La princesa salvaje.

La princesa salvaje es una historia que me contaron hace mucho tiempo. Quien me la contó había viajado por todo el mundo y sabía muchas historias.

La historia de la princesa salvaje, empieza así:

Erase un reino lejano muy feliz porque la reina estaba embarazada.

Al cumplirse el tiempo nació la hija del rey y se organizaron grandes festejos.

Sin embargo pocos meses después una desgracia cortó la alegría como el limón la leche.

Cuando la princesa ya gateaba, paseándola por el parque, la niñera dio un traspié en una baldosa rota y al caer se dio un fuerte golpe en la cabeza perdiendo el sentido.

La princesita, a gatas, se escabulló entre los arbustos.

Al mismo tiempo, en la selva, la hembra leopardo había dado a luz y su bebé nació muerto. Hizo un agujero en la tierra y allí depositó a su cachorro.princesa salvaje leopardo

Luego anduvo errante sin dirección alguna y sin querer se acercó a la zona donde vivían los humanos.

De pronto oyó unos lloros.

Enseguida encontró a la princesita que estaba llena de rasguños y lloraba porque tenía hambre.

La fiera salvaje recogió con ternura aquella hembra humana y se la llevó.

Era fea, tan descolorida y sin pelo, pero su instinto no se fijó en esos detalles, pues ella tenía sobreabundancia de amor maternal, así que se la llevó.

Cuando la niñera recobró el conocimiento se percató de la desaparición de la princesa y se dispuso a buscarla. Más tarde no le quedó más remedio que comunicar el hecho al no encontrarla.

En la corte hubo un gran revuelo y todo el mundo se puso a buscar a la princesa.

No consiguieron hallarla y con gran pesar, los reyes la dieron por muerta.

Hubo gran luto en la corte.

Y pasaron los años.

La princesa creció en el seno de la familia de leopardos. Cazaba como ellos, rugía como ellos y trepaba a los árboles como uno más de aquellos felinos.

Desde luego no tenía la fuerza ni la agilidad de sus compañeros salvajes, en compensación era la más espabilada de todos y por ello tenía cierto ascendiente en la manada.

A pesar de ello, un día cayó en una trampa. Al verla los cazadores se sorprendieron y la llevaron a presencia del rey. Enseguida reconoció el monarca a su hija y lo mismo ocurrió cuando la vio la reina.

Pronto se dieron cuenta que más que una princesa era un animal salvaje.

No reconocía a nadie y mordía a todo el que se le acercaba. Rugía y gritaba de una forma que daba miedo. El rey tenía la cara marcada por las uñas largas y duras como garras de su hija.

Intentaron domesticarla y no hubo forma.

Todos los intentos para hacer de ella una persona normal fueron inútiles.

Un día llegó al reino un joven mercader que venía de muy lejos.Princesa salvaje mercader

Cuando se enteró del problema de la princesa salvaje pidió audiencia con el rey.

En cuanto estuvo en su presencia le comunicó que creía conocer a la persona que podía curar a la princesa.

Sin demora el rey dispuso que se fuese a buscar a esa persona.

Al parecer se trataba de un maestro jubilado muy sabio que había curado ya a otra princesa que hablaba mal y también resolvió en otro reino un problema con unas montañas perezosas.

Después de unas semanas el joven llegó a la corte acompañado del sabio maestro.Princesa salvaje maestro

Como el camino había sido largo se hicieron muy amigos. El maestro ya estaba enterado del problema de la princesa salvaje y por el entusiasmo con que el joven hablaba de ella se dio cuenta de que le gustaba un montón.

Nada más ver a la princesa supo cómo resolver el problema.

Entonces habló con el rey y le dijo que el educaría a la princesa.

Primero pidió que capturasen a los leopardos que habían vivido con la princesa.

Después mandó venir a un domador amigo suyo.

En poco tiempo el domador domesticó a las fieras.

Una vez que estuvieron domesticadas, ellas domesticaron a la princesa.

Luego se puedo educar a la princesa como un ser humano y en ello tuvo un gran papel el joven comerciante, pues ella lo miraba con más interés que a los demás.

El rey le dijo al maestro que cumpliendo su promesa, suya era la mano de su hija.

Más el maestro sonriendo le dijo al rey que él ya era muy mayor para desposar a una chica tan joven. Al tiempo que decía esto señalaba a la princesa que escuchaba embelesada un poema de Bécquer que le recitaba el comerciante.

El rey también sonrió al maestro y le suplicó que le pidiera algo pues le sabía mal no hacer nada por el en recompensa.

El maestro no se lo pensó dos veces y le pidió al rey que subiera el sueldo a todos los maestros del reino.

Y así concluyó el cuento, del que se pueden extraer varias enseñanzas.

Un buen maestro nunca se jubila.

Un poema de Bécquer siempre alborota el corazón de una joven.

Los cuentos siempre suceden en países lejanos.

 

Texto de Jesús Muñiz González

2 comentarios sobre “La princesa salvaje.

  • el 1 de abril, 2019 a las 14:58
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    Hermoso cuento me gusto mucho felicidades jesus deberian darte un buen premio por lo hermoso y heducativo cuento

  • el 4 de abril, 2019 a las 10:09
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    Me ha gustado mucho, y creo que se le podría sacar partido en la educación de los niños y no tan niños, porque siempre se pueden aprender lecciones nuevas e incorporarlas a nuestra vida cotidiana.

Comentarios cerrados.

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