La gente con la que me encuentro

El comandante de la aeronave.

jmg2En mi tercer viaje a Zambia, en el vuelo de Madrid a Johnesburgo, en un airbus de Iberia tuve la oportunidad de hablar con el comandante de la nave. Era por la mañana cuando me dirigí a los aseos. La puerta estaba justo antes de la de la cabina de pilotos. Me imagino la sorpresa que se reflejó en mi cara, cuando vi la puerta abierta y nadie sentado que manejara el avión. Un hombre de mediana edad que me había dado los buenos días dijo muy divertido que si pensaba que los pilotos manejaban los aviones estaba equivocado, que los pilotos solo van a divertirse y que las aeronaves se manejan ellas mismas. A continuación me invitó a visitar la cabina, lo que hice muy complacido, pues nunca había estado antes en una.
avion1Era un espacio muy reducido, con dos asientos. En el de la derecha vi ahora a un señor regordete, de gafas y sonriente, que me saludaba. Detrás un asiento más pequeño del que no le pregunté para quien era. No me pareció un lugar tan complejo y sofisticado como me había imaginado. El comandante, que es quien me había invitado, se presentó diciéndome que se llamaba Mauro y yo lo hice a mi vez, diciéndole que era redactor en una revista digital hecha por mayores. Me bromeó preguntándome si iba a hablar tan negativamente de el como se habla generalmente de los pilotos. Le aseguré que yo solo contaba la verdad más objetiva. Mauro se sirvió un vaso de agua y me habló de ese piloto americano que había hecho un aterrizaje forzoso sobre el Hudson, salvando la vida a los pasajeros, y al que habían declarado héroe nacional. En nuestro pais, ironizaba mi interlocutor, se le hubiera hecho un consejo de guerra o algo parecido y me contó un incidente de un vuelo en Canarias. Luego me relató su propia experiencia, de como le avisaron para pilotar de urgencia un avión a las islas, porque el comandante se había indispuesto. Por dos veces el estabilizador le señalaba una anormalidad y otras tantas se salió de la pista de despegue. Cuando lo iba a intentar por tercera vez un señor quiso bajarse pero antes pidió hablar con él. El no tuvo inconveniente en recibirlo y el hombre le dio las gracias por su comportamiento y seguridad, pero que tenía que bajarse porque su corazón no daba para más. Al tercer intento siguíó sin encontrar seguro el avión y regreso de nuevo. Tuvieron la suerte de que había otro listo para salir y ahi se fueron a Canarias. Cuando aterrizó, con dos horas de retraso y pidió disculpas a los pasajeros, estos le dedicaron una ovación.
pistaEl me explicó como en Iberia no se presionaba a los pilotos y ellos podían tomar las decisiones que consideraban oportunas sin ninguna consecuencia negativa. En otras compañías no sucedía lo mismo, me explicó, y los pilotos podían ser despedidos, por retrasar un vuelo. Y recordó el reciente suceso del vuelo de Spanair. Anotó mi dirección de correo pues pensaba escribirme contandome algunas cosas más. El avión comenzó a descender y se despidió de mi. Poco después aterrizamos felizmente.
Esto me hizo pensar en la responsabilidad de las personas que llevan en sus manos las vidas de tantas otras. Yo siempre he sentido una gran admiración por los pilotos y considero que a pesar de todos los adelantos de la técnica, tienen que tomar muchas decisiones, que implican un gran riesgo. El avión es un medio de transporte que ha de funcionar perfectamente, pues cualquier mínimo fallo puede resultar fatal. A veces frivolizamos sobre su trabajo y yo no tengo mas remedio que reconocer que no siempre los valoramos con justicia. Hace poco todos hemos podido ver ese vuelo en Holanda, donde la pericia de los pilotos salvó la vida de muchas personas, aun a costa de la suya propia.
Intentaré no olvidarme cada vez que suba a un avión que hay alli, en la cabina, dos seres humanos que hacen lo posible para llevarnos a nuestro destino sanos y salvos. Mi agradecimiento personal a cada uno de ellos y como si se lo dijera a todos, digo: “gracias, Mauro”.

Jesús

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