El salivador

El salivador saltó libre sobre la hoja y siguió saltando, hasta caer sobre la cabeza del elefante que disfrutaba de la siesta recostado contra un árbol. Primero examinó la gran piel rugosa. Después de caminar un poco, viendo que era interminable aquella masa gris caliente, un poco asustado, aunque era muy valiente, se puso a gritar.

—¡Eh, montaña gris!

Ante aquel grito agudo el elefante abrió apenas un ojo sin emerger del todo de los sueños. Los sonidos agudos le molestaban. Pero no se veía a nadie.

—¿Quién chilla por ahí?

—¡Yo! ¡Soy yo! ¡Estoy aquí! ¿Eres corto de vista?

A pesar de los gritos desistió de incorporarse.

—¿Dónde es aquí y quién eres tú?

—Yo soy salivador, ¿tú quién eres?

El salivador—Elefante.

—¿Elefante? ¡Qué grande eres! Tanto que tardaré varios saltos en recorrerte. Ahora estoy sobre ti, pero no sé en dónde; si continúas hablando lo sabré. Qué dura tienes la piel, como una roca. ¿Llevas mucho tiempo aquí?

—Si te acercas podré verte, no me gusta hablar con alguien invisible. ¿Salivador? Hablas muy agudo. A esta hora de la tarde los sonidos agudos me molestan.

—Oh, lo siento, hablaré más bajo, pero sigue hablando para guiarme hasta donde puedas verme.

Y el salivador fue de salto en salto hasta recorrer al elefante y finalmente vino a quedar quieto delante de su ojo izquierdo.

—¿Me ves ahora?

—¡Ah, si! Ahora te veo. Mis disculpas, salivador, no quise molestarte con mi presencia, ni asustarte. Todos me conocen en la selva, pero a ti no te había visto nunca.

—Vengo de muy lejos. Tampoco había visto a nadie como tú, pero creo que podemos hacer buena pareja.

—¿Estás seguro? Yo no puedo saltar como tú; eres verde, yo gris. ¿Qué comes?

—El jugo de las hojas.

El salivador—Yo las como enteras.

Entonces el elefante miró con dulzura a aquel insecto de seis milímetros.

—No sé cómo podríamos pasear juntos tú y yo. ¿Cómo puedes pensar que tú y yo hacemos buena pareja? Somos tan distintos.

El salivador se lo quedó mirando. Era tan afectuosa la mirada de aquel ojo que impulsivamente saltó para darle un beso. El elefante sintió un ligero pinchazo e instintivamente cerró el párpado sobre el cuerpecillo verde del salivador.

 

Texto: Jesús Muñiz

El salivador

2 comentarios en “El salivador

  • el 29/01/2020 a las 12:43 am
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    Que bonito cuento ah si somos todos muy diferente pero todos podemos ser amigo y hasta ser una hermosa pareja

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  • el 01/02/2020 a las 8:58 am
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    Muy dulce, y emotivo, el cuento del salivador y elefante,!!!muy bien, señor poeta!!!

    Respuesta

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