Estamos enlatados

Estamos enlatados, si. Esa es la realidad.

Trabajé gran parte de mi vida en una fábrica de conservas de. Muchas veces observaba el proceso de enlatado.

Primero entraban los camiones cargados de pescado. Con cabeza y cola, como decía uno de mis jefes, que ha de llegar el pescado a la fábrica.

Luego se procedía a la limpieza y a continuación pasaba por los cocederos.

Finalmente se procedía al enlatado en las máquinas de envasado.

En las latas se mantenía en el almacén durante unos meses, hasta el momento de distribuirse por las empresas de alimentación, para llegar finalmente a los hogares.

Ahora, confinados en nuestras casas a causa de un maligno ser, invisible a simple vista, pero muy agresivo, las personas de este país, y de muchos países, estamos enlatados, como las conservas, sin poder salir del recinto en que se nos ha confinado, nuestra propia casa. Nuestra casa es la lata.

Es una medida preventiva para eliminar el contagio y normalizar la situación, nos comunican las autoridades y los expertos.

Yo, pobre de mí, simple ciudadano, no puedo concluir si esto es lo mejor que se puede hacer o no, o si existen otras posibilidades. Solo puedo obedecer las leyes y contribuir al bien común con una conducta solidaria y honesta, de acuerdo a las leyes impuestas.

El Señor Jesús de Nazareth, a quien yo me honro en intentar seguir, lo dice muy claramente: “Al César lo que es del César y a Dios, lo que es de Dios”.

Así que le doy al César mi voluntario encierro.

Con tanto tiempo a mi disposición en casa, hay tiempo para muchas cosas. Escribir es una de ellas, leer y pensar. Sí, hay mucho tiempo para pensar en esta situación.

A través de las noticias veo que el virus se va extendiendo por todo el planeta. Los países, antes o después, van decretando el encierro.

Poco a poco, en todas partes, los ciudadanos se quedan en casa.

Sí sí estamos enlatados. El planeta se ha convertido en un inmenso almacén de conservas. Nuestra lata es el hogar y nosotros somos el pescado

Las calles están desiertas, los restaurantes, los bares, los teatros, los cines, los estadios cerrados y vacíos.

La inmensa mayoría de la superficie terrestre está vacía de humanos.

Todos juntitos ocuparíamos menos de la mitad de la isla de Tenerife. Representamos el 0,01 por ciento de la vida del planeta.

La verdad es que somos algo insignificante. Y eso que estamos en un planeta pequeño. En nuestra galaxia la humanidad representa un porcentaje tan pequeño que no disponemos de una cifra

para representarlo. Es como si no fuéramos nada.

Si hubiera un ser tan inmensamente grande que pudiera contemplar nuestra galaxia, igual que nosotros contemplamos una pecera, seríamos invisibles.

Como ese bicho que nos ataca y hace temblar a toda la humanidad.

Sin embargo, aun siendo tan poquita cosa, algunos humanos son como ese bicho y causan un daño irreparable al planeta y a otros humanos.

¿Nos imaginamos a las hormigas peleando a muerte por una miga de pan?

Sería cosa de risa. Eso hacemos a veces, pelearnos por una miga de pan.

Ahora, este encierro me hace pensar en lo ridículas que son nuestras peleas, nuestras guerras, poniendo en peligro nuestro querido y hermoso hogar.

Ahora, que desde nuestro encierro añoramos todo cuanto teníamos antes, ahora que miramos en el recuerdo lo bella que es la naturaleza, lo hermosa que es la vida, la paz, lo maravilloso que es sonreír y abrazarse, y tomarse una cerveza en el bar, a ver si aprendemos algo y este bicho, además de hacernos más fuertes también nos hace más cuerdos y mejores personas.

Por si nos olvidamos de esta lección, que estamos aprendiendo con dolor y sangre, guardaría algunos bichitos en reserva, por si nos hiciera falta pasar otro tiempo enlatados para volver al buen camino.

A ver si además de vacunarnos contra el bichito, nos vacunamos contra el ser maligno que llevamos dentro, y nos inmunizamos contra el egoísmo, la envidia, la pereza y otros males comunes al ser humano.

Yo sé, por experiencia, que las conservas, en la lata, mejoran con el tiempo.

Aprovechemos ahora que estamos enlatados para mejorar también.

Un montón de abrazos nos esperan.

 

Texto: Jesús Muñiz

Estamos enlatados

2 comentarios en “Estamos enlatados

  • el 07/04/2020 a las 5:30 pm
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    Buenas tarde Jesús es así la vida estamos encerrados sin poder salir se que es por bien de nosotros pero la verdad yo ya deseo esto termine y podamos volver a vivir nuestra vida

  • el 08/04/2020 a las 7:17 pm
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    Si, Jesús, es la hora de darnos cuenta lo que queremos a muchas personas que tenemos alrededor, como nuestra familia, los amigos y la maravillosa madre naturaleza. Dicen los filósofos que a partir de ahora todo cambiará, porque este parón lo va a cambiar todo. Tal vez para mejor, aunque nunca cambia para el codicioso que seguirá pensando en su economía. Ayer, en una entrevista a uno de nuestros grandes intelectuales, decía que en lo cotidiano es como podemos ser libres y nosotros mismos. Qué gran verdad. Un abrazo amigo.

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