La tira de piel

La tira de piel es la conclusión de la historia de Leba sin erre y Nica sin ele.

Nica entró en la casa y la mujer, sin dejar de sonreír lo acompañó hasta un gran salón. Allí frente a la chimenea estaba el marido de la señora.

─Este muchacho busca un trabajo querido.

El hombre se puso en pie y dio dos vueltas alrededor de Nica.

─¿Cómo te llamas?

─Nica.

─Bien, Nica. Tengo trabajo para ti en el campo. Trabajarás la tierra y atenderás a los animales y te pagaré un buen salario. Solo tienes que firman este contrato.

Y el hombre le entregó un papel.

Nica leyó despacio el contrato. En el se comprometía a trabajar la tierra, cuidar de los animales y obedecer siempre las instrucciones del amo por muy extrañas que fueran.

Por todo eso percibiría un sueldo de mil monedas de oro.

Ah, pero había dos condiciones: Haría cuentas con el amor cuando cantase el cuco y no se enfadaría nunca. El amor tampoco. El primero que se enfadara tendría que dejarse sacar una tira de piel de dos centímetros, desde la nuca al pie.

Nica se lo pensó un tiempecillo y finalmente firmó el contrato.

Al día siguiente se fue a trabajar al campo.

Al mediodía llegó una criada con el almuerzo en un puchero.

La muchacha le comunicó de parte del amo que tendría que comer del puchero sin levantar la tapa ni romperlo.

El pobre Nica no probó bocado y esperó a que llegara la noche para hablar con el amo.

Y no hizo más que llegar a la casa que el amo le preguntó:

─¿Te has enfadado?

Enseguida Nica se acordó del contrato y dijo que no.

Entonces el amo le señaló donde tenía que dormir: en el duro y frio suelo de piedra.

Al día siguiente se repitió la jornada, ni pudo almorzar ni descansar como es debido.

De esta manera transcurrió una semana y el pobre Nica desesperaba de hambre y cansancio. Ya le dolía hasta el pensamiento.

Y tomó una decisión terminante. Se levantó muy temprano y en lugar de irse al campo, enfilo el camino de vuelta a casa.

Después de un viaje doloroso y agotador llegó a casa, flaco, exhautos pero todavía vivo.

Padre y hermano lo atendieron y cuidaron como es debido.

Una vez que descansó y recuperó las fuerzas, explicó con todo detalle a su familia cuanto le había sucedido.

Su hermano mayor se enfadó todo lo que no había podido enfadarse Nica.

Salió a cortar leña para desahogarse, mientras cavilaba.

Dos días más tarde Leba se despidió de su padre y hermano diciéndoles que iba a visitar a ese amo tan ladino.

Su padre y Nica se asustaron mucho, Leba les aseguró que nadie se burlaría de Leba.

Tardó un día menos que Nica en llegar a la casa negra.

Llamó a la puerta, le abrió la mujer, pidió trabajo y le dieron a firmar el contrato, tal y como le había contado Nica.

Leba estampo su firma grandota, poniendo cara de tonto, mientras se reía para adentro.

Al día siguiente se fue a trabajar al campo. No bien llegó buscó la sombra de un roble y allí se durmió tan plácidamente hasta el mediodía.

Entonces llegó la muchacha con el puchero que no podía destapar ni romper.

El muy contento siguió vagueando toda la tarde y la puesta del sol volvió a la casa cargado eon el puchero.

Nada más llegar le dijo al amo:

Gacías por el almuezo. Estaba ico ico.

El amo extrañado le dijo:

─Como que estaba delicioso si el puchero tiene la tapa.

─Pues yo me lo comí sin destapalo, siguiendo sus ódenes.

─No puede ser, seguro que la comida sigue ahí dentro.

A continuación destapó el puchero y lo vació en un plato.

Leba de inmediato en tres bocados se lo comió todo.

─Ya ve como me lo comí todo sin quitá la tapa.

Y se echó a reír a carcajadas.

El amo echaba chispas y Leba le preguntó:

─¿Está enfadado?

─No. ─Respondió el otro apretando los dientes.

─Entonces me voy a domí.

Y veloz como un galgo se metió en la cama del amo.

Cuando este subió y lo vio en su cama exclamó:

─¿Qué haces aquí?

Domí en su cama, ¿Se enfada usted?al an

Y el amo a punto de explotar, hizo una mueca, diciendo que no con la cabeza.

Al otro día el amo lo mando a que fuera a la cuadra a por dos bueyes. Le explicó que uno tenía que venir sonriendo y otro haciendo reverencia.

Leba pensó un poco y a continuación le ató los morros a uno de los bueyes para que mostrara los dientes y al otro le sujetó la mano diestra a la barriga, de manera que al caminar con tres patas talmente hacía reverencias.

Cuando el amo vio así a los bueyes se puso como un globo a punto de explotar.

─¿Se enfada usted amo?

Y el otro, comiéndose las bilis, negó con la cabeza.

Pasaron unos días y el bueno de Leba siempre encontraba algún truco para salvar las trampas del amo y este confesaba a su mujer que ya no aguantaba más.

Para no verlo delante, le encargó que fuera a la feria a vender catorce yeguas negras.

Las yeguas llevaban un cencerro y Leba montaba una yegua blanca.

Una vez que las vendió a muy buen precio, emprendió el regreso cargado con el oro de la venta, los catorce cencerros y la yegua blanca.

De pronto se desató una tormenta y llovió a cántaros. La yegua blanca resbaló en el barro y se rompió una pata.

Dejó al animal al cuidado de un arregla-patas y se fue a preguntar si alguien viajaba en su dirección.

Tuvo la suerte de encontrar a un vecino que lo llevó en su carro.

Ya cerca del pueblo se apeó, pues el vecino tenía la casa para otro lado.

En el camino se encontró un burro muerto, del que estaban dando buena cuenta unos buitres negros.

A Leba se le ocurrió una astucia y apresó a catorce buitres negros y uno blanco.

Les colgó del cuello los cencerros y se fue para la casa negra.

Al poco llegó y entró gritando:

─¡Milagro! Las yeguas se han convertido en buitres.

El amo cuando lo vio no se creyó lo del cambio y se fue dispuesto a reñirlo.

─¿Se enfada usted, amo?

El dueño de la casa movió el dedo índice diciendo que no, al tiempo que salía corriendo para meter la cabeza bajo un chorro de agua fría.

Mas tarde hablaron los esposos, pensando en la forma de deshacerse de aquel muchacho que los volvía locos.

─Lo mejor es que le pagues y se vaya.

Decía la mujer.

─Pero aún falta para que cante el cuco.

Respondía el marido.

La mujer le dijo que podía imitar el canto del cuco, subida a un árbol.

Así lo acordaron y cuando llegó la hora de la cena se oyó cantar al cuco. (Que no era otra que la cuca-esposa).

El amo se dirigió al muchacho.

─Ya canta el cuco. Tenemos que hacer cuentas.

─No ceo que sea el cuco, mi amo, no es el tiempo paa eso. Voy a ve.

Se acerco al árbol y abrazándolo con fuerza le dio un gran meneo, agitando las ramas.

La “cuca” descendió tan rápido que se rompió una pierna.

Entonces el amo se desesperó.

─Ahora sí que estoy enfadado de verdad.

Dijo el amo.

─¿Ah, sí? Pues tiene que darme una tira de piel.

Y el bueno de Leba sacó una afilada navaja de afeitar.

Los dos esposos se pusieron a suplicar y Leba, que ni loco pensaba cortar una tira de piel de aquel amo tan malicioso, convino en no cobrarse la tira de piel, a cambio de otras mil monedas de oro.

Los dueños de la casa negra pagaron y prometieron que nunca más haría contratos tramposos.

Más contento que un niño en el circo, se volvió Leba para casa.

Días más tarde, en su casa les contó a su padre y hermano todo lo sucedido, mostrando el saco con las monedas de oro.

Erdap, Leba y Nica bailaban de alegría.

Con el dinero obtenido montaron una panadería y todo el mundo les iba a comprar pan para oír la historia de la casa negra y la tira de piel.

Los nuevos panaderos le añadían a la historia más aventuras cada día, de tal manera que siempre era diferente y divertida.

La panadería se hizo tan famosa y ganaban tanto dinero que decidieron darle pan gratis a todo el que fuera tan pobre que no pudiera pagarlo.

Esto nos deja a una algunas lecciones provechosas para la vida. A saber:

  • No es bueno querer arrancarle una tira de piel a alguien.
  • Hacer el cuco subido a un árbol puede resultar doloroso.
  • Cuando la vida te llena de oro el bolsillo se generoso con quien lo tiene vacío.
  • Se puede vivir perfectamente sin “r” y sin “l”.

Así termina la historia de Leba y Nica, y la tira de piel, que como no es una gran historia, tampoco resulta empalagosa.

De cualquier manera, si alguien quiere escucharla de primera mano, puede ir a comprar una estupenda bolla de pan a la panadería de “Sin erre y sin ele”.

 

La tira de pielJesús Muñiz González.

Un comentario en “La tira de piel

  • el 30/05/2021 a las 6:24 pm
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    Buena historia felicidades!!

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