya.

Mantuvo la mirada, en otro medio minuto interminable, fija en su primogénito, luego se volvió y salió de la casa.

Nica, era todo lo contrario que su hermano. No gastaba nada de tiempo en pensar. Obraba a impulsos y decía lo primero que se le venía a la cabeza, más serio que una lechuza en verano.

Ambos hermanos tenían una dificultad al hablar: Leba no pronunciaba la erre y Nica la ele.

De ahí Leba sin erre y Nica sin ele.

Esta forma de hablar ocasionaba las burlas de la gente.

─Hay un pemio en el pueblo paa quien pueda subi el poste.

Dijo Leba entrando en la casa muy sofocado a la hora de comer.

─¿O vas a intentar Eba?

Subié el poste y ganaé las cinco monedas de oo.

─Déjame ir contigo. Si no o consigues o intento yo.

─Está bien. Vamos a poné la mesa. Pade está a punto de llegá.

Caro. Yo pongo os patos.

En esa tarea estaban, cuando llegó Erdap, su padre.

Sus hijos le hablaron sobre la prueba para ganar las cinco monedas de oro.

El padre consintió en ello y por la tarde, los dos hermanos, se fueron al pueblo.

Leba se acercó a la mesa de los organizadores para inscribirse.

─¿Qué deseas muchacho?

Le preguntó el jefe de la organización.

Quieo inscibime en la pueba.

Las risas de todos los presentes infectaron el ambiente con el fétido olor de la burla..

─¿Cómo has dicho? ─Volvió a preguntar el jefe malicioso.

Quieo inscibime en la pueba. ─Insistió Leba muy serio.

Las risas se esparcieron como el polen en primavera.

─¿Podrás subir el poste?

Podé.

Algunos rostros congestionados no pudieron contener las lágrimas. .

En cualquier tiempo y lugar, reírse de los defectos, siempre motiva las chirigotas.

Después de firmar la inscripción el bueno de Leba, en tono sarcástico e irónico, dirigiendo a los reidores una mirada circular, les soltós:

─Ya que tanto os apovecha eíos de mi, ahí va la popina. Os pobaé que soy tan bueno sin ee, como vosotos con ee.

Y diciendo esto se giró en redondo, sacudiendo el polvo de sus botas en el aire de sus risas.

Más tarde, en el concurso, Leba subió más que ninguno en el poste untado de grasa. Pero no alcanzó la cima y no ganó el premio.

Por ese motivo se inscribió Nica.Leba sin erre y Nica sin ele

El hermano pequeño subió como un gato hasta lo más alto del poste y ganó las cinco monedas de oro.

Al volver a casa, Nica les dijo a su padre y hermano:

─Os doy una moneda a cada uno y con as otras tres, voy a viajar para aprender todo lo que pueda durante un año y entonces voveré a casa.

Y Nica se fue.

Anduvo y anduvo, por valles y montañas, cruzando ríos por puentes sonrientes, y bosques que los trinos de los pájaros y las flautas del viento entre las ramas transformaban en sala de conciertos.

Un día llegó a un pueblecito, a la orilla de un riachuelo.

Vio a un anciano sentado en una piedra antigua, calentando su piel envejecida al sol y le dijo:

─Buenos día abueo. Estoy buscando un trabajo. Me podría ayudar.

El hombre miró al muchacho de arriba abajo e hizo un gesto de duda con la cabeza.

─¿Abueo? ¿Qué es abueo?

─Ah, perdón. Es que no pronuncio a ee.

─Que raro hablas chaval. No se si. Muy joven me pareces y poco despierto.

─¡Ay, señor! No se fie de mi apariencia y dígame o que sea que yo responderé.

─Está bien. Te diré algo. Sigue todo recto, a la salida del pueblo verás una casa grande pintada de negro. Ahí necesitan un criado.

─Muchas gracias señor hombre. E estaré agradecido por siempre.

El anciano se rascó la cabeza.

─Muchacho, tu escucha bien las condiciones que te pondrán para el trabajo y piensa muy bien tu decisión antes de aceptar.

─Así o haré.

Y Nica se fue alegremente hacia la casa negra.

Golpeó con fuerza la aldaba y enseguida le abrió una mujer con ojos de gata y sonrisa de pato.

─¿Qué deseas buen mozo?

─Trabajo.

─Muy bien. Entra y habla con mi marido.

Hasta aquí la primera parte de la historia de Leba sin erre y Nica sin ele.

 

Me leí de un tirónJesús Muñiz González.

2 comentarios en “Leba sin erre y Nica sin ele

  • el 13/05/2021 a las 4:40 am
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    Buenos días jesus Dios le bendiga hermoso cuento gracias por tu mensaje gracias a ti leo

  • el 14/05/2021 a las 10:06 am
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    Bonito cuento como siempre muy bien

Los comentarios están cerrados.

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