La consciencia

La consciencia que tuve de mí misma al principio, fue vaga y confusa. Como si flotara, ingrávida, rodando lentamente. Hasta quedarme quieta, en espera de un destino incierto.

Solo era factible confiar en el futuro.

No podía precisar el espacio temporal que transcurrió en esa circunstancia.

Así estuve hasta que percibí un movimiento ondulado y trepidante que hizo temblar todo el entorno. Al tiempo, una onda incandescente tornó en insostenible la estancia en el lugar. Todo parecía indicar que el final era inmediato.

En el cenit de aquella convulsión sentí que un ente oblongo se esforzaba en penetrarme. ¡Y lo consiguió! Con tal violencia, que proyectó mi masa orgánica en una pared, cuya estructura elástica me sujetó con firmeza.

Allí quedé como enquistada.

De inmediato sobrevino una oscilación en toda mi estructura interna.

Una conmoción disgregadora me invadió. Desgarró mi ser. Barboteó mi organismo como si entrara en ebullición. Solo aguardaba un estallido. Se me hacía imposible retener dentro de mí la energía ilimitada que brotaba con la imperiosa necesidad de expandirse.

De súbito se alivió la tensión acumulada, la mitad de mi organismo se desprendió.

Y al momento éramos dos seres idénticos.La consciencia

De este modo se inició una fase divisoria que se repitió de forma indefinida.

Sucesivamente me veía reflejado en otro ser idéntico, luego en otro y otro…

El movimiento de expansión se hizo continuo. En unos instantes, el número de seres fue incontable. Pasamos de cientos a miles y luego a millones.

Lo prodigioso fue que no perdí la identidad.

La consciencia de mí misma fue creciendo con más celeridad que la colonia de seres que se reproducía en progresión geométrica.

No desparecí en medio de aquella masa colosal de organismos repetidos.

Al haberse iniciado en mí el proceso, se creó un lazo de unión que me comunicó con todos ellos. Percibía la vida de cada uno. Ellos me advertían a mí y se subordinaban a mi voluntad.

Tuve conciencia de que podía dirigir su crecimiento, su multiplicación, de modo que la agrupación no tuviera un desarrollo informe sin sentido.

Aunque no entendía cómo, estaba segura de alcanzar el conocimiento.

Una fuerza increíble dentro de mí me impulsaba a dirigir el desarrollo en diferentes direcciones.

Se estableció un orden. Surgían formas precisas y diferentes.

El conocimiento me llegaba más rápido que la proliferación orgánica.

Enseguida supe que el colectivo que se iba formando constituía un nuevo ser, una criatura de la que yo tenía el control absoluto.

Entonces percibí una consciencia nueva de un ingenioso proyecto de vida.

Era necesario organizar la colonia.

La magnitud de conocimientos era tal que tuve que seleccionar a muchos para que lo almacenaran todo. Tendría necesidad de cada dato para que la organización fuera eficaz.

Enseguida estructuré el transporte y extracción de alimento para subsistir.

Ahora aquella en apariencia frágil actividad funcionaba a la perfección.

Aunque pronto fui consciente de un gran peligro que amenazaba la existencia de toda la organización.

El habitáculo en el cual nos encontrábamos era insuficiente para una expansión tan acelerada como imparable.

En poco tiempo alcanzaríamos los límites habitables. Nuestro futuro se presentaba incierto y angustioso.

Comencé a sentir una tenue conciencia de espacio y lugar. Entonces fui consciente de mi dependencia hacia un ser superior. Desde un rincón de mi conciencia grité y supliqué.

Ya no éramos solo una agrupación. Innumerables multitudes gritaban por su existencia.

El conocimiento y la percepción se desarrollaban dentro mí prodigiosamente. Así obtuve la certeza de que un organismo superior lo sustentaba todo.

Sentí la protección misteriosa de quien nos proporcionaba el alimento. Aquel ser desconocido y acogedor expandía el habitáculo y favorecía el crecimiento. Ese fue el origen de nuevos sentimientos que nos generaban sensaciones placenteras.

El incalculable caudal de conocimiento se había fragmentado en múltiples departamentos. Tuve que delegar en numerosas colonias, responsables de diversas áreas.

La existencia hubiera sido por completo plácida y feliz, salvo por la angustia de nuestra expansión imparable. La esperanza gravitaba en nuestro benefactor todopoderoso. Él era el bien supremo y nos ayudaría a sobrevivir.

Luego fui adquiriendo la certeza de que esa existencia superior nos aguardaba en un mundo diferente. Aunque era todavía un conocimiento muy confuso.

Nuevos sentidos me trajeron nuevas percepciones.

Las colonias que habitaban en relación directa con las paredes de nuestro mundo, traían sensaciones desconocidas.

La mayoría transmitían energía positiva.

Algo desconocido se filtró en nuestra consciencia y constituyó un gozoso acontecimiento.

Se estableció una comunicación sensorial con el exterior. Surgió el ansia de conocer a quien proporcionaba un gozo tan inmenso.

Así en nuestro mundo crecía la certeza de aquel mundo nuevo que nos aguardaba.

En aquel momento nuestra expansión llegó al límite. El habitáculo no podía contener más individuos.

Ahora una angustia invadió nuestro mundo. Por eso se necesitaba buscar una solución o perecer. No había otra alternativa. La salida existía y para alcanzarla se hizo necesaria una inversión de todo el macro organismo.

Fue aquella una tarea enorme y dolorosa.

Hubo que impulsar y movilizar a todas las colonias para que el conjunto basculase sobre sí mismo. Luego golpear como un ariete la estrecha salida.

La situación era preocupante. ¿Qué habría al otro lado? El destino era incierto.

El mundo entero se proyectó hacia aquella puerta de esperanza.

El dolor era insufrible y el desánimo cundía en todos los individuos.

Cuando la situación resultaba más desesperada, un crujido gigantesco hizo sobrecogerse a las multitudes.

Los depositarios del conocimiento comprendimos que nuestro bien supremo nos ayudaba en el empuje. También dilataba el estrecho paso facilitando la salida.

Arremetimos con redoblada energía la tarea.

Y al fin cedió.

Nos apretamos unas con otras en un supremo esfuerzo. A pesar de sentir como que nuestro mundo se resquebrajaba, casi desintegrándose, una fuerza exterior nos succionó hacia el destino…

El dolor insufrible, la sensación de precipitación hacia el abismo lo invadió todo.

Un sentimiento brutal recorrió cada organismo. En ese momento un dolor seco, cortante y violento impacientó nuestra resistencia. Se generó un sentimiento de protesta que se hinchó como una gigantesca burbuja.

Y estalló con fuerza incontenible en un grito  que se proyectó hasta el infinito.

Entonces ocurrió el milagro. La oscuridad desapareció. Una luz desbordante lo lleno todo. Se abrió la realidad de la esperanza en el mundo nuevo.

La multitud de informaciones se agolparon en los seres acumuladores de conocimiento.

Entonces una dicha infinita invadió nuestro mundo al alcanzar el nuevo.

Finalmente tuve el conocimiento de que nada podría obtenerse desde el silencio y la pasividad.

El gozo de la sabiduría siempre iba a venir precedido del dolor de la ignorancia.    

 

Texto: Jesús Muñiz

La consciencia

 

 

 

 

2 comentarios en “La consciencia

  • el 22/01/2020 a las 11:39 pm
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    Buenas noches Jesús muy bonito cuento es buenos tener conciencia en todos lo que hacemos

  • el 24/01/2020 a las 10:57 am
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    Una historia muy original muy bien relatada..muy bien señor poeta se supera siempre!!

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