La Soledad

A la tercera edad se puede llegar de varias maneras: enojados con la vida, alegres por lo aprendido, con sabiduría, gruñones, con paciencia y ternura, con achaques… La decisión es en gran parte de la propia persona. Sea como sea el carácter que podamos tener, casi ninguna persona mayor se salva en algún momento de sentirse solo. De tener como compañera de vida a la soledad.

La soledad puede ser descrita como un sentimiento no esperado y muchas veces no deseado, de pérdida de compañía o el sentimiento de que uno está solo y no le gusta esta situación. En determinados casos puede tener implicaciones para la salud física y psíquica de las personas que la experimentan.

Hay algunas personas que eligen la soledad como una opción personal, es decir, pudiendo tener una pareja, estar acompañados, eligen voluntariamente estar solos. No siendo lo más habitual pero sí que podemos encontrarnos con este tipo de situación.

Este artículo se centrará en la soledad de las personas mayores que se han visto abocadas a ella sin quererlo.

Con el correr de los años, el hogar se ha ido quedando solo. A las personas se les jubila voluntariamente o no, se les margina, a veces hasta por sus propios hijos y familiares.

Las horas parecen más largas y no se sabe cómo llenarlas, después de haber vivido una vida tan llena de ruido, responsabilidades y quehaceres.

Para las personas mayores, en general, la soledad es un problema relativamente frecuente, es una situación no deseada ni buscada y muy personal, es decir, lo que para uno puede ser una situación más o menos aceptable, para otro puede ser tremendamente angustioso.

Mayoritariamente experimentan la soledad los ancianos mayores, los viudos, las viudas y las personas con alguna incapacidad. También la experimentan con frecuencia mujeres mayores casadas, ancianos que viven con hijos casados y los inmigrantes de otros países, sobre todo aquellos que no hablan bien nuestra lengua.

La soledad puede verse aumentada por la falta de dinero y manifestarse, también, en mayores ingresados en instituciones o residencias.

Sin embargo, la soledad no puede ser vista exclusivamente como el resultado simple y directo de las circunstancias sociales. A menudo se confunde con el aislamiento social, es decir, la falta de contactos sociales que una persona tiene. El bienestar puede no estar correlacionado positivamente con el contacto social; depende en gran medida de la naturaleza de los contactos que se establezcan.

Como comenté al principio, para algunas personas, la soledad es una forma de vida que encaja perfectamente con su carácter o personalidad. Hay personas pueden sentirse solas incluso entre una multitud; otras, en cambio, los que tienen menos necesidades de contacto social, pueden no sentirse tan solos aún sin recibir visitas.

Se ha podido comprobar que la soledad es menos frecuente en aquellas áreas rurales en las que todavía permanece un sentimiento de comunidad.

Fundamentalmente existen dos tipos de soledad:
• Externa, condicionada por las circunstancias vitales de la persona.
• Interna, más estrechamente relacionada con el tipo de personalidad.

Tal vez se pensó mucho y se deseó llegar a la jubilación, que los hijos crecieran y se bastaran por ellos mismos, no tener tantos compromisos, dejar de depender de horarios, disfrutar del ocio pero cuando llega ese momento, lo mismo que se deseó llega a convertirse en un serio problema.

Por suerte hoy en día hay muchas actividades al alcance de las personas mayores dónde poder participar para sentirse integrados, acompañados, para continuar aprendiendo cosas nuevas que, tal vez, en etapas anteriores no pudieron hacer debido a la falta de tiempo. Para descubrir nuevos intereses, plantearnos retos….

Ejemplo de ello son:

• Clases de educación para adultos como pintura, escritura creativa, manualidades, internet, etc.
• Actividades comunitarias diversas: deportes como la natación o juegos como la petanca.
• Actividades organizadas por la iglesia local.
• Participación en salidas organizadas por asociaciones locales, excursiones, vacaciones, visitas a museos, al cine o al teatro, etc.
• Actividades con otros ancianos como vacaciones o asistencia a cursos de la Universidad para la tercera edad, etc.
• Grupos de apoyo de pacientes con determinadas enfermedades.

Todos conocemos muchas personas que son ejemplo y modelo a seguir por la alegría y optimismo que han alcanzado en esta etapa tan sublime de la vida. Así que a no desanimarse y a seguir….

Si en algún momento nos damos cuenta que este sentimiento se nos hace muy difícil de llevar siempre contaremos con profesionales que estarán encantados de escucharnos y tratar que encontremos salidas adecuadas a las necesidades particulares.

Un saludo y hasta la próxima,

Roxana Bonifato Acosta
Psicóloga en temas relacionados con la “Tercera Edad”.

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