Epitafios 5

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El difunto pesaba 140 kilos e hizo infinitas curas de adelgazamiento: «Por fin me quedé en los huesos».

Lo puso el marido sobre la tumba de su mujer: «Aquí yace mi mujer, fría como siempre».

Lo puso la mujer sobre la tumba de su marido: «Aquí yace mi marido, al fin rígido».

Lo pusieron sus amigos: «Aquí ya no toses, Manolo».

Lo escribió en la tumba que le tenían preparada en el cementerio, unos días antes de morir: «Veis como sí que estaba enfermo».

epitafio4.jpg «Aquí yace Desiderio, que se fue directamente del cangrejo de su madre al cementerio».

En la tumba de Moisés: «De esto no se libra nadie, ni por tablas».

Lo puso el marido en la tumba de su suegra: «Ya era hora».

«Dejazme en paz».

«Volveré para vengarme de los bancos»

«Ya os decía que ese médico no era de fiar».

En una tumba de un cementerio de París: «Luisa C. (1835-1867), ven pronto a mi lado». Debajo: «Vengo, vengo enseguida, Pedro (1831-1907)». Es decir, al cabo de cuarenta años.

En la tumba de una ancianita, en el cementerio de Ithaca (Estados Unidos): «En la tierra yo era coja y sin bastón; ahora me encuentro bien sin operación».

H.Pérez

Un comentario en “Epitafios 5

  • el 05/11/2008 a las 10:16 pm
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    q chevere es esto

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