Esos períodos de la vida

Esos periodos de la vida

Hace ya bastantes años, tantos que yo era aún un rapaciño, no se podía decir rapaz porque tendría 7 u 8 años, cuando mi padre estaba en Lalín, estación de ferrocarril, pues el era ferroviario o ferrocarrilero como dicen otras gentes, ocurrió que estaba trabajando en una huerta, en unos terrenos que Renfe destinaba a sus empleados, para que los trabajasen.

En esto vemos a un señor, pues yo estaba más que nada acompañando a mi padre en la labor, que estaba segando la hierba en un prado muy cercano a nuestra huerta.

Mi padre notaba que al señor le costaba cortar esa hierba con aquella herramienta que por aquellos tiempos se usaba: la guadaña. Se acercó a él y, previo saludo, le dijo: me llamo Antonio y soy ferroviario, estoy trabajando en esa huerta que usted ve ahí, me pareció ver que le estaba costando segar esa hierba y me dije: voy echarle una mano a ese buen hombre y aquí estoy. Sí es que la hierba está algo dura; descanse usted un poquito.

La verdad es que mi padre se lo dijo con doble sentido. Primero, evidentemente, para ayudar a ese hombre y después comprobar algo que a mi padre le llamó la atención; si esa guadaña estaba en las mejores condiciones para hacer su labor.

La guadaña, para quien no fue agricultor, o no desarrolló nunca esta labor, sepa que es una herramienta, hoy quizá ya más en desuso por el adelanto tecnológico del campo, máquinas segadoras…. etc, con un mango de madera normalmente de aproximadamente metro y medio de largo y una especie de salientes para poder cogerla sin que resbale, con una parte cortante curveada de acero, de 1’5 metros de longitud aproximado.

Pues bien, esta parte cortante hay que tenerla siempre muy bien preparada para que el corte de la hierba se haga con el menor esfuerzo posible. Para esto hay dos pasos muy importantes que hacer: enderechar todo lo que se pueda la parte cortante o hilo con un martillo o pieza de martillar, porque se va deteriorando al usarla ( era característico ver al campesino sentado en un camino, acera… etc  haciendo esa labor).  En muchas partes de Galicia a este trabajo se le llamaba “cabruñar”.
Después la otra labor antes de iniciar el trabajo de la siega, era afilar bien ese hilo que se había preparado previamente con una piedra de esmeril. Estas dos labores fue las que llevó mi padre a comprobar en aquella guadaña. Mi padre le dijo que eran muy importantes. Eran la base de su funcionamiento.

Se lo agradeció eternamente; llegando a decirle que no se acordaba de haber hecho esa labor… si es que alguna vez la hiciera… Mi padre se lo dijo riendo: “pues ahora procure no olvidarse más”. Mi padre llegó a ir a su casa para enseñarle como lo hacía él normalmente. Tanto el martillo como la piedra los solían guardar en el hueco interior de un trozo de cuerno.

Al fin y a la postre este señor vino a ser familiar de la familia Cuiña de Lalín, entre las que se encontraba el político José Cuiña.

 

 

 

Texto: Antonio Fernández

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