La espada de Conan

La espada de Conan fue un regalo inesperado que recibí por comprar los comics de Conan.

De verdad es una espada formidable. No es fácil cogerla con una sola mano. Pesa bastante. Aunque la hoja no tiene filo, un golpe con fuerza aunque no corte puede romper cualquier hueso.

Cuantos la ven se quedan pasmados y les encanta hacerse una foto con ella en la mano.

Una tarde, después de comer, admirando mi espada, me quedé dormido en el sofá abrazado a ella.

Entonces soñé…

Mi espada tenía un poder extraordinario. Cuando alguien la sostenía en sus manos, cualquier deseo que yo tuviera hacia esa persona se cumpliría, en cuanto ese deseo fuera positivo. Es decir que si yo deseaba algo malo para esa persona, no funcionaba.

Desperté sobresaltado y al sentir el contacto de la espada entre mis manos, pegué un grito. Me puse en pie de un salto y a punto estuve de tirarla al suelo.

No se explicármelo, pero desde aquel instante sentí que lo que había soñado era verdad. Es decir, que estaba convencido que mi espada tenía ese poder.

Mi esposa vino corriendo cuando oyó mi grito.

Cuando le conté mi sueño sonrió, ah, pero en cuanto le dije lo que pensaba sobre el poder de la espada, le dio un ataque de risa. Discutí con ella, me enfadé y le espeté abroncado:

– ¡Coge la espada si te a atreves!

Con sonrisa burlona y un brillo pícaro en sus ojos verdes la agarró con las dos manos.

Entonces formulé mentalmente mi deseo: “Qué se le quiten las ganas de comer dulce”. Porque las pastelerías son su perdición, su voluntad de mantener una dieta se le viene abajo cuando tiene delante una tarta o un bizcocho.

-Uy, ya siento el poder de la espada. Me hace cosquillas.

Y se puso a reír como una loca.

Sonreí condescendiente y guardé la espada.

En los siguientes quince días, mi esposa no probó el dulce. Se llevó una grata sorpresa cuando visitó a la nutricionista, que la felicitó por haber perdido un kilo en dos semanas.

Naturalmente cuando llegó a casa y me dio feliz la noticia, la llevé a cenar a un restaurante vegetariano y le compré violetas.

Cuando volví a casa, subí al trastero y contemple la espada de Conan.

Aunque el corazón me decía que sí, mi razón decía que no.

Entonces se me ocurrió probar su poder conmigo.

Con la espada en la mano formulé el deseo de corregir aquel feo defecto de morderme las uñas. Nunca mi mamá consiguió corregirme, y mi esposa tampoco. Aquella cantinela de “no te muerdas las uñas”, me acompañaba toda la vida. Yo las mordía inconsciente y a veces me hacía sangre.

Desde ese día dejé de hacerlo. Cada vez que metía un dedo en la boca, antes de hincar el diente, me venía al pensamiento la espada, y no las mordía.

Al poco tiempo lucía unas uñas espléndidas y se las mostré muy orgulloso a mi esposa.

¡Qué contenta se puso! Enseguida me preguntó como lo había conseguido.

En ese momento estuve a punto de decirle: “Gracias al poder de la espada de Conan”. No lo hice. Le conté que desde que ella se había privado de comer dulce y había mejorado su peso y su ánimo, pensé en cuantas veces ella y mi mamá me habían dicho que no mordiera las uñas y nunca les había hecho caso. Así que eso me motivó para conseguirlo.

Se emocionó y me dio un abrazo de osita que dejó mi corazón saltando de nube en nube bajo un hermoso cielo azul.

No tardó en decírselo a toda la familia y amigos, mostrándoles orgullosa mis manos.

¡Qué bueno y gratificante era el poder de la espada!

Ahora tenía que practicarlo con más gente

Así pues comencé con la familia. A los pocos días se me presentó la ocasión.

Nos reunimos en casa para una celebración familiar. Les mostré la espada de Conan y les encantó la idea de hacerse una foto con la famosa arma del mítico guerrero de la era Hiborea.

Uno tras otro, se inmortalizaron en la cámara, mientras yo, mentalmente, formulaba un deseo.

Sé que resulta increíble, pero en poco tiempo se apreciaron resultados.

El que siempre llegaba tarde se volvió puntual, quien tenía pereza para cocinar, se convirtió en un “cocinillas”, la que se agobiaba con el trabajo, una balsa de aceite, el introvertido, se volvió comunicativo, el pesimista, optimista, el mal estudiante, entusiasta de los libros de texto y así el resto.

¡Qué felicidad! A solas con mi espada en la buhardilla sonreía feliz.

Después de la familia seguí con los amigos. Al final, todos lucían una cualidad más y un defecto menos.

Luego busqué la posibilidad de hacerlo con más gente. Gracias a la espada de Conan fui mejorando la vida de cuantas personas conocía.

A continuación amplié el círculo. La llevaba en mis viajes, actividades, reuniones, excursiones.

Siempre me las ingeniaba para hacer efectivo su poder: con mi grupo de teatro, compañeros de pintura, de la redacción de la revista, de la asociación de Antiguos Alumnos, de la catequesis, de la academia de baile, del grupo de senderismo, de lectura, de escritura creativa…, etc.

La espada de Conan fue mi compañera inseparable.

Además los efectos eran duraderos. Nadie volvió a recuperar un vicio corregido, cualquier mala costumbre se perdió en el olvido. Se felicitaban por los logros conseguidos.

Una tarde de verano, después de comer, bajo un calor soporífero, me quedé profundamente dormido. Se había celebrado una gran fiesta en casa con motivo del 75 cumpleaños de mi esposa.

Cuando desperté oí una conversación al otro lado de la ventana. Hablaba mi hija pequeña.

-Es sorprendente.

-¿Qué es sorprendente?

-Sabes que no hace mucho, llegaba tarde a todos los sitios.

-Es verdad y ahora eres súper puntual.

-¿Sabes lo que me hizo cambiar?

-Dímelo tú.

-Fue aquel día en que papá dijo contó como había dejado de morderse las uñas.

-Es curioso. Ahora que lo dices, a mí me ocurrió algo parecido.

-¿Ah, sí?

-Pues sí. Mi marido nunca se aprendía el papel en la obra de teatro. No era capaz de corregirse. Hasta que un día hablando con una del grupo que tenía el defecto de estar siempre hablando durante los ensayos, le dijo como había corregido ese defecto.

-Vaya.

-Pues lo consiguió cuando tu papá le dijo lo de las uñas.

-Bueno, bueno.

-Y yo misma, al enterarme, también cambié. ¿Recuerdas cómo me quejaba siempre? Pues ahora solo encuentro motivos para dar gracias y nada de quejas.

-Lo que nos motiva es saber que si otros pueden corregirse, nosotras también podemos.

-Sí, es como echar una piedra en el estanque, la onda llega hasta la orilla.

-Nuestras acciones son como esa piedrecilla.

En ese momento me di cuenta de la realidad del maravilloso poder de la espada de Conan. Estuvo ahí todo el tiempo, y solo ahora lo entendí.

Si todavía alguien no cree en ese poder, puede pasarse por mi casa, coger la espada y yo formularé el deseo correspondiente.

Texto: Jesús Muñiz.

La espada de Conan

3 comentarios en “La espada de Conan

  • el 24/06/2020 a las 3:40 am
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    Buenos días Jesús hermoso cuento gracias

  • el 24/06/2020 a las 4:10 pm
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    Muy buen cuento ..bien narrado!! graciass!!

  • el 26/06/2020 a las 5:03 pm
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    Parábola, cuento o fábula, *La espada de Conan* es una didáctica manera de hacernos entender que, cuando alguna persona se propone firmemente dejar de hacer algo perjudicial, para si mismo o los demás, siempre es posible.

Los comentarios están cerrados.

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