“Iaioflautas” El poder de las pasiones del ayer.

Sanos y vigorosos, sangre en las venas, cantidad de vida. Los “iaioflautas”, se manifestaron el día de la pasada huelga general como ciudadanos implicados y con la virtud que da la experiencia tatuada en el alma versada.

Los iaioflautes, ofrecen una infinidad de encantos y maravilla de la elocuencia más tierna y serena, haciendo de su muro un peldaño escarpado. La mayoría ya se manifestaban y luchaban –allá por los setenta-, por lo que creían y pretendían de cuando la vida era entonces en blanco y negro. Y ahora, con la gracia de la longevidad en sus curtidas pieles, iluminan el mundo con las suelas de sus lentos zapatos, manifestándose y reclamando, llevando en sus ojos cansados el espíritu y la esencia del movimiento 15- M.

Se puede detener un reloj, pero no se puede detener el espíritu ni la ilusión del corazón, pues sería tan absurdo como detener la lluvia, que es una locura; como locura es detener al pueblo cuando habla con voz de medidas razones porque percibe un grave riesgo para su futuro. Pues sobre la roca endeble que se está construyendo este nuevo siglo XXI, y viendo que, el “neopreno conservador” no sirve para aislar los recortes y tala de nuestros privilegios. Pues se conoce, que sin la virtud del padecimiento y del dolor, el mundo no suele girar a su modo y condición.

A los “iaioflautas”, daba gusto verlos al unísono por el Paseo de Gracia de Barcelona andando para abajo, todos gregariamente juntos y cercanos a sí mismos, con sus banderines y pancartas, con sus cantes reivindicativos y solidarios, agrupados todos formando uno solo, porque partícipes y juntos es el modo que el alma se manifiesta en todo su esplendor. Cansados de hacer calceta y jugar al dominó en las tardes aburridas del casal de sus barrios, decidieron un día pasar a la acción. No sólo pensando en ellos, sino en sus generaciones presentes y venideras; sus hijos y sus nietos, que ahora sufren y padecen de esta crisis endémica que parece que no tiene fin. Viendo impotentes cómo se pierden las licencias de libertad y autonomía, que un día; no hace tanto, ellos mismos consiguieron casi tutelar. Afiliados a sus discretas pensiones, los “iaioflautas” ¡qué a la banca también les tienen ganas!, porque también les aprietan en sus discretos ahorros. Pues estos, -los banqueros-, no quedan exentos de la responsabilidad en su gula por la cual han embargado miles de sueños, pues pocos han quedado al margen de los bancos, que a quienes no han inflamado, lo han conquistado.

El mayor recorte de los derechos del trabajador en estos tiempos de incertidumbre democrática; el trabajo, la educación, la sanidad o la vivienda, y el oscuro vuelo de la Reforma Laboral que planea sobre las generaciones actuales, los “iaoflautas” catalanes, recogen la fruta de su experiencia acumulada para ilustrar a los más inexpertos principiantes, avalados por tantos años de lucha y trabajo, mostrando en sus curtidas manos y en sus voces reivindicativas, el esfuerzo y sacrificio de tantos años contribuyendo a mejorar esta España desorientada, que por un momento, cometió el irracional error de creerse un país rico. Para ver ahora, como se disipa y desfragmenta la estructura laboral y económica de hoy en día, por una derecha, que se muestra apática y hermética con los que más necesitan ahora empatía de estado. Viendo como se pierde todo aquello por lo que se construyo el estado del anhelado bienestar, de todo lo peleado y conseguido a golpe de trabajo y sacrificio. Por lo que ellos mismos lucharon hace ya unas distantes pero cercanas décadas, incluso corriendo riesgos verdaderos en esos oscuros tiempos de la dictadura franquista. Y que parece, que ahora, desde el Partido Popular, quisieran acabar con todo su esfuerzo a golpe de reformas y dudosas transformaciones sociales, pensando que aquellos tiempos de marear y abusar del trabajador ya pasaron, quedando atrás el caciquismo y el despotismo más olvidado. Movilidad envidiable en sus cuerpos añejos y en sus mentes perdurables que no olvidaron, los “iaioflautas”, ayudan a tirar del carro de las reivindicaciones y las protestas en sus bondadosas intenciones. Porque al fin y al cabo, sentirse vivo es el verdadero sentido de existir.

Bajo el lema: “Somos muchos, tenemos tiempo y no olvidamos”, los “iaioflautas” también van con sus musas y sus metáforas repartiendo su experiencia, haciendo de la misma una virtud. Manejando mucho mejor la medida de la paciencia que el desorientado manifestante novicio adolescente, que acaba dándose de palos con la policía para conseguir al final mucho de nada. Mientras, estos jubilados deseosos de ayuda e impulso activo, les van dando consejo fresco a la juventud acalorada antes de que éstos desperdicien el breve tiempo suyo, que es la potencia de las hormonas descontroladas, que vacilan en estas edades entre el sentido común y la irresponsabilidad de la imprudente mocedad, pues también conviene vivir este paréntesis de la adolescencia, que es como un tiempo de ausencia, donde se muestra vulnerable el sentido común desnudo de simiente, más de erratas que de tinos y certeros aciertos.

Iconos de un pretérito pasado, pero que con sus reumas y sus artrosis no les ponen freno ni les detienen de sus convicciones y firmes convencimientos. Los “iaioflautas” van asentando sus reproches y conocimientos para si pudieran servir de ayuda, en capar a esta crisis sistémica que abraza a todo tipo de colectivos y criaturas sufridoras de nuestra actual ciudadanía. Una crisis que no es periférica y localizada, sino de pluralidad y abundancia, de una Reforma Laboral cruel y severa, que está dejando a muchas familias a carne viva y con llagas en sus rentas. Mientras, algunas avispadas empresas miran de reojo, esperando que se les sirva y presente ocasión favorable para que se les brinde la facilidad de desprenderse del trabajador asustado y trémulo, que deambula errante y agobiado con la miseria de su paga mensual a cuestas.

Porque esta huelga también ha sido contra los bancos, para que no se escondan detrás de sus blindados abusos, de su zona de confort que les protege de su incompetencia, de sus despachos sosegados que son moradas acorazadas que ni el viento las traspasa, siendo lugar idóneo donde se suelen tomar las decisiones tan impopulares como codiciosas. Recortes sociales e impuestos a ocurrencia de esta inhumana legislatura, apretando al trabajador que va asfixiado y agobiado por su condición de vulnerabilidad, y de aquellos desempleados que ven en el lejano y distante horizonte el momento de incorporarse al mercado laboral. Pues quien no tiene trabajo, puede quedarse sin identidad y sin ocupar un lugar que le posicione en esta competitiva y hostil sociedad.

Algunos piensan que los recuerdos siempre quedan como enquistados e inservibles, creyendo qué: cuanto menos sabes, menos te duele la cabeza. Es largo el camino hasta la jubilación, pero cuando a ella se llega, no se detienen las ganas de convertir en realidad lo que uno ha soñado para los suyos y para las generaciones venideras, y que parece que les espera una lucha agotadora y ardua de su futuro. Los “Iaioflautas” no son decrépitos necios, sino maduros jubilados con templanza serena que actúan como sabios. Mientras, se oye el sonar de sus pasos senderados al andar por el asfalto urbano, rompiendo todos los silencios y los pasados, exigiendo un futuro sin más trampas ni más engaños. Porque cuando la solidaridad no lleva freno ni bridas que la aprieten en exceso, ser pensionista activo es medio seguro para comenzar una vida que ya ha sido vivida, y otra vida; que es pensada y anhelada, sabiendo que de cada uno, todos juntos; jubilados, obreros y desempleados acaban siendo mucha gente.

Ellos demuestran que sin violencia también se consiguen las metas y los objetivos, no siendo necesario usar la cafre excusa del disturbio, que no tiene más cobertura y mensaje que la frustración desmedida, que esconde debajo de una capucha que tapa el cobarde rostro. Los violentos viajan en las manifestaciones en la dirección opuesta. Pues pueden haber anti sistema no violentos, sino académicos y pensionistas ilustrados por la sabiduría del paso de la vida, que empuja y que estimula el clima de la futura esperanza.

Los “iaioflautas” van abriendo ventanas para que entre el aire que no está viciado, que se respira por la bondad que suele dar la edad y la maestría de la veteranía. Pues sería una pérdida de tiempo que se buscara más lejos la respuesta y la solución, porque el sol tiende a reflejarse por igual en las fábricas manufacturadas, en los comercios que levantan la liviana persiana cada día, en los obreros que sudan en los andamios al sol y a la lluvia. Un agua clara con sonido de voces de metal siempre es escuchada, desde la factoría más austera e industrial de color sepia, hasta las hermosas alamedas que adornaban paisajes que sólo eran verdaderos en los sueños de aquél romántico Salvador Allende. Hemos parido una sociedad, que sin darnos cuenta, se le caen las hojas perennes del hedonismo mal entendido. Y siendo inertes y pasivos, no se puede cuestionar ni objetar a un sistema etiquetado a base de leyes y decretos a veces duros como la sólida piedra.

El futuro nos compete a todos, sin exclusión, y hemos de comenzar a pensar, como quien anda, de un malestar social que ya dura demasiado. Uno de sus lemas del 15-M fue: “Vamos despacio porque vamos lejos”, Y porque durante unas horas, los “iaioflautas”, se olvidaron de sus dolores, de sus ensueños y cansancios propios de la edad. Aunque algunos políticos caciques y poco dados al progreso social, piensen que llevan la cabeza cargada de pasados idealismos y fantasías fatuas. Porque ser jubilado tampoco va en contra de la naturaleza de las cosas. Hay políticos que tienen buen apetito y les aprovecha todo lo que comen, sin saber muy bien de cuál arte pecan en su poderío desmedido. Incluso algunos políticos piensan por lo bajo que:

– Esto de las huelgas en nuestros progenitores es de mala educación y no sirven para nada. ¡Y ya son ustedes mayorcitos para estas cosas!

En la dieta del conocimiento no debemos de olvidar que en la memoria del paso del tiempo no pierde más quien tanto ha perdido. Porque en sus acciones, les acompañan la educación y el buen propósito en este drama y desventura que es el paso obligatorio y necesario de la vida laboral. Y como decía Derek Bok: “Si cree usted que la educación es cara, pruebe con la ignorancia”

Jubilado; echa a volar, hazte gaviota y échate al mar.

Por Sergio Farras, escritor tremendista

Fotos extraídas de Internet

A %d blogueros les gusta esto: