Las Grutas de Elefanta

Las Grutas de Elefanta se encontraban en la isla de Elefanta.

Esta isla está a una hora en barco desde Colaba.

El barco salía a las nueve.

Así que nos levantamos temprano y desayunamos tranquilamente para trasladarnos luego el muelle de embarque.

Durante el trayecto a la isla explicaron por megafonía algunos detalles sobre la isla.

El nombre de isla de Elefanta se lo pusieron los portugueses. Antiguamente su nombre era Gharapuri (la ciudad de los sacerdotes de Ghara).

Madhur me explicó que le pusieron ese nombre por los elefantes de piedra que adornaban el puerto de entrada a la isla, actualmente expuestos en el museo Victoria and Albert de Bymulla.

La isla está poblada por una comunidad de pescadores.

La isla solo es objeto de turismo para visitar el complejo de templos que ocupan 5.600 m².

Un guía muy amable nos iba explicando todo mientras caminábamos.

En la entrada se puede ver la famosa “Trimurti”, los tres dioses de la mitología hinduista.

Aquí el guía se extendió en una prolija explicación de estos dioses y otros.

Madhur me llamó la atención sobre los daños que se podían observar en muchas estatuas.

Los portugueses las usaban como tiro al blanco.

El guía nos dio un breve descanso. Entonces Madhur hizo que le acompañara y nos apartamos del grupo.

En un rincón de la gruta, mirando a un lado y al otro, me dijo en voz baja que nos estaban siguiendo.

La advertencia iba encaminando a ponerme en alerta, para que en ningún momento me separara del grupo.

El sospechaba de una pareja, que bien podían pasar por un matrimonio joven de turistas ingleses.

Ya había llamado por teléfono para que al llegar al puerto de regreso contar con una buena protección.

Una vez seguros en casa establecerían nuevos planes para protegerme.

A pesar del peligro, mis pocos años no me permitían vislumbrar todo su alcance. Aunque seguí las recomendaciones de Madhur, disfruté de la excusión sin perder detalle.

Procuré no estar cerca de la pareja que me señalo Madhur, al tiempo que traté de no fijar mi atención en ellos.

Estaba sobre todo, atento a las explicaciones del guía.

Era admirable contemplar aquellos templos excavados en la roca como si fueran cuevas.

Los salones y patios, adornados con innumerables esculturas, talladas en la misma piedra, representan momentos de la vida de los dioses del hinduismo.

Caminar por las grutas es como viajar en el tiempo.

Es un auténtico museo al aire libre, excavado en la roca, bien conservado en el paso de los siglos.Las Grutas de Elefanta

Me di cuenta que a pesar de ser un lugar de mucho turismo, ocurre igual que en el resto de la India y a diferencia de cualquier país europeo.

Los extranjeros, por muchos que afluyan a cualquier lugar, siempre son una minoría. Llaman la atención y los niños siempre se quedan mirándolos.

Por eso la pareja que me señaló Madhur era foco de atención de todo el grupo, pues eran los únicos extranjeros.

Yo me preguntaba que ese no sería el comportamiento lógico de unas personas a las que seguramente les interesaba pasar desapercibidas.

Todo esto debería tener una explicación.

El día se nos fue enseguida y a las seis embarcamos para regresar.

Era un hermoso espectáculo ver anochecer sobre la ciudad desde el barco.

En el muelle nos esperaba el auto con Inder al volante.

En el trayecto hacia la casa, Madhur me hizo notar que varios taxis se encargaban de despistar a la pareja de extranjeros.

Me pareció una tarea inútil, ya que seguramente sabían donde me alojaba. Claro que solo lo pensé para mí.

Una vez en la casa, me fui a descansar un rato y asearme antes de la cena.

Madhur no estaba en la mesa. Indira me explicó que llegaría en breve.

Así fue, llegó poco después y me dijo que el día siguiente podría dedicarlo a visitar a mis amigos del Albergue.

El estaría muy ocupado preparando mi viaje. Seguramente se trataba del cambio de planes que me había dicho.

 

Las Grutas de ElefantaJesús Muñiz González.

3 comentarios en “Las Grutas de Elefanta

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