La princesa mal hablada

La princesa mal hablada era una princesa que hablaba mal.

Por decirlo con claridad la princesa hablaba fatal.

Ella vivía en un país muy lejano.

Lo cierto es que estaba tan lejano que nadie sabía de él.

Por eso nadie había llegado hasta allí.

Así es que el rey y la reina estaban desesperados.

Porque su hijita querida era muy mal hablada.

Todo lo decía mal, no había manera de entenderla.

Por ejemplo, si tenía hambre ella decía “tiendo jambre”.

Si quería beber, decía: “Tiero peper”.

Cuando quería dormir: “Piero sortir”.

Y así siempre.

Nadie la entendía.

Todos los maestros del reino habían ido al palacio sin resultado.

Finalmente, el rey, después de consultarlo con su esposa, decidió publicar un bando.

Por todo el reino se anunciaba que se daría su peso en monedas de oro a quien curase a la princesa.

Quien no quisiera el oro, podía recibir el premio en un cheque al portador.

También, para evitar falsos curanderos, se advertía un severo castigo para el que fracasara en el intento.

Por eso mismo nadie se atrevía.

De esta manera pasó el tiempo, hasta que un día llegó al reino un caminante muy cansado.

Enseguida buscó una posada.

Luego de quitarse el polvo del camino, se sentó a tomar una gaseosa en la barra.

El posadero era curioso e invitó al forastero a un zumo de maracuyá.

De ese modo ganó su confianza.

Después le preguntó y el extranjero contó su historia.

Resulta que venía de un pueblo pequeño de un país grande.

Era un maestro jubilado.

Su médico le recomendó que caminara todos los días, para tener calidad de vida.

Y como era bueno y obediente…

Además le gustaba la calidad.

Primero se despidió de una querida amiga.

Después se fue a caminar.

maestro jubilado
maestro jubilado caminando

 

En poco tiempo llegó a la frontera del país y siguió caminando.

Primero cruzó un país, y luego otro, y otro, hasta que llegó a donde estaba ahora.

Enseguida el posadero le contó lo de la princesa mal hablada.

Lo primero que pensó el buen maestro es que le vendría muy bien aquel oro, porque la pensión de maestro solo daba para gaseosa y poco más.

Recordó que pesaba ochenta kilos.

Al fin se decidió y fue a ver al rey.

-Yo curaré a la princesa- le dijo.

A continuación pidió que lo dejaran solo con ella.

Así lo dispuso el rey.

En cuanto quedaron a solas, el avispado maestro se abalanzó sobre la princesa, y antes de que pudiera reaccionar la tuvo bien atada en una silla.

De inmediato, aprovechando que la muchacha tenía la boca abierta diciendo barbaridades, hablando mal sin parar, le puso un embudo.

Después cogió un saquito que llevaba siempre consigo y lo volcó en el embudo, de tal manera que la princesa tuvo que tragarse todo el contenido del saco.

¿Y qué llevaba el maestro en el saco?

Pues ni más ni menos que todas las palabras bien habladas que había enseñado a los niños en la escuela a lo largo de tantos años.

La muchacha se puso encarnada como una cereza y no podía hablar. En se momento llamó al rey y este acudió con toda la corte.

─Majestad, la princesa está curada.

Con asombro el rey miró al maestro, miró a la princesa, todavía congestionada. Parecía que iba a estallar. Todos se taparon los oídos, esperando alguna barbaridad saliendo de su boca.

Sin embargo, la muchacha se fue calmando poco a poco, y cuando por fin pudo decir algo, la primera palabra que salió de su boca fue:

─¡Oh, oh! Tengo hambre, quiero comer, tengo sed, quiero beber, oh, oh.

Todos la miraron asombrados. A partir de ahí la princesa solo dijo palabras bien habladas, correctamente ordenadas y cada poco decía: ¡Oh, oh!

En definitiva, que resultaba graciosa.

El maestro recibió ochenta kilos de monedas de oro.

Al momento escribió a su querida amiga para que se reuniera con él, pues ahora podía invitarla a algo mejor que una gaseosa.

Y su amiga se reunió con él.

Juntos siguieron caminando por todo el mundo, pero ahora, desayunaban chocolate y bebían zumo de maracuyá.

En conclusión: el mal hablar se cura con el buen hablar.
Y lo más importante: un buen maestro vale su peso en oro.

 

Texto: Jesús Muñiz González

8 comentarios sobre “La princesa mal hablada

  • el 11 de marzo, 2019 a las 15:58
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    Y quién soy yo para decirte si está bien o mal, aunque si te diría q me gustó más q algunos de Patito y Ardilla

    Respuesta
    • el 12 de marzo, 2019 a las 12:57
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      No hace falta decir si está bien o mal, cualquier comentario es bienvenido, cómo tus palabras, que saben dulces y no empachan.

      Respuesta
  • el 11 de marzo, 2019 a las 17:00
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    Muy bonito cuento tu ere un maestro escribiendo cuento y poema

    Respuesta
  • el 11 de marzo, 2019 a las 17:40
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    Me gusta como escribes, utilizando siempre un lenguaje llano y comprensible.

    Respuesta
  • el 12 de marzo, 2019 a las 12:14
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    Cuanta razón tienes al decir que un buen maestro “vale su peso en oro”.
    Me gustan tus reflexiones y tus historias.

    Respuesta
  • el 12 de marzo, 2019 a las 12:58
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    Agradezco todos los comentarios, siempre es agradable escribir y que te lean, sí además gusta ya estás en la gloria. Gracias.

    Respuesta
  • Pingback:Las montañas perezosas - Revista Digital CS Coia Vigo

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