La gente con la que me encuentro

Un demócrata ateo

jmg2Hace unas semanas, en pleno período de elecciones, desfilaron algunos de nuestros políticos por el Centro Social. No tuve la oportunidad de acudir a esas entrevistas y conocer de primera mano sus opiniones. Si he prestado atención sobre todo a los titulares y a las declaraciones propagandísticas, buscando el voto de los ciudadanos. Creo que en buena fe, muchos de esos políticos están preocupados por el bien común, pero la verdad es que en campaña, poco les percibo ese interés, pues no les veo otro que el de conseguir votos como sea, utilizando cuantas argucias sean capaces. Así desfilan siempre ante nosotros, sufridos ciudadanos, descalificaciones, insultos, burlas y bromas del peor gusto, dedicadas siempre al adversario.
elecciones09Luego llega el día clave, se vota, y los resultados proclaman quien ha obtenido mas votos y quien menos, entonces, esa pelea entre ellos desaparece momentaneamente y los perdedores muestran buen talante felicitando a los vencedores, y estos se muestra magnánimos y dedican sus mejores piropos a sus adversarios perdedores. Y claro, de este modo uno piensa que poca sinceridad hay en sus palabras, pues no hay forma de saber cuando lo son, si antes, o despues. Y todo el mundo encuentra natural esas actitudes. Pero yo no.
La cuestión es que un dia de estos me encontraba tomando unas cervezas, cuando uno de los que formaban la tertulia en la que se hablaba de política, hizo un comentario acerca de las creencias, en el sentido de que cada vez la gente era más democrática y menos religiosa.
Pensé que quizá me había equivocado y le pregunté para saber exactamente que había dicho. Y me lo corroboró con grande explicaciones, que ahora la gente ya no se dejaba gobernar por los curas, y podía votar libremente, que esas creencias fanáticas cada vez dominaban menos a la gente que podía ejercer mejor su libertad.
Opiniones como ésta me ratifican en la idea de que la incultura se extiende como la maleza en nuestra sociedad y se dan sentencias sin ninguna base sólida de conocimiento sobre cualquier materia, y claro, mucho más fácilmente en el tema religioso, porque nadie protesta.
¡Pues ya es hora de protestar! Y no con insultos, amenazas o coacciones, sencillamente con los hechos y con la verdad. Las personas que nos declaramos creyentes no podemos admitir que por ese motivo se nos tache de antidemocráticos, porque eso sería casi tanto como declararnos incívicos y ya desde los origenes se consideraba a los cristianos como los mejores ciudadanos.
A mediados del siglo XIX un sencillo piamontés, Juan Bosco, se dedicó a sacar de la calle a la juventud para procurarle una profesión y además educarle en los deberes ciudadanos. Encíclicas como la Rerum Novarum o Laborem Exercens, exponen con claridad y denuncian las injusticias que se pueden cometer cuando los salarios no son justos o no se atiende debidamente a los derechos del inviduo y de la familia.
Y estas dos citas, a modo de ejemplo no tienen despercidio:
“Cuanto se pueda hacer en política, tiene una dimensión moral, arraigada en la naturaleza misma de las cosas y regida por la ley suprema del respeto a la dignidad y a los derechos de las personas.
Cualquier actividad política, concebida desde una visión cristiana de la vida, ha de entenderse y realizarse como un servicio efectivo a la comunidad, con el fin de proteger y favorecer el bien común de todos los ciudadanos. La búsqueda sincera del bien común es la indispensable justificación de cualquier institución o iniciativa política. Este bien común consiste en la promoción y garantía de las condiciones necesarias para que los ciudadanos puedan desarrollar su vida y disfrutar de los bienes comunes en las mejores condiciones posibles. En cualquier situación, las instituciones políticas deben garantizar a todos los ciudadanos el derecho a la vida y a la educación, a la sanidad, al trabajo y a la vivienda; la libertad de expresión, la capacidad de iniciativa y responsabilidad en el proyecto y realización de su propia vida.” (Mons. Fernando Sebastián.)
“Desde una perspectiva realmente humana y cristiana, la finalidad principal de la acción política es la consecución del bien común. Por ello el cristiano que quiera vivir consecuentemente la fe y la caridad se ha de interesar por el hecho político. Es más, todas las realidades de la vida diaria tienen una dimensión política.
Ya en 1986 los obispos españoles en su instrucción pastoral “Los católicos en la vida pública” destacaban la «nobleza y dignidad moral del compromiso social y político y las grandes posibilidades que ofrece para crecer en la fe y en la caridad, en la esperanza y en la fortaleza, en el desprendimiento y en la generosidad» (C.V.P., 63). «Se trata del amor eficaz a las personas, que se actualiza en la prosecución del bien común de la sociedad» (C.V.P. 60, b).
Los laicos cristianos tienen obligación de poner sus talentos al servicio de la sociedad. Han de comprometerse activamente en la construcción de un mundo mejor.” (Jesús Moreno Ramos, sacerdote y sociólogo).
Lo que si ocurre, con frecuencia, es que a algunos les molesta que quienes pueden tener intereses más altruistas se metan en política. Por desgracia, muchos gobiernos de nuestro mundo, siguen practicando la vieja política de “Panem et circenses”, como una manera fácil de mantenerse en el poder.

Jesús

Un comentario en “La gente con la que me encuentro

  • el 10/03/2009 a las 1:11 am
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    ACLARACIONES
    En Europa sobre todo y ya desde los primeros tiempos del cristianismo (y ya había curas) se ha considerado como muy positivas sus aportaciones a la sociedad, aunque en el proyecto del Tratado Constitucional Europeo y de manera explicita no se cita al cristianismo en dicho texto pero si se deduce de la contribución que las herencias religiosas y humanistas han dado como valores muy positivos para Europa.
    Los laicos, sin exclusión, grupos católicos como los de otros grupos religiosos tenemos la obligación de poner los talentos al servicio de la sociedad, en el compromiso noble y moral tanto para lo social como para lo politico.
    Una vez dicho esto me veo en la obligación de manifestar con toda claridad, que habrá políticos de buena fe, pero el fanatismo también reina y de que manera en algunos católicos votantes que lo hacen para aquel grupo que mejor defiende sus intereses y no precisamente los que atañen a lo moral o religioso sino buscando su particular interés sin valorar el bien de los otros.
    Con este ejemplo de catolicismo, el resultado puede ser para las gentes no creyentes un signo de desvalorar las actuaciones de los mismos.
    Decir que llevo algunos años esperando que la palabra “bondad” se escuche entre los grupos mayoritarios de este país al menos en política y entre los políticos.
    Emiliano.

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