Jamás tendría un amigo como yo…

Jamas un amigo comoyoHace bastantes años celebré uno de mis cumpleaños. No suelo hacerlo, pero aquel, reuní a toda la gente que quiero y mientras observaba como hablaban, se reían entre ellos y disfrutaban de la velada, pensé: Ninguno se parece, todos son diferentes, han llevado vidas distintas… ¿Por qué, entonces  los considero mis amigos? ¿Cuál es el elemento integrador que he encontrado para que sean especiales y tan queridos para mi?
Conchi trabaja en la universidad de Santiago sobre un proyecto de investigación avalado por la comunidad europea en torno a las alexitimias, o problemas de comunicación. Maite es ama de casa, tiene tres hijos, un marido y un montón de dudas de carácter existencial. Cris fue modelo siendo muy joven, se relacionó con gente de cierto nivel, en un mundo frívolo y extenuado. Alberto salió fuera de España con 19 años… Jamás volvió a vivir con sus padres. Desde entonces ha pasado la vida recorriendo ciudades, trabajando, aquí y allá… moviéndose por impulsos a través de un universo que para él no tiene secretos.
Aquella noche, mientras celebraba mi cumpleaños, descubrí, por fin, que mis amigos tienen un elemento común: Irradian autenticidad. Son incondicionales. Ninguno de ellos dudaría en ayudarme para que me deshiciera del cadáver sin preguntar…
No existen dudas sobre lo que consideran o sienten; tampoco vacilan al exponerlo. Todos ellos no titubean al decirme lo que piensan, aunque no sea lo que me gustaría escuchar. Nos respetamos, nos entendemos y nos comunicamos desde una mirada, igual que desde una charla.
Mis amigos son muy pocos, desde hace años no consigo ampliar su número. Me habría encantado encajar en un mundo al que no me adapto; tal vez porque no entiendo muchos de los comportamientos de la gente, actitudes, envidias, mentiras o engaños.  Respeto, a quien ve la vida de diferente manera a como yo lo hago… pero jamás me he movido por unas pautas rígidas, indicadores, guías, itinerarios, deseos o actitudes, socialmente aceptadas.
No tengo horarios de comida, aunque siempre acato unas normas básicas a mediodía; ceno dos veces por la noche, no desayuno. No acepto imposiciones, ni ciertas demagogias de políticos emergentes de saldo; me molestan los antitaurinos, y también me rebelo contra los que tratan a quienes fuman, como delincuentes o apestados; considero un despropósito la ley antitabaco (No fumo)
Duermo siesta y escribo de madrugada.  Algunas noches de verano me pierdo por la playa de Samil con mi amigo Fernando, donde pasamos varias horas tumbados sobre la arena fresca, desmenuzando  emociones que alimentan el alma.
Veo Sálvame Deluxe casi todos los viernes. Con frecuencia escucho música clásica y entre la elegida, el Canon de Pachelbel, porque me emociona y consigue equilibrar mi desacompasado espíritu. No hago deporte, no me gusta la carne, ni las manzanas. Si descubro que alguien me miente se cierra mi cabeza. Soy intransigente, contradictorio, perezoso, descarado, inteligente, vengativo, y adoro a mi pareja, porque es lo mejor que me ha pasado. Un día averiguó como acariciarme el alma y desde hace 17 años, me soporta y me ama…

Si debo ser sincero: Jamás tendría un amigo como yo.

Texto e Imagen: Miguel A. Méndez González

Autor: “El aliento de Cristal”

alientodecristal@gmail.com

7 comentarios sobre “Jamás tendría un amigo como yo…

  • el 29 de agosto, 2015 a las 12:34
    Permalink

    Todos buscamos amigos fuera de lo convencional, que cuando les miras a los ojos descubras VERDAD.
    A mi me gustaría tener amigos cargados de muchas dudas y cientos de contradiciones.

    Ana.

  • el 29 de agosto, 2015 a las 14:30
    Permalink

    Miguel. Los amigos son unos apoyos que encontramos por la vida. Los escogemos, no por sus cualidades, por la empatía que tenemos con ellos.No importa que sean diferentes a nosotros, que no tengan el mismo nivel cultural o el mismo gusto. Lo importante es que son esas personas que están ahí cuando te hacen falta en la fatalidad o simplemente para pasar un rato agradable.
    Lo mejor que podemos hacer es cuidarlos y no olvidarlos. Aunque estemos años sin verlos si volvemos a encontrarnos podemos reanudar la amistad como si no hubiera pasado el tiempo.
    Al menos eso es la amistad para mi.
    Gloria.

  • el 30 de agosto, 2015 a las 7:16
    Permalink

    Yo tengo pocas amigas pero me quieren. Los amigos los hacemos especiales cada uno de nosotros.

  • el 30 de agosto, 2015 a las 10:05
    Permalink

    Te entiendo muy bien, porque hay gente que hasta cuando dice una verdad, miente.
    Pocos y escogidos amigos.

    Enhorabuena.

  • el 31 de agosto, 2015 a las 20:39
    Permalink

    Mi idea de la amistad, que no mi experiencia, es que los amigos te eligen ellos a ti.
    Esta idea, por supuesto, no la comparte mucha gente, pero yo me pregunto, si yo lo elijo y el a mi no, de que me vale.
    Saludos

  • el 1 de septiembre, 2015 a las 8:58
    Permalink

    Es cierto, Ana, descubrir verdad en los ojos de alguien hace que se abra esa puerta de la amistad. Gloria jamás elegimos (al menos yo no lo hago) a nuestros amigos por lo que son, su situación económica, personal, social… aunque debo reconocer que yo siempre pienso en ese alimento del alma, que cada uno guarda anímicamente para nosotros. Estoy totalmente de acuerdo con Estela y María Jesús.
    Al leer el comentario de Carlos, hizo que recordase algo que le da la razón, y que sucedió a principios de este verano:
    Una noche me presentaron a alguien con quien mantuve una entretenida charla (Suelo escuchar más que hablo) las semanas que siguieron intentó que se repitiese más veces aquella velada. No quiero pecar de soberbio porque no se encuentra entre mis muchos defectos, pero debo reconocer que no hallé elementos que me hicieran desear nuevos encuentros que pudiesen desembocar en algo más que esa amena charla de una noche de verano. Eso demuestra lo que Carlos apunta: La amistad no es un asunto unilateral. Surge sin que podamos elegirla, o nos elija.
    Muchas gracias por vuestros comentarios, me interesan todos y de cada saco conclusiones.
    Miguel.

  • el 1 de septiembre, 2015 a las 23:24
    Permalink

    Acabo de leer tu interesante artículo. Como siempre Miguel, me gusta. Te conozco desde hace muchos años y puedo asegurar que eres una persona excelente, demasiado exigente contigo mismo, por eso te aplicas tantos calificativos (positivos y negativos). Quien tenga el honor de conocerte y tratarte, te querrá con toda seguridad.
    Hablar de amistad es bueno e inquietante porque los amigos son necesarios y, una vez que los tienes, sus defectos los aceptas porque no molestan.
    No cambies, Miguel.

Comentarios cerrados.