El ruido de las Vuvuzelas.

Tenía la conciencia limpia; no la usaba nunca. (Stanislaw Jerzy Lec).

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Por encima de crisis, flotillas de la libertad y petróleo submarino ya tenemos tema de debate primordial en televisiones, radios y sobremesas: ¿Tenemos que prohibir las vuvuzelas o no? Estos ruidosos instrumentos sudafricanos parecen molestar a jugadores, entrenadores y presentadores que dicen no poder trabajar en paz.
Pero quizá parte del zumbido de sus oídos tenga otro origen. Quizá sean sus conciencias las que intentan hacerse oír entre el griterío del campeonato para contar que a escasos kilómetros de donde juegan las estrellas millonarias se hacinan los más de 358.000 refugiados que malviven en Sudáfrica. Quizá mientras ellos no pueden trabajar en paz, esas miles de familias de Zimbabue, Malawi o Etiopía rezan por sobrevivir otro día más en un país que a pesar de haber acabado con el Apartheid, sigue siendo uno de los pueblos más intolerantes del mundo. Evitando a toda costa ser repatriados a países donde solo les espera la muerte, como a miles de sus compatriotas que tuvieron menos suerte que ellos. Y huyendo de los grupos armados con palos, navajas y piedras que recorren periódicamente Johannesburgo, Ciudad del Cabo y otras ciudades persiguiéndolos.
Ojalá las vuvuzelas pudieran contar todo eso… Aunque bien pensado, si fuera así seguro que las habrían prohibido hace tiempo. Al fin y al cabo el ruido no incomoda tanto, pues no remueve conciencias.

Fuente: Pastoralsj.org
Germán

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