En el viaje siempre podemos vivir aventuras de Quijotes.

María, una de las usuarias más queridas de nuestro centro, me invitó a su casa durante las fiestas de Semana Santa. He de confesar que no lo pensé mucho porque se trataba, nada más ni nada menos, que ir a Zamora en plena Semana Santa. Fiesta declarada de interés cultural. Así pues, aprovechándome de la generosidad de mi amiga, decidí emprender la aventura que supone todo viaje. Ya les confieso que no soy nada forofa de la Semana Santa ni de las procesiones, pero tenía curiosidad por esta zamorana con tanta fama.
En Valladolid al encuentro de la casa de Cervantes.

Nos desviamos para ir a Valladolid donde yo quería visitar una exposición de fotografía sobre Cervantes, de Miguel Navia, y la que fue la casa del gran escritor. Pero de este trayecto ya les comentaré en próximas ocasiones.
Recorridos campos verdes y amarillos, con plantaciones de colza, a lomos del “rucio” de cuatro ruedas de Marisol, otra implicada en la aventura . Y llegamos a Montamarta, lugar de nacimiento de Maria. Para mí, ir con ellas, era un placer literario inmenso porque, Maria, nos iba relatando historias con una gracia digna del más socarrón Sancho Panza. Antes de llegar al pueblecito, nos advirtió  que pasábamos por Roales que, según sentencia el refrán de la zona, “quien fue a Roales ya ha visto todos los lugares”. Algo que nos sorprendió, y nos hizo reir mucho porque la aldea consiste en 4 casas mal dispuestas y abundante campo.

Y llegamos a Montamarta, donde también reza otro dicho que nos recitó Maria: “ el que quiera pan que lo parta”. Entre refrán y refrán, como en la mejor aventura de Sancho y don Quijote, nos instalamos en casa de mi querida amiga. Una casa, que te recibe con una pared grande donde hay pintados muchos soles.

Después el jardín y luego muchos rinconcitos intimistas, encantadores, puestos para la charla y la siesta, envueltos en recuerdos. Bellos platos de los antepasados, fotos de gentes grandiosas que fueron y ya no están,. Y mucha luz envuelta en lilas con silencios aromáticos.
“Si pasábamos de la trinchera ya nos criticaban”.

Al día siguiente emprendimos ruta a Zamora, para caminarla de arriba abajo. Aderezamos el “rucio” de 4 ruedas con abundante gasolina, y lo encaminamos a la famosa ciudad “que no se hizo en una hora”. Pero antes de llegar, Maria nos iba contando historias y recuerdos personales. Hubo uno que nos hizo reir mucho por la gracia con la que narró el hecho: “en mis tiempos de novia-decía Maria, nos íbamos a hablar con el novio allí a esos cerros que llamaban “la Trinchera”. Pero yo estaba bien advertida que no podía pasar de ahí, porque si rebasabas los límites de la Trinchera, ya te criticaban los vecinos.”

Pues sí, la moral quedaba asegurada dentro de esos límites en aquellos tiempos. Moral que era sólo cuestión de unos kilómetros. No sé si era inocencia o ignorancia o, simplemente que , desde el pueblo, era fácil controlar esta zona y a las chicas con sus novios.
Zamora: la joya del  Románico.
Como no puede ser menos, a Zamora hay que ir siempre pero más si queremos saber, ver y tocar el arte Románico mejor conservado. Hay muchas iglesias, fantásticas, que visitamos y que, para no alargar mi texto, no les enumero pero están en el enlace que les pongo a continuación :http://www.arteguias.com/romanico_zamora2.htm

La insólita aventura del albergue de peregrinos y el canadiense asombrado.

Maria ejerció de Hospitalera muchos años en el Camino de Santiago. De ahí que visitásemos el albergue zamorano en esta primera salida. Un albergue donde nos recibió un maduro hospitalero canadiense, de muy buen ver, que no salía de su asombro por la agilidad y abundante charla de Maria, explicándole muchas cosas de su experiencia. .Entramos y vimos todo, incluido a un segundo hospitalero que sorbía una sopa de lentejas con cierta calma. No hablaba mucho pero al saludarnos lo hizo con ese pronunciado acento andaluz que me hizo exclamar: ¿Cómo, un andaluz en la Semana Santa zamorana?” Hecho que disculpó con un “vine para este mes. Zoy de Zevilla”.

Entre risas nos despedimos de los dos hospitaleros. Por cierto, el canadiense hablaba poco el español, pero escuchaba con muchísima atención intentando seguir el hilo de miles de palabras, que le iban cayendo encima . Por su parte, el andaluz seguía llenando la boca con la sopa de lentejas que olían muy bien. Antes de marcharnos , Maria les recomendó que viesen una de las procesiones, desde las ventanas que daban a la calle por donde pasaría el cortejo. EL canadiense miró y sonreía. No tenia nada claro eso de ver una procesión por unas ventanas, que casi estaban a ras de suelo.
Concluida la aventura, nos fuimos de pinchos que, he de comentarles, están muy ricos y hay una calle maravillosa donde abundan en cantidad y calidad.

Procesiones: La mejor página literaria de Autos Sacramentales.

Maria nos hablaba, con pasión y entusiasmo, de las procesiones, así como de las imágenes y los cánticos. He de comentarles que muchas de esas imágenes son obras de arte del gran escultor Gregorio Fernández. No se pierdan la visita al Museo de Semana Santa en Zamora. En fin, no se pierdan nada, ni museos ni iglesias. Planifiquen para tres días el viaje y podrán ver casi todo.
Vimos algunas de las procesiones que, en mayor o menor medida, llamaron mi atención. Pero las que me sobrecogieron y emocionaron, por ser una auténtica página literaria de gran Auto Sacramental de Calderón, fueron las de la Hermandad del Cristo de la Buena Muerte, y la de las Capas Pardas.

Más de cien cofrades vestidos con ásperos hábitos blancos, con capuchas y teas en las manos, desfilan en silencio, en una Zamora a oscuras, por calles empinadas. Mientras, el coro entona una canción ancestral (Jerusalem, Jerusalem) que impacta. Sigue luego el lúgubre cortejo,portando una preciosa  y tétrica imagen, de un Cristo crucificado del siglo XIX. El silencio es absoluto y sólo la luz que proyectan las teas en las paredes, alumbran la escena. Literatura en su estado más puro. Poe visualizado.

Otro tanto les podría comentar de la procesión de las famosas Capas Pardas, en la misma línea de austeridad y escenificación. Y el broche de oro es, para mí, la imagen preciosa del Cristo Nazareno cruzando el puente medieval que une Zamora con sus barrios más antiguos, donde el rió nos muestra las aceñas , o molinos de agua, que miran atentas toda la escena.

Concluyo mis aventuras quijotescas con mis compañeras de viaje y les invito a coger su “rucio” de cuatro ruedas, o cualquier otro medio de transporte y vayan, primero a Zamora, y luego a Toro, Tordesillas, Valladolid, o cualquier otro punto de España o del mundo. Vivan la ciudades sin prisas y los caminos. Así entenderán mejor la vida, encontrarán respuestas a todas las preguntas y, sobre todo, aprenderán muchísimo. Y cuando nos fallen las piernas, cojan un buen libro de viajes y continúen el camino, que no es otro que el de la propia vida. Vivan la aventura de vivir y del viaje.


Yo, en estas fechas, lógicamente les recomiendo el Quijote, el mejor viajero de todos. Con él podrán darse una vuelta por la España del Siglo de Oro. Observen la variadísima “fauna” de personajes” que pululaban por nuestro país. Curiosamente casi los mismos perfiles que en la actualidad: los truhanes, lameculos, necios, genios, Sanchos y Quijotes. Todos vuelven a salir al camino del buen viajero.

Texto – Alex

Fotos- Maria- Alex e internet

4 comentarios sobre “En el viaje siempre podemos vivir aventuras de Quijotes.

  • el 20 de abril, 2017 a las 22:36
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    Gracias poreste agasallo.IMpresionnante oh,jerusalem

  • el 20 de abril, 2017 a las 23:07
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    Mi agradecimiento a Maria y a Marisol por estos dias. Gracias a ellas viví esta experiencia tan estupenda. Un abrazo. Alex

  • el 20 de abril, 2017 a las 23:20
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    Desde el taller de lectura el grupo felicita a todos los redactores de la revista que, esta semanas sobre todo, trae cosas muy interesantes. Muy bien todos los artículos.

  • el 23 de abril, 2017 a las 0:01
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    Me ha gustado mucho esta forma de relatar un viaje. Tienes razón, hay que mirar todo con los ojos de la imaginación, cuando viajamos para ver y sentir más. Gracias.

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