La Violencia en el Fútbol

La Violencia en el fútbol .- Breves reflexiones

La violencia, o conducta violenta, no se ha formado en el estadio, penetró en él ya siéndolo.

No estimo arriesgado afirmar, que la conducta humana es el resultado de un proceso, que culmina con el mandato del centro emisor de las reacciones humanas que es el cerebro.

Cerebro futboleroUn destacado científico en esta materia aseguraba hace tan sólo unas fechas, que el cerebro humano nace poco y se forma mucho. Para ello esgrimía el dato de que esta parte del cuerpo, que puede tener un tamaño un tanto reducido y un peso de unos 300 gramos en la época de pubertad, una vez plenamente desarrollado, puede llegar a tener, un peso de hasta 1500 gramos. Afirmaba además que en el entorno de los 5 años es cuando el cerebro humano alcanza su grado öptimo de madurez y desarrollo.

Aún no considerando como dogma estos datos, más o menos objetivos, lo que sí se asume de forma plena es que el cerebro (y por tanto la conducta humana) es sobre todo el resultado de una evolución. Eso es al menos lo que afirman los expertos.

En consecuencia, bien podría afirmarse que las circunstancias en que una persona crece y se desarrolla, van a ser determinantes en su carácter, en su forma de ser. Van a configurar su personalidad. En definitiva, se puede afirmar con total rotundidad, que: “El individuo es el resultado o fruto del medio en que ha vivido”.

 Dentro de este contexto, la violencia, contemplada como una cuestión genérica, no puede ser otra cosa que “la expresión de la conducta humana”.

 El Origen, El Porqué

locura de un hinchaDejado sentado lo anterior, parece obvio que cuando en un recinto deportivo se produce un episodio violento, el evento deportivo en cualquiera de sus detalles, no ha hecho si no despojar de su envoltura a un violento, o si se prefiere, a una conducta violenta. Es decir, la violencia o el violento no se han formado en el estadio. Penetró en él ya siéndolo.

Por consiguiente, si alguien pretende afrontar el problema de la violencia, parece también obvio que debe afrontar el núcleo del problema. Encararlo de frente y buscar la verdad sin temor, y sobre todo sin complejos. Ya que si en la calle existe un componente de impunidad importante, después no se pueden exigir milagros en el interior de los estadios.

Hay quien asegura que buscar la verdad de forma sincera, supone dar respuestas partiendo del hecho inicial, y de forma consecutiva, a uno o a varios simples “por qué”, debidamente encadenados.

Los resultados suelen ser demoledores, y no siempre van a proporcionar satisfacción a quien ha tomado la iniciativa de semejante investigación. En cualquier caso, antes de llegar al quinto “por qué”, ya habrá aflorado, en torno al violento, un problema grave de cohesión y disciplina familiar, combinados con otros factores de educación y formación, residencia en barrios o asentamientos donde ya la policía ha renunciado a penetrar, consumo de sustancias prohibidas, sin descartar otros factores sociales tales, como paro y marginación.

En definitiva, una concatenación de realidades negativas que, combinadas entre si, configuran una cultura, una forma de encarar la vida. Corregirlo debe ser muy complicado. Pero, de lo que estoy plenamente convencido es que no se resuelve solamente identificando al último eslabón de la violencia, o quedándose en el primer por qué.

disturbio antes de un partido fútbol Invito a quien no comparta esta tesis, que se dé una vuelta por los alrededores de los estadios en uno de esos denominados de “máxima rivalidad”, un par de horas antes del comienzo del partido. Sin duda allí encontrará la explicación, o al menos parte de ella, a lo que ocurrirá después.

Una excelente pista para entender de donde procede una buena dosis de violencia en el futbol, la va a encontrar seguro en algunas de esas modestas instalaciones (algunas no tan modestas)) donde se practica, o mejor se desarrollan competiciones de futbol base. Es decir, partidos en los que la edad de los protagonistas puede oscilar entre los 7 y 14 años.

En mis 30 años de experiencia como árbitro actuando en todas las categorías, los espectáculos y escenas más penosas que entiendo han propiciado violencia, los he sufrido o presenciado en encuentros donde con mínimos espectadores pero predominando padres, hermanos, tíos, primos y demás familia de los contendientes, no han tenido el menor pudor en organizar monumentales refriegas, (agresiones físicas incluidas) ante los motivos más insignificantes.

Ahí radica buena parte del germen que, por la lógica de la imitación del adolescente ante sus progenitores, no tardará en evolucionar y convertirse en una forma de entender y formar la conducta, primero un tanto tímida y después decididamente violenta del ciudadano espectador, donde todo, o casi todo lo malo es perdonable, si es en honor del fútbol.

Evolución de la Violencia

 El fútbol actual no es el resultado de un invento de laboratorio deportivo. No es tampoco el acuerdo final de una comisión nombrada al efecto. Es, sin duda, la consecuencia de una evolución lenta, que arranca de los juegos de pelota medievales, para, tras un devenir intenso en los dos últimos siglos, culminar en lo que bien pudiera ser uno de los mayores acontecimientos de la historia.

La violencia en el fútbol radicaba, en sus principios, en los propios contendientes. Y ello, era consecuencia de unas reglas que permitían y hasta fomentaban, una dureza extrema expresada en todo tipo de golpes y placajes.

fuera de juegoMás adelante, con la modificación de determinadas reglas tales como, la prohibición  de las patadas, y sobre todo, la incorporación del fuera de juego, que obliga a practicar un juego fundamentado en los pases, eliminaron una buena parte de la dureza. El fútbol se “hizo más humano”, sobre todo por que erradicó las grandes melees, que tenían su origen en el juego claramente individualizado.

Paradójicamente, y en etapas sucesivas, este importante residuo de dureza del fútbol, fue muy bien aprovechado en los grandes colegios y escuelas inglesas, como un elemento formativo de gran importancia. Los padres de los alumnos y educadores en general, exhalan de este deporte la dureza ideal para formar a sus universitarios, ya que en él se aprendía a sufrir compitiendo.

Pero hasta aquí, ni rastro de la dureza en el ámbito externo de este incipiente fenómeno. No existía violencia entre los espectadores, simplemente por que éstos no habían aparecido en escena, o su presencia era casi testimonial. En definitiva, hasta entonces solamente disfrutaba del fútbol aquel que lo practicaba.

Fue en los años finales de 1800, cuando ya este deporte estaba configurado como tal. Además de disponer de un reglamento propio tras  la dura unificación de 1863 (aún muy distinto del actual) y, sobre todo por su condición de federado, provocó competiciones, no solo en colegios, sino entre barrios, ciudades, e incluso entre países. Había nacido el fútbol– espectáculo, y con ello el hecho inevitable, de que poco a poco este deporte se contemplara como una “cuestión de honor”.

Las fuertes rivalidades existentes por motivos muy distintos, encontraron un acomodo fácil e ideal, en las praderas con rayas que eran por entonces los terrenos de juego.

Ganar un partido suponía no solo una victoria deportiva, significaba además humillar al enemigo. A este fenómeno, vino a incorporarse otro como clave en el devenir de un acontecimiento que, transformó lo que hasta el momento había sido entretenimiento, asignatura educativa, y deporte, en negocio. Se había incorporado un virus tan inevitable como peligroso:”El dinero”.

Desde aquel momento, ya la historia de la violencia es más clara. El dinero va a fluir en la misma medida, que aumenta la pasión por este deporte-negocio. La profesionalidad se enraíza en las competiciones de élite.  Surge un  mundo mediático en torno a él, grandes proyectos de comunicación, las grandes marcas. Un ejército de directivos, intermediarios, médicos, entrenadores, y también árbitros.

hooligansEra una evolución con compañeros de viaje indeseables, camuflados entre otros necesarios. Y todo ello, genera un clima propicio para la aparición de grupos organizados en forma de ultras, holligan, barras bravas, peñas… todo un conglomerado que siempre se mueve en el límite de lo legal, cuando no lo rebasan de forma amplia.

El porqué de la situación actual debe encontrarse en una respuesta muy sencilla. ¿A quien beneficia de forma directa o indirecta que el fútbol sea como es? ¿Quién o quienes provocan un grado de pasión al límite de la violencia?

Que cada grupo o colectivo que vive el fútbol se aplique el cuento.

 

  Vigo, mayo 2019

  Isidro Martínez Diez.- Ex jugador y Ex árbitro de fútbol

Un comentario sobre “La Violencia en el Fútbol

  • el 11 de junio, 2019 a las 18:13
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    Razoamento moi asisado. Parabéns

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