La gente con la que me encuentro

La herencia de Carlos

carlos1El martes regresaba de viaje. En el autobús hacia Vigo recibí una llamada del Centro: “Carlos ha fallecido”. El impacto fue brutal. De pronto, todas las escenas vividas junto al eterno galán porteño, se me hicieron presentes.

A los pocos días de incorporarme a la revista lo conocí. Sonriente, con su acento argentino y un tono de humor muy personal, que lo simplificaba todo. Cuando se organizó la presentación de la revista e hicimos aquella encuesta de “¿Qué es el Centro para ti?”, Carlos dijo que el Centro era su segundo hogar. El llegó solo, de su país, y aquí enseguida se sintió acogido, todos los usuarios eran su familia, por eso quería estar en todas partes y se anotaba a un sinfín de actividades, aunque a veces no podía estar a tiempo completo, porque le coincidían los horarios. Pero, ¿quién podía decirle que no viendo su cautivadora sonrisa y su mirada de niño? Enseguida se anotó al grupo de teatro y así tuve la oportunidad de disfrutar aún más de su persona. Le veía avanzar hacia el micrófono en los viajes para contarnos chistes, decir que si, cuando le pedían que fuera el delegado, rodeado de mujeres que lo adoraban, porque el encarnaba esa serie de galanes de antes, al estilo de Cary Grant, de quien nunca se puede esperar mas que una actitud caballerosa y una simpatía inagotable.

Hace poco tiempo habló conmigo, para decirme que no podía seguir con su papel. Había desmejorado tanto, se sentía mal, sin ánimo. Mientras hablaba sus ojos se llenaron de lágrimas. Le dije que el grupo de teatro siempre estaría abierto para él, aunque no fuera más que para sentarse en una silla y disfrutar de los ensayos. Cada vez que lo veía a partir de entonces, invariablemente me decía que iba mal. Intentaba bromear y no podía.

La verdad es que nunca pensé en un desenlace tan inminente. Y me sentí mal. El viaje en el autobús, fue triste, aunque el sol iluminaba con una alegría insultante todo el paisaje. Su sonrisa, esa que nunca más volvería a iluminar su rostro se había ido.

El miércoles por la mañana estuve en el Centro y pregunté cuando era el funeral. Se estaba preparando la fiesta de la tarde, el concurso de “orejas” y “filloas”. Me preguntaron sino iba a venir al baile de disfraces. Contesté que no. La verdad es que para mi comienza siempre la cuaresma ese día, en el que te imponen la ceniza, mientras el sacerdote recuerda que eres polvo y en polvo te convertirás. Es para algunos un tiempo de reflexión, un tiempo para preguntarse el porqué, el para qué sobre uno mismo, sobre el propio quehacer. Siempre he sido del parecer que hay un tiempo para cada cosa, y cada cosa a su tiempo. No soy amigo de lutos, ni de lamentaciones, ni de actitudes negativas, pero cuando uno siente ganas de llorar no es tiempo de reír.

Estuve en el funeral. Pude ver una gran cantidad de gente despidiéndose de Carlos, algunos con fe, mandándole un “hasta luego”, “nos vemos, pibe”.

Ahora es el momento de recordar. Y para mi recordar es volver a pasar por el corazón algo que ha sucedido antes. Pero cuando se trata de alguien que nos ha dejado, también es el tiempo de recoger su herencia, de recoger el testigo, porque Carlos nos ha pasado un testigo en esta carrera de relevos. Su simpatía, su ternura, su afecto, su amabilidad, su manera de estar y hacer, su manera de decir, su atractiva sonrisa, tienen que seguir existiendo. Ahora es el momento en que cada uno de los rasgos más positivos de su carácter, debe seguir vivo. Para ello hemos de tomar el relevo, hemos de tener alguna sonrisa más, algún entusiasmo más, alguna actividad más, de tal manera que ese modo de ser que era Carlos, siga permanente entre nosotros. Ese puede ser un buen homenaje, que siga viviendo entre nosotros, porque nosotros, heredamos lo mejor de su persona y lo llevamos a la vida.

Querido Carlos, tus cenizas serán polvo, es verdad, más, como dijo el poeta, “serán polvo enamorado”.

Jesús

Un comentario en “La gente con la que me encuentro

  • el 04/03/2009 a las 9:57 pm
    Permalink

    Jesús dices lo que nos gustaría decir a muchos, el mejor mensaje aceptar la herencia de Carlos y procurar prestar atención a los demás como lo hacia él con mimo.

Los comentarios están cerrados.

A %d blogueros les gusta esto: