Juan Bobo

Juan Bobo es el cuento que nos relató Torcuato. A Torcuato le encanta hablar y que todos le escuchen. Le gusta mucho narrar las historias y al hacerlo les da una mano de pintura de tal manera que finalmente el cuento es otro completamente distinto.

Así que cuando nos contó la historia de Juan Bobo, no sabemos si se lo inventó todo o si hay algo que se parezca al cuento original.

Bueno, quien lo lea que juzgue.

Así fue el cuento tal y como nos lo contó Torcuato.

En el pueblo de Fermín, un tio mio que murió cuando la Gran Guerra del 14, vivía un muchacho que todos conocían como Juan Bobo.

El tal mozo no era mal parecido ni tenía cara de tonto y no se sabe porque le llamaban así.

La cuestión es que no le gustaba para nada el mote que le habían puesto.

Juan era habilidoso y pronto pudo, a fuerza de trabajo e ingenio, tener una granja. En ella tenía una herrería y taller de carpintero. Además de arreglar cuanto necesitaba también hacia trabajos para quien lo contratara.

Y la verdad es que le llovían los encargos. Claro que todos eran de gente de los pueblos vecinos.

Como le iba tan bien en el pueblo todos le tenían envidia y la única satisfacción era seguir con aquello de Juan Bobo.

La hija de uno de sus clientes se enamoró de Juan y como tenía unos bonitos ojos castaños y largas pestañas que cada vez que lo veía las movía como un abanico lanzando miradas intermitentes, el muchacho no resistió mucho tiempo y se le declaró.

Los padres de la muchacha estaban la mar de contestos, pues Juan les parecía un buen muchacho. Más de una vez le habían dicho porque no se iba del pueblo.

Para celebrar la boda Juan mató un buey e invitó a todo el pueblo.

A partir de entonces no solo le decían Juan Bobo, también Juan Bovino.

Juan y su esposa Hortensia vivían felices en la granja, aunque aquello del mote ponía una sombra de tristeza en los ojos de Juan.

Su mujercita que cada día estaba más enamorada le dijo a los pocos días:

─Juan, ¿Por qué no te vas a Valladolid de compras y de paso vendes esa piel de buey?

A Juan le pareció una buena idea, para distraerse un poco.

Se cargó la piel, dio un besa su querida Hortensia y se fue.

Como era a finales de junio, cuando llegó a la ciudad el sol apretaba de firme y se quedó adormilado en un prado en la ribera del Pisuerga.

Le despertó un cuervo que picoteaba la piel de buey. Entonces Juan lo atrapó y guardó en la bolsa donde llevaba la piel.

Más tarde, en el mercado vendió la piel de buey en siete escudos. Entonces se acordó que la hermana del alcalde del pueblo tenía una fonda en Valladolid. Esta familia era una de las que más se burlaba diciéndole Juan Bobo.

Con una sonrisa pícara Juan se fue a la fonda.

Se sentó a la mesa y pidió comida para dos. Era el único comensal. En cuanto observó que nadie lo veía puso tres escudos disimulados junto a la puerta, dos en el primer peldaño de la escalera y otros dos en el último.

Puso al cuervo en otra silla a su mesa.

Cómo tardaban en servirle dio una voz para que le oyeran:

—¿Cuánto van a tardar en servirme?

Entonces acudió una muchacha que le dijo:

—Perdone, señor. Esperábamos a su compañero para servirle.

—Mi compañero es este cuervo.

La muchacha se fue muy extrañada. Al momento vino la posadera llena de curiosidad.

—Debe ser muy especial este curvo para que le acompañe en la mesa.

—Así es. Este cuervo adivina donde hay dinero sin dueño. Pueden ponerlo a prueba. —dijo Juan  muy serio.

—¿Ah, si? No me lo creo.

Entonces Juan acarició al animal muy suavemente la cabeza que al instante soltó un graznido de gusto.

—¿Qué?

—Ya adivinó.

—¿Cómo? ¿Qué es lo que adivinó si puede saberse? —Dijo la posadera con tono de enfado.

—Ha dicho… —Juan hizo una leve pausa para causar más emoción, —En la puerta hay tres escudos.

La posadera muy extrañada y poco convencida se fue hacia la puerta y lanzó un grito cuando vio las monedas.

—Véndame usted el cuervo. Le doy 200 escudos.

Le espetó a Juan.

El astuto muchacho no contestó y siguió acariciando al cuervo, que lanzó otro graznido.

—¿Está adivinando otra vez?

Exclamó anhelante la mujer.

Y con mucha pausa y misterio habló de nuevo Juan:

—Que en la escalera hay más escudos.

La pobre mujer alucinando se fue a la escalera y, naturalmente, se encontró los dos escudos. Volvió como loca junto a Juan.

—le doy 500 escudos por el cuervo.

Imperturbable, el que llamaban Bobo, siguió acariciando al cuervo y esté graznó de nuevo.

—¿Qué, qué?

Inquirió la posadera con mucha excitación.

—Al final de la escalera hay más.

La mujer que ya había cumplidos los cincuenta voló escaleras arriba. Cuando vio los escudos gritó como una posesa.

—Le doy mil escudos por el cuervo.

Por la tarde Juan se volvió al pueblo sonriendo de oreja a oreja, con mil escudos en el bolsillo.

En cuanto llegó a casa dio un gran abrazo a su mujer, y luego, como viese por la ventana a la peluquera, que era más cotilla que una ardilla, dijo a su esposa:

—Mira, mira cuanto he sacado por la venta de la piel de buey, ¡mil escudos!

A continuación vació sobre la mesa un montón de monedas.

Todos en el pueblo se enteraron enseguida. En menos que canta un gallo, todos los que tenían buey, lo mataron para llevar la piel a Valladolid para venderla.

Claro, con la venta apenas sacaron para pagarse el viaje y muy enfadados volvieron al pueblo no pensando más que en vengarse de Juan Bobo.

Estuvieron pendientes a que no hubiera nadie en la casa y entonces se fueron a ella todos los vecinos.

Si queréis saber cómo se vengaron tenéis que esperar a mañana porque ahora estoy muy cansado y me voy a dormir.

Dicho y hecho, Torcuato se levantó y se fue a la cama. La verdad es que a más de uno se le pasó por la cabeza vengarse también de Torcuato a la primera ocasión. Aunque no antes de que nos terminase de contar la historia de Juan Bobo.

 

Texto: Jesús Muñiz

Juan Bobo

2 comentarios en “Juan Bobo

  • el 10/10/2020 a las 4:15 am
    Permalink

    Hola Jesús buenos días de bobo no tenía nada ese Juan demasiado vivo hasta estafador salio

    Respuesta
  • el 13/10/2020 a las 2:57 pm
    Permalink

    Muy buena historia si señor poeta muy biennn..

    Respuesta

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: