La reina madre

La reina madre es última entrega del cuento de la calandria salvadora.

Mientras todo esto ocurría en palacio, con Serigiyo colgado, en el río, Lusi se dejó llevar de la corriente, hasta que pudo agarrarse a unos arbustos.

Enseguida pudo alcanzar la orilla, sana y salva.La reina madre

Un pastor que andaba por allí cerca, al verla mojada y magullada, le preguntó si se había caído al río.

A la muchacha le pareció un hombre bueno y le contó la verdad.

Entonces el pastor sintió lástima de ella y la llevó a su cabaña para que se secara.

Pero la mujer del pastor, en cuanto vio llegar a una niña tan hermosa y mojada, sintió celos y se enfadó con su marido.

Lusi entonces trató de calmarla diciendo:

─Por Dios buena mujer, no se ponga así, me voy a buscar otra casa donde puedan auxiliarme.

Y a continuación se echó a llorar.

Justo entonces empezó a llover con fuerza.

La hijita pequeña del pastor, conmovida grito:

─¡Madre, no la deje ir, qué llueve mucho!

Lusi al oírla, dejó de llorar, y también cesó la lluvia.

Pidió permiso a la mujer para lavarse un poco y peinarse antes de irse, a lo que la mujer, ya calmada, accedió.

Sucedió que mientras se lavaba las manos, en el agua florecían rosas.

Luego, al peinarse, cayeron perlas de su cabello.

La mujer del pastor, al ver esto, pensó que era una santa del cielo y le rogó que se quedara con ellos.

Así que Lusi se quedó a vivir en la cabaña.

Cada mañana, mientras se peinaba, la mujer recogía las perlas.

De este modo pronto tuvo un saquito lleno.

Entonces le dijo al pastor:

─¿Por qué no vamos a la ciudad? Podemos vender las perlas y vivir mejor.

Dicho y hecho, vendieron las perlas en la ciudad y ganaron mucho dinero.

Después decidieron trasladarse a la ciudad y alquilar una hermosa casa que estaba justo delante del palacio real.

A Lusi le gustaba salir al balcón principal a bordar.

Un día llegó volando la calandria y se posó en el balcón:

La muchacha se llevó una gran alegría.

─Buenos días, calandria preciosa, cuanto te eché de menos.

La calandria contestó cantando muy alegre.

─¿Sabes de mi pobre hermano? —preguntó la muchacha.

Y la calandria con sus gorjeos y trinos informó a la muchacha.

Lusi se puso a llorar muy triste y empezó a llover.

Un criado había visto a la calandria y a la muchacha y le extraño que lloviera tan de repente.

Durante unos días observó a la joven y se dio cuenta que cuando lloraba empezaba a llover.

Entonces fue a contarle al rey lo que había visto.

El rey mandó al criado que invitara a comer a la muchacha.

Lusi, encantada, se fue a comer a palacio, con el rey y la reina madre.

Después de comer dieron un paseo por los jardines.

Entonces llegaron a donde su hermano estaba colgado y la muchacha rompió a llorar y en el mismo instante comenzó a llover.

Se fueron adentro para refugiarse de la lluvia y el rey mandó descolgar a Serigiyo y que lo trajeran a su presencia.

Nada más entrar y ver a su hermana, corrieron uno hacia el otro y se abrazaron con mucha alegría.

El rey al verlos mandó traer una palangana con agua y una toalla.

Enseguida se lo ofreció a la muchacha para que se lavase.

En cuanto lo hizo, florecieron rosas en el agua.

El rey muy contento llevó a la muchacha a un tocador para que peinase sus cabellos mojados por la lluvia.

La muchacha así lo hizo y empezaron a caer perlas de su cabello.

En ese momento el rey ya no pudo disimular por más tiempo su alegría y volvió al salón donde le aguardaban la reina madre y el muchacho y, dirigiéndose a su madre, le dijo:

─Madre, ésta será mi esposa, pues tiene las tres gracias de Dios.

Al momento hubo explicaciones y al cabo todos se enteraron de los tejemanejes del ama y su hija.

La reina madre se puso muy seria entonces y le habló así a su hijo:

─Has obrado con ligereza castigando a un inocente. Él era tu amigo.

Tenías que haber sido prudente y averiguar la verdad.

Ahora debes de pedirle perdón a Serigiyo.

Lusi, seguirá viviendo con el pastor y su esposa hasta la mayoría de edad. Entonces decidirá si quiere ser tu esposa.

Tú tendrás que estudiar y prepararte mejor para gobernar que estás muy pez todavía.

Serigiyo, te acompañará si lo desea, y seguirás siempre su consejo.

Él es más juicioso que tú. Lo acusaste y guardó silencio.

Espero que aprendas bien está lección.

El rey aguantó con humildad el chaparrón materno y, muy arrepentido, aguantando las lágrimas, de rodillas, pidió perdón a Serigiyo.

El bueno de Serigiyo, sonriendo, lo levantó y le dio un gran abrazo.

Los dos muchachos se hicieron inseparables.

Lusi crecía muy hermosa y la calandria todos los días cantaba para ella.

El ama de llaves y su hija fueron desterradas.

Algunas veces, mientras Lusi dormía, la calandria volaba a las manos de una viejecita, que siempre la saludaba diciendo:

─Hola calandria salvadora.

Y la calandria con gorjeos y trinos contestaba:

─Yo no soy la calandria salvadora. Tú eres la salvadora.

Nunca comprenderé porque la salvación llega después de sufrir.

Y la viejecita con una mirada pícara, sonreía feliz.

 

Jesús Muñiz G.

La reina madre

2 comentarios en “La reina madre

  • el 18/12/2020 a las 1:16 am
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    Hola Jesús buenos días el rey no creyó y castigo sin averiguar y ve el bien siempre triunfa gracias por tu palabra

  • el 18/12/2020 a las 9:27 am
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    Muy bonito cuento !! felicidades!!

Los comentarios están cerrados.

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