La Ciudad Prohibida de Pekín

Hace unos días tuve la oportunidad de visitar Pekín, un viaje inesperado al que no pude resistirme. Voy a compartir algunas fotos y unas pequeñas notas, de uno de esos lugares grandiosos, que la vida en ocasiones te da la oportunidad de disfrutar.

Un dato importante:

En china, todas las entradas a monumentos son gratuitas para mayores de 60 años.

Camino de la Ciudad Prohibida, nos encontramos con una marea humana en una sola dirección. Abril no es temporada alta, pero aún así había una multitud de personas, fundamentalmente asiáticas. A partir de junio de 2015 se limitó a 80.000 el número de visitantes diarios.  En 2017 la Ciudad Prohibida recibió  un récord de 16,7 millones de visitantes. Es el museo más visitado del mundo.

Accedimos por la puerta de Tiananmen, ya que la Ciudad Prohibida está situada al norte de esta trágicamente conocida plaza. Pasamos exhaustivos controles de seguridad. Sobre el arco de la puerta de Tiananmen se sitúa un gran retrato de su líder Mao Zedong.

Hasta 1911, el pueblo no podía atravesar la puerta de acceso al palacio Imperial, de ahí viene el nombre de la Ciudad Prohibida. Hoy miles de personas, acceden a un recinto guardado celosamente de miradas ajenas a la familia imperial, durante más de 500 años.

Patio interior

A lo largo de la mañana, la multitud de visitantes se dispersó por el antiguo palacio, que cuenta con una superficie total de 1,12 millones de metros cuadrados.

En algunos de sus 150.000 metros cuadrados de construcción, nos pudimos sentir como en un fotograma de la famosa película de Bertolucci.

Este conjunto palaciego de más de 9.000 estancias, uno de los 5 más importantes del mundo,  en 1987 fue catalogado como Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO.

Construida en apenas 15 años, se inició en 1406 y terminó en 1420.

Asombrados paseamos por esta composición de puertas, palacios, salas y espacios que enlazan unos lugares con otros. Esta obra maestra de la arquitectura imperial china no deja de admirarnos. Sus líneas arquitectónicas, hacen de cualquier mirada o foto algo único y perfecto, todo en ella tiene una perspectiva equilibrada.

En la Ciudad Prohibida todo es simbología, todo está meticulosamente pensado, cada alero, cada color, cada figura,  desde el edificio más importante hasta el más pequeño detalle. Todo refleja sus principios filosóficos y religiosos; pero fundamentalmente todo el complejo es el símbolo del poder imperial.

Los nombres

En la Ciudad Prohibida,  los nombres están cuidadosamente escogidos. Sus  puertas tienen nombres tan sugerentes como La Puerta de la Pureza Celestial, la Puerta de la Armonía Suprema, la  Puerta de la Divina Armonía. El Palacio de la Pureza Celestial, el Salón de la Unión y la Paz, el Palacio de la Tranquilidad Terrenal, el  Palacio de la Paz y de la Longevidad, el  Salón de la Beneficencia y la Paz. Parece que la tranquilidad y la paz eran algo importante para los emperadores que habitaban este palacio.

Un lugar distinto y especial es el Jardín Imperial

Fue el lugar de esparcimiento de las reinas y princesas.  Es un espacio verde con pinos y cipreses con muchos años de vida, entre otras especies. Tiene una superficie de 12.000 m2. Su edificio principal, con pabellones, terrazas y pasillos abiertos, nos sumerge en un paisaje precioso y siempre verde, además en esta ocasión vimos alguna “princesa”, con móvil y refresco, paseando por sus jardines o fotografiándose.

Por toda la ciudad hay dragones que representan al emperador. Llamó especialmente mi atención, un muro decorado con paneles cerámicos de 30 metros de longitud y 3,5 metros de altura, en él se representan los Nueve Dragones. También vimos esta representación en algunos de los tejados. Sólo los edificios imperiales pueden ser decorados con grupos de figuras de nueve dragones, que representan al Emperador.

Me alejo de la Ciudad Prohibida, con deseos de saber más de esta cultura tan lejana. Imaginando la vida en esta isla rodeada por un foso de casi 3,5 kilometros de circunferencia y con un muro de 10 metros de alto. Desendo ver otra vez “El Último Emperador”

Texto y fotos Carmen C.B.

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