La demagogia de saldo

la demagogiaNunca me han convencido los personajes amables, considerados; esos que se proyectan como el resto espera. Los mismos que utilizan la palabra justa, en el instante preciso, el comentario adecuado al suceso puntual… Me producen desconfianza. Lo siento. No me los creo.
Estamos acostumbrados a movernos en el lado apropiado.  Nuestro interés se fundamenta en parecernos al resto. Nos aporta confianza: Vestir igual, comportarnos de idéntica manera, incluso pensar lo mismo, porque ello ilumina nuestra existencia, bordeándola con una capa de seguridad.  Es obvio que todos intentamos  proteger la propia identidad, para evitar magulladuras innecesarias, y ello nos conduce a ocultarnos, o por lo menos no exponernos de manera directa. Pero incluso eso, lejos de facilitar las cosas, frecuentemente esconde parámetros antagónicos: Personajes marginales muestran códigos de conducta, apoyados por lealtades y compromisos,  mucho más honestos, que quienes participan de algo que no va más allá de una simple estética de la corrección.
Hace un par de años asistí a través de televisión a una tertulia antitaurina, tan de moda en aquel momento.
Todos los defensores de los animales, esgrimían con vehemencia sus argumentos, para prohibir y evitar  el maltrato a los toros de lidia.  Afirmaciones bien expuestas, coherentes y por supuesto argumentadas por muy buenas personas, que luchaban con firmeza para enfrentarse a la  desprotección animal.
Iba a cambiar de canal, cuando de pronto descubro a un tertuliano, al que conozco personalmente.  Durante un par de minutos permanecí pendiente de sus palabras sin poder creer lo que estaba escuchando.

“Debemos proteger la vida de los toros de lidia, frente a los asesinos que se visten de torero en los ruedos, para ejecutar sus matanzas, ante la impunidad y la dejadez, tanto de instituciones como del pueblo, que asiste impasible al denigrante espectáculo.”

Aquellos argumentos tan bien expresados, desde una más que  evidente demagogia de saldo, fueron aplaudidos profusamente por el público.
Me sorprendió su ímpetu, su excitación, su facilidad para defender a los pobres bichos violentados… Y entonces, de pronto, recordé a su madre enferma, que desde hace varios años permanece en una residencia de ancianos, y a la que jamás se acerca para visitarla.
-Tiene Alzheimer –Se justifica ante sus conocidos-  Y como no se entera y yo  dispongo de tan poco tiempo…
Dispone de tiempo suficiente para la defensa de los pobres toros,  pero no para contemplar la mirada triste y perdida de su madre, acariciar sus manos, o besarla, ofreciéndole su cariño y ocupándose para que nada le falte… Aunque ya poco precise.

Texto e Imagen:  Miguel A. Méndez González

 

5 comentarios sobre “La demagogia de saldo

  • el 3 de septiembre, 2015 a las 15:42
    Permalink

    A mi me molestan y me irritan esas personas que se venden de buenas, caritativas intentando convencernos por sus actos y después esconden un pasado oculto, y muchas veces bastante bochornoso. Un texto interesante para reflexionar.

    Con afecto. María Jesús.

  • el 3 de septiembre, 2015 a las 17:35
    Permalink

    Un artículo directo a descubrir las entrañas de todos esos personajes de saldo, como bien los llama Miguel.

    Un fantástico artículo. Felicidades.

  • el 4 de septiembre, 2015 a las 10:07
    Permalink

    Muy acertado el artículo, interesante y directo.

    Saludos.

  • el 4 de septiembre, 2015 a las 11:06
    Permalink

    A mi tampoco me gustan las personas maravillosas y perfectas, me pasa como a tI miguel, al final siempre acaban escondiendo algo que se empeñan en ocultar.

    Ana.

  • el 4 de septiembre, 2015 a las 20:00
    Permalink

    Me pregunto si alguna vez en su vida se paró a pensar que él no se enteraba ni hablaba cuando era bebé y su madre lo besaba y pasaba tantas horas para atenderle. ¿Y se preguntó de que tiempo disponía su madre?
    Conocemos el refrán: “Una madre puede atender a veinte hijos y veinte hijos no pueden atender a su madre”.
    Por desgracia, abundan estos casos pero… son fantásticos personajes del mundo de hoy. FANTOCHES.
    Buena reflexión, Miguel. Lástima que no la lea este personaje.

Comentarios cerrados.