Las tres naranjitas

Las tres naranjitas es el cuento que nos tenía que contar Angela.

A ella si que le gusta contar cuentos.

Claro que lo hace a su manera.

Cualquier parecido con el original es pura coincidencia.

Como es muy ocurrente, siempre nos reímos mucho con todo lo que cuenta.

Y sin más preámbulos comenzó a contar.

Érase una vez un hijo de rey, o sea un príncipe, ¿no?

El tal príncipe se llamaba Abelardo.

Un día oyó a un trovador que cantaba el romance de “las tres naranjitas del amor” y le entró la curiosidad.

Invito al músico a un buen cocido para que le hablara de las tres naranjitas.

Después de un cocido cantan los que son trovadores y los que no lo son, también.

El trovador que además de cantautor era listo, enseguida cayó en la cuenta de que el príncipe era un filón de monedas de oro, así que le endilgó un cuento.

Lo convenció de que tenía que buscar las tres naranjitas del amor si quería hallar la felicidad.

Naturalmente él, cómo no, le ayudaría a encontrarlas.

Abelardo se lo tragó todo como si se tratara de un helado de fresa en manos de un chaval de siete años.

El trovador que respondía al nombre de Catón al momento se vio favorecido por el príncipe que lo proveyó de buena ropa y una bolsa de monedas para atender a los gastos.

Y además los papás de Abelardo, que sabían que su hijo no era muy espabilado para andar solo por el mundo, le dieron otra bolsa.

Por si fuera poco, también le prometieron un puesto vitalicio en la corte, uno de esos con buena paga y poco trabajo.

Catón estaba más contento que si le hubiera tocado la lotería.

Así que una buena mañana, antes que cantara el gallo, salieron príncipe y trovador en busca de las tres naranjitas del amor.

¡Qué ingenuo el príncipe Abelardo!

En dos espléndidos corceles, guiados por Catón, iban de jardín en jardín, preguntando por las tres naranjitas.

Unos decían que nunca las habían visto, otros se morían de risa ante la pregunta y se hacían gestos de que estaban locos.

No se sabe si por burla, por ingenuidad o malicia, algunos contestaban que ya no quedaba ninguna en el jardín.

Abelardo no perdía el ánimo. Sonriente y feliz, en compañía de Catón, seguía buscando.

Después de un tiempo, llegaron a un jardín muy extraño, escondido en un espeso bosque.

Nada más llegar les salió al paso un anciano.

El que hablaba siempre era Catón. Abelardo observaba muy atento y en silencio.

-Buenos días.

-Buenos días.

-¿Es usted el jardinero que cuida de este bello jardín?

-Yo soy. ¿Quién lo pregunta?

-Mi nombre es Catón y mi compañero de viaje es Abelardo, príncipe heredero de Adneyel.

-Encantado.

-Tango gusto.

-¿Y qué les traer por aquí?

-¿Tiene usted noticia de las tres naranjitas del amor?

-Sí que tengo, hay tres en aquel árbol.

Catón casi se desmaya del susto.

Aquí se termina la primera parte de las tres naranjitas.

 

Texto: Jesús Muñiz

Las tres naranjitas

3 comentarios en “Las tres naranjitas

  • el 18/09/2020 a las 12:22 am
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    Buenas noches muy bonito cuento el príncipe el jardinero y la naranjito muy cómica

    Respuesta
  • el 18/09/2020 a las 4:47 pm
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    Yo me atrevería a hacer un símil, con las distintas situaciones que nos presenta la vida, y este sería, que a mayor parte de las veces terminan de manera totalmente inesperada.

    Respuesta
  • el 19/09/2020 a las 10:05 am
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    Muy bonito y ingenioso el cuento ,una vez más felicidades!!

    Respuesta

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