El pájaro que habla

El pájaro que habla es la cuarta entrega del cuento del agua amarilla.

Aurora lo ha convertido en un folletín y cada semana nos cuenta un trocito y se duerme.

Los que ya peinan canas o no peinamos nada, porque nada hay que peinar, tenemos vivo el recuerdo de las novelas por entregas.

Así que nos encontramos con un cuento por entregas.

De esta manera prosiguió nuestra simpática narradora.

Kaun y Nadira no perdían de vista el cuchillo. Y de pronto, vieron angustiados que se llenaba de sangre.

Kan muy consternado le dijo a su hermana:

—Seguro que Rechno está en peligro. Tango que ir de inmediato en su ayuda.

Entregó el espejo a su hermana y sin más se puso en camino.

Al seguir el mismo camino que su hermano llegó a la ermita y se encontró con el ermitaño.

Enseguida tuvo la certeza de que Rechno había pasado por allí, así que le preguntó al ermitaño.

Este se hallaba sentado en un rudimentario banco de piedra, pelando castaños.

Kaun sacó su cuchillo, se sentó al lado del ermitaño y se puso a pelar castañas también.

El pájaro que hablaEstuvieron un rato en silencio concentrados en su labor.

Luego Kaun empezó a hablarle con graciosa humildad.

—¡Alabado sea Dios!

—Siempre sea Bendito y Alabado.

—¿Ha visto, quizá, pasar por aquí a un joven, parecido a mí.

—Si, lo vi.

Contestó el ermitaño sin más.

—Es mi hermano.

—Ah.

Exclamó el ermitaño muy tranquilo.

—¿Y habló usted con él?

—Sí.

A Kaun le costaba arrancarle algo más que monólogos al anciano.

—¿Tú también vas en  busca del agua amarilla?

Preguntó el ermitaño.

—Así es.

—Pues te digo lo mismo que a él.

Y la verdad es que le dijo lo mismo.

Al final le entregó otra bola con las mismas instrucciones.

Kaun le dio las gracias y se puso en marcha.

Desde luego volvió a suceder lo mismo: La bola rodó hasta el pie del monte. Luego oyó  voces, volvió la cabeza y se convirtió en estatua de piedra.

Los chicos son un poco lelos, ¿Verdad? ¡Ay, Señor! Cuánta ingenuidad.

Más tarde, cuando Nadira miró el espejo, se asustó al ver como se empañaba y se ponía turbio.

Al momento entendió que Kaun estaba en peligro y sin pensarlo dos veces allá se fue.

Cómo no podía ser de otro modo, también llegó a la ermita y se encontró al ermitaño comiendo castañas recién asadas.

El buen hombre invitó a la chiquilla y ella aceptó de buen grado.

Al momento ahí estaban los dos mano a mano, con las manos manchadas de la cáscara  y degustando el delicioso fruto.

Con la panza llena y sonriendo siempre, Nadira le preguntó al anciano.

—Seguro que han pasado por aquí dos mozos parecidos a mi, ¿No es así?

—Así es. Buscaban el agua amarilla. —Contestó el ermitaño:

—Ésos son sin duda, mis hermanos. —Añadió la muchacha.

—¿Tus hermanos?

Exclamó el ermitaño extrañado, pues la muchacha parecía muy espabilada.

—Pues te voy a decir lo mismo que a ellos…

Y el hombre le repitió a la hermosa Nadira lo mismo que a sus hermanos. Naturalmente le regaló una tercera bola.

La hermana pequeña reflexionó con calma en lo que le dijo el ermitaño, y se puso en el lugar de sus hermanos, tratando de pensar como ellos.

Sabiendo lo ingenuos y un poco atolondrados que eran enseguida dedujo que el truco estaba en lo de volver la cara.

¡Claro, eso era! Le pidió al ermitaño una vela.El pájaro que habla

Cuando la bola se detuvo al pie del monte, antes de comenzar la ascensión, se taponó con la cera de la vela los oídos.

En consecuencia no escuchó las voces que la llamaban y llegó sin ningún problema a la cima del monte.

Enseguida vio un pájaro al que aprisionó en su mano con mucho cuidado y el animalillo derrotado exclamó :

—¡Una mujer me tenía que coger!

Nadira, sonriente, le acarició tiernamente la cabeza y le habló con mimos.

El pájaro cerraba los ojos de gusto que le daba la caricia y la cálida voz de la muchacha. Entonces la pequeña le preguntó por el agua amarilla y el árbol que canta.

El pájaro, conquistado por la dulce Nadira, la guió hasta el agua y el árbol.

Además le explicó que si regaba con el agua amarilla las estatuas en piedra de sus hermanos los desencantaría.

Aurora bostezó abriendo su boca como si fuera a tragarse al pajarillo del cuento y entendimos que no iba de esta el desenlace.

Así que nos fuimos a dormir pensando en que Aurora se duerme al encontrarse con el pájaro que habla.

¿Se terminará este cuento en la próxima entrega?

No nos lo vamos a perder.

 

Jesús Muñiz

El pájaro que habla

2 comentarios en “El pájaro que habla

  • el 14/11/2020 a las 2:33 am
    Permalink

    Hola buenos días me quedé esperando fueran liberado de estatua y el pobre pajaro

    Respuesta

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